El presidente López Obrador ha decidido apoyar a la ministra Yasmín Esquivel para que permanezca en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a pesar de haber plagiado su tesis de licenciatura. Entiendo la racionalidad política del presidente. Sin su apoyo, Esquivel se vería obligada a renunciar a su cargo y habría que nombrar un nuevo ministro con todo el desgaste político que eso implicaría. En cambio, con su apoyo, Esquivel se queda en la cancha y AMLO se gana a una ministra que, de serle leal, ahora prácticamente se convertiría en su lacayo.
A un alto costo para el Presidente por la pérdida de credibilidad en su discurso anticorrupción. AMLO arrasó en las elecciones de 2018 con la promesa de acabar con la corrupción existente o, en sus palabras, depurar la vida pública del país. Al apuntalar al ministro plagiario, el Presidente mella su imagen de político diferente y honesto. Ese halo de superioridad moral que intenta vendernos se está deteriorando.
AMLO ya tendrá que hacer sus cuentas para ver qué es lo mejor para él en el corto y mediano plazo.
El caso es que estamos a jueves 18 de enero, un mes después de que Guillermo Sheridan revelara el plagio de Esquivel, con un documento de la FES Aragón de la UNAM que certifica dicho engaño, y el ministro sigue dando vueltas en la SCJN. Hace un par de días dijo que no renunciaría a su cargo porque no tenía nada de qué avergonzarse.
El caso, como era de esperarse, se politizó. La UNAM verificó el plagio, pero anunció que no le podía quitar el título de bachiller (su condición para ser ministra de la Corte) porque no existía legislación universitaria al respecto. Luego tiró la papa caliente a la Secretaría de Educación Pública. El gobierno federal, sin embargo, devolvió la papa argumentando que le correspondía a la UNAM tomar esa decisión y, en todo caso, demandar al ministro.
Entre tirar la patata caliente de un lado a otro, Esquivel sigue siendo abogada licenciada a pesar de haber plagiado su tesis. Es una pena.
Por un lado, el rector Enrique Graue no quiere que este asunto contamine la sucesión que tendrá lugar este año en la rectoría de la UNAM y prefiere lavarse las manos. Por otro lado, AMLO también lo lava al decir que corresponde a las autoridades universitarias tomar una decisión sobre qué hacer con el título académico de Esquivel.
Creo que el presidente tiene razón. Corresponde a la UNAM decidir y la determinación no puede ser otra que quitarle el título de licenciado en derecho al ministro quien, por tanto, tendría que dejar la SCJN por no cumplir con uno de los requisitos constitucionales. El asunto puede ser resuelto por la Corte Universitaria y, si no cuentan con herramientas legales dentro de la UNAM, deben utilizar adicionalmente leyes y reglamentos de otras áreas. Es una práctica común en la ley.
No solo le corresponde a la UNAM hacerlo, sino que está obligada. Su imagen no puede verse empañada por tolerar que uno de sus alumnos haya hecho trampa sin consecuencias. Se establecería un incentivo muy perverso donde los plagiarios pudieran graduarse con la seguridad de que ya no les podrían quitar su título universitario si los atraparan.
Sobrevive el ministro Esquivel. Supongo que ella y el gobierno de AMLO apuestan al tiempo y al olvido para superar este escándalo. Inevitablemente aparecerán en la agenda pública nuevos temas que eclipsarán el plagio de Esquivel. Los medios y la opinión pública comenzarán a olvidarse de este tema. Y, en una de esas, la ministra se saldrá con la suya y se quedará en su puesto haciéndole todo el trabajo sucio a su gran defensor, el presidente López Obrador.
Esto puede terminar como otro caso más de un escándalo público que no tuvo mayores consecuencias para el perpetrador. Por ejemplo, la del entonces gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, quien inexplicablemente se enriqueció a lo largo de su carrera política. El asunto quedó en el olvido con el tiempo. Salvo Germán Dehesa que no dejaba de preguntar en sus columnas diarias en Reforma cómo había dormido el señor Montiel. Bueno, Dehesa murió y el ex gobernador sigue viviendo como un rajá.
Creo que le están apostando a eso en el caso del todavía Ministro Esquivel. Que, con su cara dura, como si nada hubiera pasado, nos olvidamos que le robaron su tesis de licenciatura. Sí, ella es una ladrona. Y este atracador sigue votando en el máximo tribunal de justicia del país.
¿Cómo durmió anoche, señora Esquivel?
Twitter: @leozuckermann
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