dom. Ago 23rd, 2026

Dos años de pandemia alimentaron la esperanza de que cuando comenzara la recuperación económica sería el momento clave para dar un cambio de rumbo y generar el ansiado punto de inflexión que el mundo necesitaba alcanzar, para encaminarnos claramente hacia una reducción sostenida de emisiones que conduciría al Net Zero en 2050.

Pero cuando la maquinaria económica mundial apenas comenzaba a moverse, llegó la invasión rusa de Ucrania e intervino para descarrilar sus intenciones de volverse ecológicos.

En los próximos años, seguramente seremos testigos del cambio climático en las urnas de todo el mundo. Desde el año pasado, los australianos expulsaron a un gobierno que, en casi una década en el poder, convirtió sus promesas de reducir las emisiones que causan el calentamiento global en muchas palabras y casi ninguna acción efectiva. Los votantes exigen cada vez más compromisos reales con acciones verdes y eso seguramente pesará mucho en los procesos electorales que se avecinan en 2024 en países como Estados Unidos, India, Reino Unido y México.

Tal vez la actual crisis energética, en combinación con una inflación aún alta, esté acelerando en lugar de obstaculizar el progreso hacia un mundo más verde.

La Unión Europea avanza a pasos agigantados en la formalización de su Green Deal, una serie de reformas regulatorias y subvenciones a gran escala que animarán a sus 27 países miembros a reducir su consumo energético y sanear sus fuentes energéticas, lo que permitirá alcanzar los muchos -la neutralidad climática deseada para 2050.

En los Estados Unidos, un giro sorpresivo del Senador Joe Manchin durante el verano condujo a la aprobación de la ley climática más ambiciosa de todos los tiempos en la historia estadounidense. Este tan esperado e inmenso apoyo estatal a las tecnologías verdes ha hecho que la política climática pase de la fase colaborativa a la competitiva.

Francia anunció una ley de industria verde para evitar que las empresas de ese país se vean arrastradas por los incentivos climáticos de Estados Unidos.

Todos estos incentivos acelerarán el desarrollo y la masificación de las tecnologías verdes como nunca antes, animando a las empresas existentes a embarcarse en la transición hacia mejores prácticas empresariales sostenibles, expulsándolas de su zona de confort para obligarlas a innovar y encontrar soluciones más creativas.

A pesar de obstáculos como el aumento de las tasas de interés, la caída de los precios de las acciones y la inflación persistente, la mayoría de las empresas duplicaron sus objetivos climáticos.

Sin duda, 2023 será un año para superar obstáculos y fortalecer las ventajas competitivas, la lucha para detener el cambio climático debe continuar y alcanzar el éxito, no hay lugar para el pesimismo.

México necesita con urgencia retomar el rumbo y enfocarse en energías limpias y renovables, la demora suma cada día más costo, el desarrollo sustentable ya no admite más demoras.

Raúl Asís Monforte González.

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Metro

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