
En el torrente de noticias que en las últimas semanas ha abrumado a la opinión pública nacional sobre los dos “procesos políticos” (como los llama tanto el INE como el Tribunal Electoral, por no llamarlos “campañas preelectorales”), que se han venido gestando a lo largo del país, como todos sabemos, ha pasado desapercibida una diferencia radical entre un “proceso” y otro. Es decir, entre la desplegada por Morena y sus aliados con su media docena de “corcholatas”, y la protagonizada por el Frente Amplio por México (FAM) integrado por los partidos PAN, PRI y PRD.
Tan importante diferencia, que hay que registrar históricamente, consiste en que el espectáculo de las “corcholatas” (tan despectivamente llamadas por su propio creador y que ellas, por lo que se ve, aceptan gustosas), es un espectáculo ilegal. farsa circense que surgió como una más de las ocurrencias del caudillo, mientras que en notorio contraste la FAM corresponde a una figura jurídica y legítima establecida por el ordenamiento jurídico y expresamente aprobada por la autoridad de la materia.
En efecto, la figura del Frente está prevista en el artículo 86 de la Ley General de Partidos Políticos. Se materializa —dice este precepto— cuando dos o más partidos acuerdan formar un Frente “para lograr objetivos políticos y sociales compartidos de carácter no electoral”. Tal es su definición.
El texto de dicho artículo precisa que las partes que decidan formar un Frente deberán celebrar un acuerdo, que presentarán al Consejo General del INE, el cual resolverá en el plazo de diez días si cumple con los requisitos legales y publicará el Acuerdo correspondiente en el Diario Oficial de la Federación. Esto ya sucedió en el caso del Frente Amplio por México.
Se dirá que la FAM incluye entre sus objetivos al menos uno de “carácter electoral”, que la ley prohíbe. A partir de la revisión que se le hizo al acuerdo firmado por los tres partidos, la autoridad electoral no lo vio así y se mostró convencida de ello. Pero de todos modos es un punto que se puede discutir, en base a razonamientos lógicos y jurídicos.
En marcado contraste, ante el pánico que le debieron causar los resultados adversos para Morena en las elecciones federales intermedias de 2021, López Obrador decidió como estrategia chapucera adelantar la precampaña presidencial para posicionar a sus precandidatos, y así aprovechar la oposición.
A sabiendas de que esto implica violar la ley, ya que establece que las precampañas electorales no deben iniciarse antes de la tercera semana de noviembre del año anterior a la elección, AMLO resolvió realizar un proceso teatral a partir de junio para designar un “transformador”. coordinador de defensa” que automáticamente se convertirá en su candidato presidencial. Y ordenó al consejo nacional de Morena que procediera en consecuencia. Qué cruda será la farsa de que el caudillo y sus seguidores olvidaron que tal “coordinación” ni siquiera está prevista en los Estatutos de Morena.
Debido a la aprobación de la FAM, el Tribunal Electoral (TEPJF) instruyó al INE a emitir unas Directrices para regular el proceso político del Frente. Lo cual se aprovechó para que también se apliquen las reglas y lineamientos de estos Lineamientos, según se lee en el Acuerdo del INE respectivo, por tratarse de “un hecho notorio”, pero no legal, ya que ha suscitado numerosas quejas y denuncias, se aplicó —continúa el Acuerdo del INE— al otro “procedimiento similar”, en clara alusión a la farsa de Morena y sus aliados. Por vergonzoso que sea, así debería ser registrado por la historia. La “historia que estamos haciendo juntos”, dirá el caudillo.
METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.
