dom. May 10th, 2026

Hay lecturas, series o películas a las que uno llega porque ganaron premios, porque están en boca de todos o porque saltan a la vista nada más abrir un periódico o encender la pantalla. Pero hay otros que llegan por el tortuoso camino del azar, golpeados por imponderables, como si lo persiguieran a pesar de los accidentes o gracias a ellos. Botellas en el mar que creen conveniente ser escupidas por la ola justo cuando pasamos. Quizá por eso tengo especial aprecio por dos novelas que he podido leer en los últimos días. Ambos llegaron sin ninguna búsqueda, sin siquiera saber que existían sus autores. Hallazgos en sesiones de navegación web sin otro propósito que el alivio de procrastinar sin reconocerlo.

No dudo que algunos de los lectores de esta columna hayan escuchado o incluso disfrutado las novelas de Amor Towles y Hernán Díaz; ya que resultó que un libro anterior de Towles había sido un éxito de ventas unos años antes y Díaz un escritor galardonado. Pero supongo que la mayoría comparte la misma ignorancia en la que me encontré hasta que el azar dispuso otra cosa y los puso en mi camino. Una fortuna que ahora me gustaría compartir con vosotros, en vista de los días libres que ofrece la Semana Santa.

The Lincoln Highway, de Amor Towles (Salamander Narrative), es la historia entrelazada de cuatro adolescentes huérfanos, tres de ellos recién salidos de un reformatorio, que deciden viajar de costa a costa de Estados Unidos en busca, cada uno, de su propio sueño. , aunque en realidad tratando de escapar del terrible pasado que cargan sobre sus hombros. La narración contrastada es una delicia porque la visión alterna de cada uno de ellos sobre los incidentes en el camino y los peligros que les acechan entre vagabundos y maleantes, ofrece giros inesperados y una lectura apasionante.

Es el verano de 1954, los años dorados en los que la sociedad estadounidense vive hipnotizada por su aparente éxito, fascinada por la convicción de representar la cúspide de la civilización. La historia de los cuatro jóvenes y su amiga Sally muestra sin aspavientos ni sentimentalismos los pliegues podridos y los pies de barro de lo que no era, después de todo, el centro del universo.

Y, sin embargo, no es una crítica social ni un llamado a la prescripción moral. Es más bien el entrelazamiento de cinco perspectivas diferentes sobre la vida adulta desde un ángulo inusual. La mirada de todo el que entiende que no junta las piezas para encajar en la sociedad en la que vive, aunque cada uno por un motivo diferente. Confío en que los lectores encontrarán en más de una de estas historias razones para comprender mejor sus propias angustias. O, al menos, coincidir con la reflexión que hace uno de ellos: “Para ser ambicioso, para enamorarnos, para tropezar tanto y seguir adelante, debemos creer de alguna manera que lo que estamos viviendo nunca lo ha vivido nadie como él. a nosotros.” Lo estamos intentando”. Palabras sencillas, para describir sensaciones que no son simples. La atracción que ejercen estas páginas está muy bien ilustrada por la conclusión de la célebre escritora irlandesa Tana French, a propósito de esta novela: “Una investigación elaborada y conmovedora del infinito y giros inesperados que cualquier viaje puede dar. Y Towles lo hace todo sin esfuerzo aparente… en cuanto lo terminé, quise volver a leerlo.”

A pesar de su nombre tradicional y de haber nacido en Argentina y criado en Suecia, Hernán Díaz es, al igual que Towles, un autor estadounidense. Y aunque Fortuna, su última novela, ha causado sensación y HBO y Kate Winslet preparan una miniserie sobre ella, sugiero empezar por la espléndida Far Away (Impedimenta). También un relato de viaje por el pasado americano, pero en este caso a finales del siglo XIX, entre la fiebre del oro y la construcción de vías férreas en el viejo Oeste. Un western que según la crítica remite a las historias de Cormac McCarthy y también a Tarantino, aunque me quedo con la sensación de un Robinson Crusoe en los desiertos del viejo Oeste en lugar de una isla perdida. En ambos casos se trata de una historia de soledad con o sin compañía.

Hakan Soderstrom es un joven sueco procedente de una granja en la profunda Escandinavia que junto a su hermano decide huir del hambre y embarcarse rumbo a Nueva York. Ignorantes del mundo y sus idiomas, se pierden en el puerto de partida y Hakan aterriza solo en la costa oeste. Convencido de que su hermana mayor está en Manhattan, emprende la odisea imposible de cruzar el país entre bandidos, apaches, buscadores de oro, prostitutas, expedicionarios y cazadores de pieles. El adolescente carece de todas las habilidades para sobrevivir en este mundo brutal y salvaje y se tambaleará empujado por la codicia y la malicia de los demás, mientras se convierte en un hermoso e impresionante gigante vikingo, para horror de unos y fascinación de otros.

Las dos novelas se enmarcan en el género narrativo de viajes, la llamada literatura de ruta, en ambos casos desde la perspectiva adolescente de un mundo adulto que los rechaza y ambas ofrecen una mirada fresca y reflexiva no contaminada. Pero, sobre todo, estas son dos lecturas apasionantes para recargar las pilas en estas vacaciones.

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