dom. May 3rd, 2026

Mucho se ha dicho sobre la mala disposición del Presidente hacia los demás poderes de la Unión. Desde su frío saludo hasta la ruptura del protocolo tradicional que consiste en colocar a los tres poderes en el centro de la tarima y no, como se hizo ahora, desplazar a los poderes Legislativo y Judicial a un extremo, favoreciendo a funcionarios menores, como los secretarios. . Peor aún, desde el Ejecutivo se lanzó una campaña contra la ministra presidenta, Norma Piña, acusándola de no parar cuando llegó López Obrador, un momento no protocolario que no ameritaba ese acto. Pero el tirano quiere homenaje.

No he visto una atención similar al discurso del Presidente, que sin duda fue escrito por sus empleados “revolucionarios”. Fue una recuperación plena de la historia oficial del régimen de la Revolución, desde el mito del pueblo unido contra la dictadura porfiriana, hasta los igualmente míticos resultados de la “primera Constitución social del siglo XX”. A cualquier persona interesada en una revisión seria de él, sugiero Cien años de confusión. México en el siglo XXque desde su publicación, en 2007, provocó ira y odio por parte de aquellos oficinistas que hoy lucran con el poder.

La Constitución fue escrita por una parte de los vencedores de las guerras civiles. Aunque fue encargado por Carranza, fue controlado por los obregonistas, en particular Francisco J. Múgica, exseminarista, marxista y mentor de Lázaro Cárdenas. A él se debe la redacción de los artículos 3, 27 y 123, aunque los dos últimos fueron encargados a Pastor Rouaix. Con base en estos textos, en el gobierno de Cárdenas la educación tuvo una orientación socialista, se repartieron millones de hectáreas y se estableció un férreo control del sindicalismo a favor del partido de gobierno. De hecho, Cárdenas crea un partido corporativo, el Partido de la Revolución Mexicana, precisamente al subordinar a los trabajadores y campesinos a los deseos presidenciales. Lo mismo había hecho con la Corte Suprema, el Banco de México, los gobernadores y el Poder Legislativo. Un partido totalitario, fascista en su lógica, aunque socialista en su dirección.

Al final de la administración de Cárdenas, la economía mexicana tenía el mismo tamaño que la había dejado Porfirio Díaz. Durante 30 años, el crecimiento fue cero. Aunque después de la Segunda Guerra Mundial logró crecer a un ritmo interesante, esto provino del arreglo financiero internacional (Bretton Woods) y del capitalismo clientelar iniciado por Miguel Alemán y continuado por sus sucesores. Nada salió de esa “Constitución Social” más allá del control político y el adoctrinamiento escolar.

Para 1970, tras la muerte de Cárdenas, Echeverría se convirtió en su heredero oficial, y trató de repetir las acciones del general en su sexenio, desde inventar empleo público hasta expropiar haciendas, pasando por una reforma educativa, pleitos innecesarios con otros países. y el jingoísmo. de agua de jamaica y guayabera, que los viejos deben recordar. A diferencia de Cárdenas, Echeverría no respeta las formalidades y elige como sucesor a un amigo de su juventud, y no a un político de oficio, que compensaría sus excesos.

El resultado fue una brutal destrucción de riqueza, que provocó el primer sexenio sin crecimiento desde el de Cárdenas, y que sólo hemos repetido hoy, con López Obrador. Como en otras ocasiones, esto es fruto de no respetar las normas vigentes. Cárdenas rompió con lo anterior para construir un régimen acorde con su época, autoritario, que le dio estabilidad política a cambio del capitalismo clientelar y las instituciones extractivas. Echeverría y López Obrador, en su intento de replicar al general, provocaron polarización y destrucción institucional.

Recuperar el país después de la “docena trágica” costó mucho sufrimiento. Ahora será más difícil.

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Metro

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