mar. May 12th, 2026

Hace casi ocho años, el 5 de febrero de 2015 para ser exactos, publiqué una columna titulada “México, cultura del engaño”. En esa ocasión abordó las raíces de la deshonestidad de los mexicanos y también cuál era la diferencia entre la corrupción y la deshonestidad, siendo esta última la principal raíz de la corrupción.

Presidente López Obrador asegura que la cultura del pueblo mexicano es la honestidad. La gente siempre ha sido honesta. Explica que la corrupción básicamente se da en las élites y que se origina con el conservadurismo del presidente Porfirio Díaz y luego se renueva durante el neoliberalismo. No explica cómo hubo corrupción durante las administraciones de, por ejemplo, los presidentes López Mateos, Luis Echeverría y López Portillo, que no eran ni conservadores ni neoliberales. Tampoco explica cómo es que, en los países más neoliberales del mundo, Estados Unidos y Reino Unido, hay mucha menos corrupción que en México.

Antes de que AMLO explicara el origen de la corrupción en México, analistas y académicos aseguraron que se debía al PRI. Decían que PRI y corrupción eran sinónimos. Que cuando hubiera alternancia se solucionaría el problema. Pero llegó la alternancia y sobrevivió la corrupción. De hecho, aumentó.

¿Qué sucedió? Los “expertos” encontraron entonces una explicación más: resulta que no solo era necesaria la alternancia, sino que ahora el problema es la impunidad. Es decir, si a los corruptos se les aplicara la ley y fueran a la cárcel, sería suficiente. En otras palabras, ya no era sólo el PRI el culpable. Pero como explico a continuación, la ley por sí sola no siempre funciona, ya que los factores culturales que se niegan a considerar superan las consecuencias legales.

Por ejemplo, si fuera por los incentivos, el consumo de drogas en Estados Unidos habría disminuido hace mucho tiempo, pero incluso con registros históricos de convictos, el consumo de drogas ha ido en aumento. Por el contrario, el consumo de tabaco se redujo significativamente. ¿Qué causó ese cambio? A un cambio cultural. El fumador es cada vez más considerado un delincuente social, mientras que, como predije en mi libro, Mitos y Mentiras de la Economía Mexicana publicado en 2012 la producción, venta y consumo de marihuana ya es legal en muchos estados de la unión norteamericana.

La corrupción mexicana tiene varias raíces, siendo la principal la deshonestidad generalizada de la población. La corrupción y la deshonestidad no son términos intercambiables. El primero es el abuso de un cargo público para beneficio privado; el segundo, en cambio, es la violación sistemática de las normas, sean públicas o privadas, estén basadas o no en el poder, sean o no legales”.

Ejemplos de esta raíz abundan: bebidas alcohólicas adulteradas, litros que no son un litro, garantías que no se respetan, sobornos para evitar sanciones, moches entre particulares, plagio de tesis (incluyendo toda una red de plagiarios). Incluso el famoso “dile que no estoy aquí”. Todo esto y más lo aprendemos desde pequeños. De hecho, AMLO ha reconocido que las mujeres mexicanas son más honestas que los hombres. Por eso se les da el dinero. ¿Esto es cultural o genético?

¿Qué pasó con lo que la gente, que incluye a los hombres, es honesta? ¿O es sólo la mitad de la ciudad? Por cierto, quién tendría la culpa de la tardanza mexicana internacionalmente conocida y reconocida. El PRI, ¿impunidad o neoliberalismo?

En resumen, como el problema de México ha sido el PRI, la impunidad y el neoliberalismo, y como al presidente López Obrador le gusta tomar como ejemplo a Dinamarca y asegura que la cultura de los mexicanos es de honestidad, respóndete a esta pregunta: Ser un orgulloso Mexicano, ¿a quién le creerías más, a un danés o a un mexicano?

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