vie. Ago 14th, 2026

Rosario Robles salió de prisión en agosto, luego de tres años de prisión indebida. Se equivoca porque puede gozar de la libertad mientras un juez no determine su culpabilidad en el caso conocido como el maestro estafador, reportaje publicado en 2017 por Nayeli Roldán y Manu Ureste, de Animal Político, y Miriam Castillo, de Mexicanos contra la Corrupción. Más periodistas de ambas plataformas participaron en esa investigación, incluidos:la divulgación completa– quien escribe esto.

La prisión preventiva informal de Robles se basó en una chicanas (la aparición/fabricación de una supuesta licencia con dirección inusual del ex titular de Desarrollo Social) e, inevitablemente, desprendía un hedor de venganza dada la relación del juez que la encarceló con Dolores Padierna y René Bejarano, quienes fueron víctimas de los videoescándalos de 2004 donde, de alguna manera, Rosario estaría involucrada.

Qué bueno, entonces, que la exjefe de gobierno capitalino ya esté siguiendo su proceso desde su casa. Así debería haber sido siempre y lo dije aquí un par de veces.

Eso no quiere decir que la sentencia por la maestro estafador está acabado y tampoco es que el informe fuera erróneo o sesgado, como dijo recientemente Robles en una entrevista televisiva a finales de octubre. Se refiere al periodismo de investigación como el “maestro de la infamia”. Nada que ver. Y por eso, la aparición de un libro que revive y abunda sobre esos fraudes del peñismo, ejecutados desde dependencias oficiales utilizando universidades públicas, es doblemente oportuna.

Roldán y Ureste han investigado más sobre estos desvíos, y lo publican en Planeta bajo el nombre La estafa maestra. La historia del desfalco. Reproduzco de ese volumen, que se presenta hoy en la FIL Guadalajara, la siguiente escena, que proviene de una de las cinco reuniones que tuvo expresamente Rosario y el entonces titular de la Auditoría Superior de la Federación, Juan Manuel Portal, cuyo equipo descubrió los desvíos

“-Están abusando del artículo 1 de la Ley de Contrataciones, secretario. Las universidades están para educar, no para actuar como intermediarios comprando cosas – comenzó Portal.

“Contratamos a las universidades porque son respetuosas, auditor”, replicó Robles, según el auditor.

-No se deje engañar, secretaria. Las universidades no están para eso. ¿Por qué no ofertaron?

-Es que había poco tiempo.

Sí, eso es lo que vi. Hoy invitaron a las universidades que les dieron millones de pesos, al otro día hicieron el contrato, al otro día ya está todo entregado en toda la República. Bueno, ¿cómo lo hacen? preguntó irónicamente.

-Todos los entregables están ahí, auditor.

-Los servicios fueron simulados, secretaria. Mira –señaló los papiros esparcidos sobre la mesa–. El dinero se pasaba a estas empresas, de estas a estas, y luego iba a parar a esta.

“Se hizo todo bien”, insistió, ante la mirada silenciosa del (oficial mayor Emilio) Zebadúa.

-Mire, secretario, usted que confía en Virgilio Andrade, dígale que revise nuestros papeles, que vea nuestros expedientes, que opine y luego vamos con usted, él y yo con el presidente.

El funcionario le dijo que lo haría, pero no fue así.

‘¿Por qué no querías hacerlo? Porque sabía que lo que teníamos era correcto’, dijo el ex auditor.

Rosario Robles tiene razón en una cosa: son muchos, y no solo ella, los colaboradores de la EPN que deben explicar desviaciones millonarias simulando proveedores de servicios o productos con universidades.

Que bueno que Robles siga su proceso en libertad. Así debería ser siempre. Pero no hubo infamia periodística y, sin duda, hubo una estafa maestra del gobierno.

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