mar. Ago 11th, 2026

“Uno es hijo de su tiempo”, dice Javier Aparicio, aspirante a ocupar uno de los puestos de los nuevos consejeros del INE. Como buen hijo de la época dorada del salinismo –en plena discusión de la modernización, en pleno apogeo de la tecnocracia y las promesas del TLC–, Aparicio era un estudiante de economía empeñado en dotar a la izquierda de los conocimientos que le faltaban.

-Fui muy crítico con ese gobierno, desde las elecciones de 1988.

-¿Usted fue crítico de las políticas neoliberales en su esplendor? El morenismo lo señala como un prianista irredimible.

-No lo fui y no lo soy. Tuve un profesor que era economista y filósofo, mi maestro marxista. Mi plan para estudiar economía era poder contrarrestar los gobiernos neoliberales. Pensó que Salinas, Pedro Aspe y Serra Puche nos vendían un cuento, y que Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD necesitaban formar sus propios tecnócratas.

Aparicio anhelaba ingresar a la Universidad Autónoma de Puebla, pero su padre se opuso. En una universidad pública su hijo se haría radical. Unos años más tarde, durante la crisis de 1994, se vio obligado a dejar la Universidad de las Américas porque su familia, endeudada, no podía soportar la carga de la matrícula. “Me tomó más de siete años terminar mi carrera”, dice.

“En la universidad me cambiaron el chip. Me di cuenta de lo importante que podía ser el Tratado de Libre Comercio y me desvinculé de la red que luchaba contra el neoliberalismo. Entendí que modernizar nuestro país no era mala idea, que el comercio internacional no era mala idea, que la autonomía del Banco de México no era mala idea, que tener un Instituto Federal Electoral tampoco era mala idea. Cuando Cuauhtémoc Cárdenas fue a las elecciones de 1994 declarando que iba a luchar contra el TLC, sentí que me había perdido, aunque desde entonces tuvo muy claro el increíble costo social de vivir en un país no democrático.

Originario de Puebla y Chilango por elección, Aparicio estudió un doctorado en economía política en la Universidad George Mason en Fairfax, Virginia, y regresó al CIDE cuatro años después como profesor e investigador. Aunque su vocación es la docencia, ahora intenta salir de la academia “para entrar en otro campo, el electoral”.

Después de enseñar en una escuela secundaria mientras estudiaba para obtener una licenciatura, Aparicio trabajó en el tambaleante negocio familiar, decorando artículos. Cuando finalmente pudo graduarse, trabajó durante un año y medio en la Secretaría de Hacienda de Puebla, el último año de Bartlett, y unos meses más, al inicio del gobierno de Melquiades Morales, cuyo secretario de Hacienda era Rafael Moreno. Vale.

-Estabas en el foso de los leones.

-Sí, estuve en Casa Puebla haciendo tarjetas amarillas para el Gobernador Bartlett. Pero esos años sirvieron para confirmar que no era feliz siendo comerciante y menos burócrata.

Al CIDE, donde Aparicio llegó casi por casualidad, ingresó como economista y se hizo politólogo, y absorbió temas electorales. “Querían que estudiara problemas de financiamiento de campañas, los casos Amigos de Fox y Pemexgate, pero el 2006 me movió más hacia la ciencia política. Yo diría que la elección presidencial más cercana y controvertida en décadas fue injusta, pero es diferente de la de 1988, una elección amañada de manual. 2006 fue una elección en un campo desigual, como lo fue 1994″.

-¿Y qué te movió del campo de la academia al campo electoral?

Ocurrieron dos cosas. Uno: después del debate de 2006, pensé en lo que se necesitaba en nuestro país para tener elecciones confiables, aunque se ganara o se perdiera por un solo voto, que es la norma hoy en día. Por eso participé en el debate de la reforma electoral de 2008. Y dos: a medida que nos acercábamos al 2012 se cantaba que Peña Nieto iba a ser candidato a presidente y que iba a ganar. Se sabía, y saber quién va a ganar tampoco es señal de consolidación de la democracia. Mi generación estaba preocupada por el regreso del PRI, así que decidí ver más de cerca cómo se hacían las elecciones, desde las entrañas, y me postulé para concejal.

Aparicio colaboró ​​en el trabajo electoral en el proceso de la Ciudad de México, las elecciones federales de 2012, 2015 y en la Asamblea Constituyente. Conoció las etapas del proceso electoral, la ley electoral, las dificultades para organizar las elecciones, la capacitación de los funcionarios de mesa y las claves del PREP. “Después de 20 años de vida académica, me arremangué y me metí en las entrañas de la organización electoral, por eso valoro y respeto al INE y los beneficios de nuestra joven democracia”, dice el experto.

Posteriormente, Aparicio se involucró en los conteos rápidos. Estuvo en el primer conde gubernativo de Veracruz, donde hubo alternancia; también en el primer conteo de gobernadores en el Estado de México, cuando ganó Del Mazo y en 2018 en el PREP nacional, que le dio la victoria a López Obrador. En 2021 participó en los conteos de Coahuila y Tabasco, en los que arrasó con Morena.

“Después de 10 años de hacer funciones electorales me animé a buscar ser consejera en el INE. Lo probé en 2020. La convicción que tengo hoy es la misma. Hay mucha gente que ha querido ser consejero toda su vida, yo no. Fui feliz en las trincheras académicas, y todos esos años vi pasar las convocatorias del IFE y del INE. En ese momento, no estaba interesado. Te va a sonar cursi, pero creo que hoy, con 50 años, puedo ser mucho más útil en el INE que en un aula”.

Leer la nota Completa

Metro

By Metro

METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *