sáb. Ago 22nd, 2026

El primer trance de amor terminó en la noche de bodas. La inocente recién casada miró la entrepierna de su esposo exhausto y dijo llena de consternación: “¡Perdóname, Leovigildo! ¡Te juro que no fue mi intención acabar con todo!”. Don Mercuriano, el almacenero del pueblo, fue a confesarse con el padre Arsilio. Durante el sacramento el buen sacerdote le preguntó: “Dime, hijo: ¿da kilos enteros o kilos de 900 gramos?” —Señor cura —se enojó el comerciante—, vine a confesarme, no a hablar de negocios. Estos próximos días, los de Navidad y Año Nuevo, los pasaré en Tierra Santa. Quiero decir que los pasaré en Saltillo. En esta época del año detengo mi peregrinación y disfruto de la compañía de aquellos a quienes amo y que me dan su amor. deambulo por mi ciudad; Visito lugares donde tengo recuerdos de tiempos pasados ​​que nunca desaparecerán. Ayer por la mañana, por ejemplo, pasé por la calle que lleva el nombre de mi madre: Carmen Aguirre de Fuentes, al lado del Teatro de la Ciudad. El Teatro de la Ciudad de mi ciudad es un teatro hermoso. Lleva el nombre de Don Fernando Soler, porque el famoso actor nació en Saltillo, aunque fuera por casualidad, porque su madre “se ofreció” -así se dijo- cuando la compañía de teatro de la que formaban parte ella y su esposo Yo estaba actuando allí. Me tocó a mí dar el discurso inaugural del teatro, y el presidente López Portillo, presente en la ocasión, dijo que mi discurso fue el más galante -usó esa palabra- que había escuchado en su vida. Así lo reseña Don Rafael Solana en la entrañable revista Siempre! Se equivocó, por cierto, el gran autor y crítico, porque vaticinó que el teatro de Saltillo terminaría en el cine, como tantos otros en la República. Sigue siendo un teatro, y sirve de sede a la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila, así como a la Compañía de Ópera de Saltillo ya las numerosas agrupaciones teatrales que actúan permanentemente en mi ciudad. Saltillo es una ciudad culta, de eso no hay duda. Y es también una ciudad segura, limpia y ordenada, en la que hay trabajo digno para todos y mano de obra calificada que se traduce en altos índices de productividad. Todo esto lo mencionó nuestro actual alcalde, el ingeniero José María Fraustro Siller, al entregar -con teatro lleno- su primer informe de gobierno, lleno de buenos resultados para Saltillo y para los saltillos. No digo esto como un cumplido, sino como un reconocimiento a un trabajo bien hecho por el bien de la comunidad en la que vivo. Si alguno de mis cuatro lectores no conoce a Saltillo, les doy mi más sentido pésame y los invito a visitarnos. Verán entonces qué razón tenía cuando decía hace un rato: “Roma es un poco más vieja, París un poco más conocida y Nueva York un poco más grande, pero Saltillo. Saltillo es otra cosa”. La trabajadora social le indicó a doña Generina: “Dice que su esposo la abandonó hace 10 años, y sin embargo tiene nueve hijos, de 9 a un año”. Explicó, sonrojada, la señora: “Es que todos los años viene a disculparse”. No sé si la historia con la que termina esta columna es ingenua o descarada. Decide quién lo lee. Pepito estaba con su padre y vio un perrito y un perrito haciendo lo que hacen un perrito y un perrito. Curioso, le preguntó a su papá qué estaban haciendo. El hombre le respondió con sinceridad: “Están haciendo un cachorro”. Esa noche, Pepito entró en la habitación de sus padres sin previo aviso y los vio haciendo lo que hacen los padres en la habitación. Volvió a preguntar: “¿Qué están haciendo?” Y con la verdad volvió a responder a su padre. “Estamos haciendo un niño”. Sugirió al niño: “Hazlo al revés. Preferiría un cachorro”. FINALIZAR.

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