mié. Ago 26th, 2026

Esta semana pasada fue muy intensa, tuve la oportunidad de asistir a un evento comunitario en Montemorelos, donde participó el gobernador del estado Samuel García.

Durante el evento se anunciaron obras de agua que beneficiarán a esta población, garantizando un adecuado abastecimiento para todos los hogares.

Como dicen en la sierra, “la gente venía de donde quería”. La mayoría son madres cargando a sus pequeños, unas 50 personas. Por supuesto, también hubo alrededor de 30 personas de apoyo y logística que aseguraron la eficiencia del programa.

El viento hizo su trabajo y el Gobernador decidió dejar de lado los papeles del discurso, el viento no le dejó otra opción, y mostró sus dotes de improvisación.

Agradeció, describió y magnificó las obras que permitirán la incorporación de pozos, trasvase y distribución de agua en la comunidad.

Hasta ahora era otro evento de gobierno.

Al finalizar, la gente se levantó de sus asientos y rodeó al gobernador para saludarlo, estrecharle la mano, abrazarlo y pedirle una foto. Damas, niños, adultos mayores, todos querían estar cerca del joven gobernador que nunca dejaba de sonreír, que miraba a esta gente a los ojos que nunca más volvería a ver en su vida.

El acercamiento a la comunidad duró más que su discurso. Hubo muchos abrazos, pedidos, recomendaciones y muestras de cariño para el hombre que aseguró “este verano no les faltará el agua”.

Hay una magia en el poder, el poder del que gobierna, es un poder que enamora. Me atrevo a pensar que es la ilusión de ver resueltos sus problemas, con solo tener a mano, un ser que tiene el poder de dar órdenes.

Imagino que a esto se referían los políticos de antaño cuando decían “hay que darse baños de pueblo”.

Mi descripción puede parecer cínica, pero créanme, lo que vi fue auténtico.

La gente estaba mostrando su amor de la única manera que pueden, que saben. Lo hicieron naturalmente instintivamente. Y el gobernador se conmovió ante tantas muestras de cariño. Se le notaba en el brillo de sus ojos y en la forma en que se dirigía a cada una de estas mujeres que se le acercaban, pidiéndole únicamente que se tomara una foto con ellas.

El evento oficial ya no es importante. Fue un encuentro de seres humanos en busca de esperanza.

Imagino que en esto estaría pensando Octavio Paz cuando escribió su libro “El ogro filantrópico” para describir el estado mexicano. En esa simbiosis que existe entre el poder y la comunidad gobernada.

O a esto también se refería Jorge Villegas, durante muchos años director del diario El Diario (hoy Milenio), cuando habló del acoso a la periodista, la funcionaria pública. El que se niega a responder lo que la comunidad quiere saber. Así, me imagino al funcionario rodeado de periodistas mientras sonríe y se aleja, sin dar la nota.

La reunión terminó con la salida del gobernador y sus acompañantes a otro evento cercano.

El grupo se disolvió y solo quedaron los chicos de apoyo, plegando sillas y desmontando el escenario. Al final, por arte de magia, parecía que allí no pasaba nada.

Pero no es así. La comunidad hablará durante semanas sobre el momento en que estuvieron cerca y abrazaron al hombre que gobierna nuestro estado y no se borrará de sus recuerdos. Seguirá hablando del “día que nos visitó el gobernador”.

No perdamos la esperanza, ni la fe, hasta la próxima.

El autor es experto en comunicación corporativa y situaciones de crisis. Tiene un MBA del ITESM.

Contacto: hirampeon@gmail.com

Twitter: @Hirampeon

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