jue. May 7th, 2026

Samuel García sería un buen candidato para administrador. Lo sería si un estado fuera una empresa, si esa empresa operara en un entorno favorable a los negocios, si no tuviera que apoyar controles y equilibrios democráticos. Pero no es un gerente, es un gobernador. O debería.

García tiene un estilo peculiar, lo que sea de cada uno. En público, muestra un gesto medio dramático medio honrado. Es vehemente en decir que le gusta su trabajo, que le encanta representar al ente más laborioso, al estado famoso por ser trabajador, por su emprendimiento.

Le gusta presumir que lo suyo es chambar que recién llegó a pedirle a la clase política que no adelantara la víspera de una posible candidatura ni para él ni para nadie, que no se metiera en futurismos electorales, sino que “tirara”, porque, como argumentó, que pregunte a la gente.

La invitación no resiste la prueba de la risa.

Primero, porque en su tierra se sabe que no descarta buscar puestos para su familia en las próximas elecciones. Quiero decir, está en la parrilla.

Segundo, porque se ha dejado utilizar por su partido, Movimiento Ciudadano, a futuro, como sucedió en diciembre pasado, cuando supuestamente lo destaparon, como sucede hoy.

Y, tercero, porque quien pide “tirar” no afea la insidia del presidente López Obrador, quien lo menciona como eventual candidato a Palacio en 2024. Y acepta tales halagos, que no buscan más que dividir a la oposición. Se deja querer: no se excluye ni remotamente.

Entonces el dilema de Samuel es sobre lo que realmente quiere: gobernar Nuevo León, que es mucho más que pretender ser el gerente de una empresa (con todo respeto a los gerentes), o futuro y contribuir a tan ociosas distracciones.

Si desea ser considerado para la Presidencia, es hora de decirlo, para que sus gobernados sepan qué esperar. De lo contrario, si lo descarta, el saque quitaría incentivos a sus oponentes, lo que le impide gobernar, en parte, porque no ha demostrado capacidad para ganarles, para romper su aislamiento.

¿Qué juego juega Samuel? En semanas cumplirá dos años en la gubernatura. Ha obtenido inversiones históricas para su estado, sin duda un mérito, y ha mantenido el empuje mediático con el que llegó al poder. También meritorio. Pero dejar la Presidencia, ¿puede ganar en 2024 en su estado?

Hace una semana, mientras viajaba a la India en una gira pro inversión, un asesinato tuvo gran repercusión en Nuevo León. Mataron a tiros a Ricardo Flores, director jurídico del Congreso Neoleonés, ese donde García está lejos de tener la influencia que le gustaría.

Aún en el país convulso en términos de violencia que vive la sociedad mexicana en 2023, este asesinato es sumamente grave. Por el contexto de tensión entre el Legislativo y el Ejecutivo Neoleonés; y por tan flagrante muestra de violencia contra tan alto funcionario.

Samuel García ha tenido una carrera meteórica: diputado local, paso efímero por el Senado y desde octubre de 2021 gobernador de un estado con desafíos de seguridad, sustentabilidad (nuevamente se avecina una crisis de agua para su estado), transporte urbano y, por supuesto, gobernabilidad.

Si gobernar fuera como administrar una empresa, como pensó un día Vicente Fox (es un dicho), quizás pocos en México podrían competir con Samuel García, quien a pesar de todo hoy puede presumir que ya le alcanza para marcar el 8 por ciento en la encuesta presidencial. de Noticias. No es un porcentaje despreciable, pero imaginemos hasta dónde llegaría si empezara a gobernar.

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