
En el artículo anterior me referí a la pérdida de liderazgo de López Obrador en la región y la forma errónea en que interpretó los resultados de la elección para presidente del BID. Con Perú vuelve a equivocarse con sus recientes declaraciones sobre la destitución del presidente Pedro Castillo. AMLO acusó que la crisis en Perú se debe “a los intereses de las élites económicas y políticas” que generaron desde el inicio del gobierno de Castillo “un ambiente de confrontación y hostilidad en su contra”. Siendo un maestro sindicalizado, es fácil caer en la tentación de creerle. Nuevamente hay una manipulación de la información para generar polarización y resentimiento. Se pretende victimizar a una persona que ganó en el Perú con una escasa diferencia del 1,25 por ciento de los votos y ante la decisión de destituirlo, la gran mayoría de los congresistas (los representantes del pueblo) votaron a favor. Ni los miembros de su propio partido, ni su gabinete, ni los demás partidos de izquierda, ni el Ejército, ni ninguna institución partidaria, política o social del Perú lo apoyaron.
AMLO dice que a Castillo nunca se le permitió gobernar, pero oculta convenientemente que comenzó débil y con una mayoría opositora en el Congreso, porque el pueblo votó conscientemente para que tuviera un poder restringido sin mayoría en el Congreso. El presidente López Obrador olvida que los representantes del pueblo en un sistema democrático presidencial son el Congreso y no el presidente. Los miembros del Poder Legislativo son los verdaderos garantes de la voluntad y soberanía popular.
Quieren crear una narrativa diciendo que fue la “derecha”, los “conservadores”, quienes promovieron su destitución, nada más lejos de la realidad. Para destituirlo se necesitaban 87 votos y en dos ocasiones no se logró, no fue hasta que el expresidente quiso decretar el estado de excepción y disolver el Parlamento que generó alarma en todos los sectores del país y, por abrumadora mayoría en Parlamento (101 de 130) fue destituido. Solo seis congresistas votaron en contra y diez se abstuvieron. Si fueras de “derecha” ¿cómo se justifica esa mayoría casi absoluta? Contrariamente a lo que dice, los “sabios” determinaron, a través de sus congresistas, que fuera removido.
AMLO decide tomar partido, ofrecerle asilo y denunciar a Castillo, algo que no ha hecho con ninguno de los más de 300 presos políticos que hay en Nicaragua, muchos de ellos de izquierda, entre ellos periodistas, sacerdotes, obispos y defensores de derechos humanos. Ni comentar ni denunciar las graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, de los que incluso organismos internacionales acusan al régimen de Nicaragua. ¿Por qué este doble rasero? ¿Por qué va en contra de su propia política de “no intervención” incluso en situaciones graves como las de Nicaragua y Venezuela, pero decide defender a Castillo y a la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, condenados a seis años de prisión por delitos de corrupción? ? Juzgados por magistrados de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, designados durante su propio gobierno.
De estos eventos podemos aprender acerca de las crecientes expresiones de polarización en el continente. Elecciones muy reñidas y restricciones significativas al poder presidencial con mayorías parlamentarias para los partidos de oposición. Es difícil que México tenga un resultado electoral como el que obtuvo AMLO en 2018, con mayoría en el Congreso. Esta tendencia de polarización que vimos en Brasil y Perú también se dará en México. Como bien dice López Obrador, el pueblo es inteligente y sabe lo que hace, por eso limitó su poder en el Congreso en las elecciones intermedias y, por eso, las siguientes elecciones nacionales también estarán divididas.
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