Estamos a 18 días de la elección de Gobernador en el Estado de México, la entidad que más votantes tiene en todo el país.
Cómo ha cambiado México en un sexenio.
Hace seis años, el PRI ganó estas elecciones con una estrategia electoral que había ensayado el año anterior, en 2016, en Oaxaca. La tricolor, encabezada por el presidente Peña, sabía que había un ambiente muy antipriista en el electorado: Cada vez había menos gente dispuesta a votar por este partido. La idea, entonces, era ganar con un porcentaje bajo. En Edomex lo hicieron en 2017 con un magro 33.7% de los votos.
¿Cómo lo hicieron?
Por un lado, sumando todos los apoyos que pudieran, aunque fueran marginales, y, por otro, dividiendo el voto de la oposición.
Hace seis años, desde la oposición, López Obrador había llamado “remoras” a los partidos pequeños que acompañaron al PRI en la candidatura de Alfredo del Mazo en el Edomex. Esos pececillos fueron los que marcaron la diferencia para que ganara el priista.
Los números no mienten. El PRI, según el PREP mexicano, había obtenido el 29,8% del total de los votos. La primera rémora, el Partido Verde, aportó un 1,3% más de votos. El segundo, Nueva Alianza, con un 0,9%. El tercero, Encuentro Social, con el 0,7%. Las combinaciones de los cuatro partidos de la coalición agregaron un 1% adicional. En total, los tres juegos aportaron 3,9 puntos porcentuales. No está mal, sobre todo si se tiene en cuenta que la diferencia entre Del Mazo y Delfina Gómez, de Morena, fue de 2,9 puntos porcentuales.
El candidato del PRI ganó hace seis años con el 33,7% de los votos. Al parecer, algunos de los que lo apoyaron eran votantes del PAN que, en los últimos días, cambiaron su decisión por el llamado “voto útil”. En las últimas encuestas preelectorales, el candidato panista rondaba el 14% de las intenciones de voto. Al final, Josefina Vázquez Mota obtuvo el 11%.
Algunos panistas -especialmente en el llamado “corredor azul” (municipios mexicanos que limitan al oeste con la Ciudad de México)- habrían cambiado su voto en el último minuto. Sabiendo que no ganaría Josefina, votaron por el PRI para que no ganara el candidato de Morena. No sé si fue un voto en contra de Delfina Gómez, AMLO o ambos. El caso es que eso también sumó para que Del Mazo ganara.
Puntos aquí, puntos aquí, el PRI fue recogiendo apoyos que terminaron siendo decisivos para que su candidato derrotara al de Morena.
Suma, suma y suma, pero también divide, divide y divide, en lo posible, al electorado antipriista.
También aprendieron la lección en 2016 en Oaxaca. Muy importante en este elemento estratégico fue evitar que el PRD se aliara con el PAN en el Edomex. Además, que el Partido Laborista lanzó su propia candidatura en lugar de apoyar a Morena (aunque, al final, declinó a favor de Delfina, pero Óscar González aún obtuvo el 1% de los votos) y la inclusión de un candidato independiente en la papeleta. (Teresa Castell que consiguió el 2%). La suma de estos votos (3%) es mayor que la diferencia por la que Del Mazo venció a Delfina (2,9%).
El PRI hizo todo lo posible para desalentar la formación de un frente de oposición de izquierda entre Morena y el PRD. Para ello contaron con la extraña ayuda de López Obrador quien también se opuso a dicha alianza. Si las dos fuerzas de izquierda se hubieran unido, habrían arrasado en las elecciones. Divididos, pusieron la mesa para que el PRI siga gobernando el Edomex.
En la estrategia de dividir el voto, el PRI también recurrió a tácticas muy groseras, rayanas en la ilegalidad, como utilizar las instituciones de justicia para golpear a un candidato. Una vez iniciado el proceso electoral, filtraron una supuesta investigación de la PGR contra familiares de Vázquez Mota, quien lideraba las encuestas. El golpe funcionó: algunos votantes abandonaron a Josefina para irse a otras opciones antipriistas, fragmentando así el voto opositor. (En la víspera de la elección, la PGR anunciaría que no hubo tal investigación).
En el Edomex, hace seis años, el PRI demostró que no estaba muerto. Pero tampoco gozaba de perfecta salud. Era una fiesta enferma con cada vez menos apoyo social. Un año después, en 2018, su candidato presidencial quedaría en tercer lugar.
Cómo han cambiado las cosas desde entonces. Ahora Morena es el partido que se alió con las trabas que hicieron ganar al PRI en 2017. Ahora el apoyo del gobierno federal es para Morena. No en vano son los favoritos para tomar la gubernatura el 4 de junio en un ambiente que, hoy, es aún más antipriista que hace seis años.
Leo Zuckermann es analista político/periodista y presentador de un programa de opinión en televisión.
TWITTER: @leozukermann
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