dom. Ago 2nd, 2026

La primera obligación de cualquier autoridad es generar confianza y credibilidad, lo que redunda en que sus decisiones sean respetadas y contribuyan a la paz pública.

Lamentablemente lo que está sucediendo hoy en las dos principales autoridades electorales, el INE y el TEPJF, dista mucho de lo anterior. Parecería que los dos árbitros acordaron mostrar simultáneamente sus debilidades y socavar su credibilidad. Increíble, nunca pensé que escribiría esto, pero la realidad prevalece.

En los últimos días asistimos –esto no es una metáfora, todo fue público– de la renuncia del presidente del Tribunal Electoral provocada por las exigencias de tres de sus compañeros sin que los motivos estuvieran claros, lo que significa el peor de los casos, ya que lo que da lugar a numerosas especulaciones y contribuye a la “sospecha” a la que somos tan propensos.

Como dirían los clásicos ortodoxos, por favor, señorías, no nos den excusa para dejar volar nuestra desconfiada imaginación. Su principal responsabilidad es generar certidumbre y, en el caso de la soberanía popular, generar confianza en que será respetada a la hora de elegir gobernantes y representantes, sin olvidar el respeto a la ley, es decir, la regla más básica de la convivencia civilizada.

Para contribuir a nuestra confusión, a nuestro mellado optimismo, la autoridad administrativa, el INE, responsable nada más y nada menos que de la organización de las elecciones, se reunió el pasado viernes y desde la aprobación de la agenda exhibió las profundas diferencias entre los ministerios. .

Lo anterior no sorprende entre los miembros de un órgano colegiado (he sostenido en múltiples ocasiones que resulta sospechosa la unanimidad reiterada), sino que las diferencias se deben a buscar completar el proceso que debe conducir a la designación de quienes encabezarán el órgano colegiado. áreas responsables del funcionamiento de la institución es sumamente desconcertante.

Han pasado más de ocho meses desde la nueva integración del Consejo General del INE con cuatro nuevos miembros, incluida la presidencia. Desde entonces, puestos clave para la gestión de la institución están bajo la responsabilidad de directores de oficina. Independientemente de los méritos de las personas que tienen ese estatus, lo que denota es un grave problema para generar acuerdos entre los responsables de tomar esas decisiones.

El viernes se pusieron sobre la mesa dos propuestas para resolver el estancamiento de más de 34 semanas. Uno que buscaba facultar al presidente para designar directamente a quienes cubrirían las vacantes, lo cual era una flagrante ilegalidad, ya que la norma establece que estos nombramientos proceden con la aceptación de al menos dos tercios del Consejo, es decir, con ocho de once. votos. Esta propuesta terminó siendo retirada, faltaba más. Y el otro que ordenaba al presidente presentar las propuestas a la consideración del comité en el plazo de un mes.

La anécdota más oscura de la historia de la democracia es que algunos de los que tienen la obligación de debatir han recurrido, en virtud de que aparentemente perderían la votación, al expediente más básico y chapucero, diría mi abuela, de ‘romper’ la sesión al ausentarse de ella, provocando así la falta de quórum. Viejo truco, si no te convence cansa o se arruina.

La sesión se reanudó el sábado y concluyó, por una estrecha mayoría de seis, que el presidente debía proponer al pleno las personas para ocupar el secretario ejecutivo y los nueve puestos directivos que ocupan los directivos.

El titular del comité declaró que el próximo miércoles lo convocará para conocer y decidir las propuestas que les presentará. Esperemos que por el bien de la institución y su prestigio –asunto de la mayor relevancia, ya que es allí donde reside su credibilidad– prive la deliberación que lleva a sopesar perfiles y trayectorias frente a las necesidades institucionales y requerimientos técnicos de cada organismo. .

El tema no es menor, si bien las facultades, responsabilidades y procedimientos están previstos en la normativa correspondiente, las personas marcan la diferencia.

Las discrepancias no solo surgieron sobre el nombramiento de los jefes de área, durante la sesión se abordaron diversos temas que tienen que ver con el arbitraje y organización del proceso electoral en curso. Entre otros, se discutieron y aprobaron multas a los partidos políticos por no haber informado los gastos incurridos en el período de ‘precampaña’ y también se resolvió conservar recursos para la observación electoral.

Las multas impuestas a los partidos políticos en esta ocasión, más allá del monto, son muy relevantes, ya que marcan los criterios que seguirá la autoridad para hacer cumplir las normas establecidas. Seguramente estos acuerdos culminarán en el TEPJF, quien tendrá la última palabra, si sancionar o con cuánto a quien oculte el gasto o viole las disposiciones sobre el origen y destino de algo tan delicado como los recursos con los que financia. sus actividades.

Más allá de lo anecdótico, resulta preocupante lo que ocurre hoy al interior de los dos órganos con máxima responsabilidad en materia electoral, pues excede con creces los ámbitos personales y/o grupales. Tiene que ver con la legitimidad de los resultados de las próximas elecciones, de ahí su importancia.

Por si fuera poco, el Presidente de la República acaba de reiterar que enviará al Congreso en febrero (había anunciado que lo haría hasta septiembre) iniciativas de reforma constitucional, entre otras, para eliminar algunos órganos autónomos que, según para él, “no sirven para nada” (SIC) y que los ministros y magistrados sean elegidos por voto popular. Seguramente las discrepancias hoy mal procesadas dentro del INE y el TEPJF ayudarán a justificar estas iniciativas. Muy malas noticias para un tambaleante democracia.

POSDATA: Por si alguien tiene dudas sobre el proceso de militarización en el que nos ha metido este gobierno, aquí les dejo una anécdota. En días pasados ​​en el aeropuerto de la CDMX me enteré que dos menores de edad abordarían solos un vuelo internacional y como está dispuesto para tal fin, necesitaban la autorización de sus tutores y la certificación correspondiente de Migración-Gobierno. Bueno, la novedad es que eso no es suficiente, ahora, además, se requiere que un agente de la Armada los autorice a abordar. Asi es como empieza.

El autor es exsecretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE).

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