mié. Jun 3rd, 2026

Hace tiempo que se sabe que el presidente nacional del PAN, Marko Cortés, quiere convertirse en senador en 2024. Con o sin alianza, se supone que el michoacano buscará un escaño en la Cámara Alta; y no solo ser, sino dirigir la bancada del PAN.

La jugada completa de Marko sería dejar la dirección de Acción Nacional al hoy diputado Jorge Romero, jefe del grupo acusado de ser cártel inmobiliario. Romero le devolvería el favor nombrando a Cortés coordinador de los senadores, ya que esa es prerrogativa del jefe nacional.

Lo que no ha quedado claro de este intento es si Marko Cortés pedirá ser candidato en la lista o querrá sudar la gota gorda y hacer campaña para disputar una de las tres curules senatoriales que salen de cada entidad federativa.

Es decir, si Marko, la máxima autoridad del mundo blanquiazul, sacará o no el lápiz para escribir en la lista de candidatos plurinominales “candidato a senador, Miguelito”, y encima se reservará un lugar que garantice que, haga lo que haga su partido en 2024, llegue al Senado.

Qué novedoso y agradecido sería que Marko decidiera que estos tiempos exigen una demostración de valentía de un líder que no solo confía en su partido, sino que liderará la batalla desde una posición que envía la señal de que el resto se comprometerá a hacer el PAN protagonista en las elecciones del próximo año.

Y que, en consonancia con esa determinación, apuntaría a un lugar en la lista en la que un mal resultado pone en riesgo la obtención de un cargo legislativo de seis años a partir de septiembre de 2024.

Treinta y dos de los 128 senadores que ingresan a la Cámara Alta son elegidos por voto plurinominal. Cada partido obtiene tantos como porcentaje en esa elección logre. Si repasamos los resultados de las últimas tres elecciones de renovación senatorial, el PAN ha obtenido 11, 9 y 6 cargos en el Senado en 2006, 2012 y 2018, respectivamente.

La lista va a estar encabezada por una mujer, luego el lugar dos va a un hombre y así sucesivamente. Es natural que Marko busque mejorar el resultado de hace cinco años, cuando AMLO los aplastó, e igualar al menos el de hace 11 años, cuando, con Vázquez Mota, pasaron al tercer puesto: entonces, qué tal si se mete en octavo lugar? de la lista

Si hiciera esto, también daría un gran ejemplo partidista. Hace cinco años, la entonces dirigencia de Damián Zepeda dejó en el camino a Cortés, cuando se colocó en la lista en lugares privilegiados.

También sería ejemplar que el PRI y el PAN dijeran cuál es el compromiso de colocar candidatos propuestos por aquellos ciudadanos que recientemente han dado vida a estos partidos en lugares que tienen garantizado el ingreso al Congreso.

La inclusión de este tipo de personajes podría refrescar las campañas electorales y contribuir a los debates y elaboración de leyes en las cámaras. De lo contrario, se derrumbará el discurso con el que la oposición pretende arrinconar a Morena como retrógrada y corporativista.

Marko, y también el priista alito Moreno, pero eso es otro tema, tienen que demostrar con hechos la apertura y pluralidad que han estado haciendo alarde cuando hablan de que solo hay dos bandos, y que los que pretenden arrebatarle el poder al lopez obradorismo constituyen un bando verdaderamente inclusivo. .

El discurso que no se traduce en hechos es demagogia. Marko colocar ocho en la lista sería un éxito mediático.

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