mar. Abr 21st, 2026

El pasado jueves se cumplió el 54 aniversario de aquel momento histórico en el que más de quinientas millones de personas en todo el planeta vieron aterrizar en sus televisores al Apolo XI sobre la superficie de la Luna, para ser testigos inmediatos de que Neil Armstrong se convertía en el primer ser humano en pisar la corteza de nuestro satélite natural. Este evento es ampliamente reconocido como uno de los puntos de inflexión del siglo XX y el punto culminante de la era espacial.

La carrera espacial se conoce como el período de tiempo sin un principio y un final precisos, pero que duró más o menos desde 1955 hasta 1975, caracterizado por la lucha entre Estados Unidos y la Unión Soviética por ver quién era el primero en conquistar el espacio. ¡Cómo olvidar aquel memorable discurso del presidente John F. Kennedy en el que afirmó: “Decidimos ir a la Luna esta década, no porque sea fácil, sino porque es difícil…”!

Hoy parece que la carrera espacial que creíamos acabada ha cobrado nuevas dimensiones y se ha convertido ya en una auténtica revolución espacial comercial en la que, si no estás dentro, es que ya te has quedado atrás.

El primer satélite artificial de la historia en orbitar la Tierra fue el Sputnik I, que fue lanzado al espacio por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957. A finales de 2018 ya había alrededor de dos mil satélites artificiales en órbita y en los últimos años, solo la empresa SpaceX de Elon Musk ha lanzado miles de ellos. Se estima que para finales de esta década habrá más de cien mil satélites artificiales orbitando la Tierra.

Así que esta revolución está francamente en pleno desarrollo, impulsada por el afán de innumerables empresas privadas por explotar la riqueza de oportunidades comerciales que se vislumbran en esta nueva economía espacial, según un estudio de KPMG denominado “una galaxia de oportunidades” en el que señalan claramente que cada semana se abre el rápido posicionamiento de esta tecnología creando nuevas fuentes de obtención de datos del espacio. Presente en un gran número de productos y servicios, generando oportunidades que pocos sectores pueden darse el lujo de ignorar.

Las empresas de servicios públicos, algunas con extensas redes de activos que son a la vez grandes, remotas y complejas, se encuentran entre las que mejor pueden aprovechar estas oportunidades. Imaginemos el valor que puede tener para una empresa como la CFE poder monitorear desde el espacio lo que sucede con sus plantas generadoras, subestaciones y los cientos de miles de kilómetros de líneas de transmisión y distribución de electricidad, además de la red de gasoductos que si bien no son de su propiedad, en su gran mayoría están a su servicio para transportar el combustible necesario a sus plantas de generación.

Hace apenas unos días me presentaron lo que es capaz de hacer una empresa llamada INERSIA, que ofrece servicios de monitoreo de deformaciones mediante radares satelitales, con mediciones sorprendentes que son de gran utilidad para ingeniería civil, geotecnia, telecomunicaciones, minería e infraestructura.

Entonces, ¿entras o te quedas atrás?

Raúl Asís Monforte González.

Correo electrónico: raul@mienergiamx.com

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