“Allá en Estados Unidos los bancos pueden fallar y aquí no pasa nada o pasan cosas buenas”.
Andrés Manuel López Obrador
– Es un cambio positivo, aunque no estemos acostumbrados. Los principales bancos de Estados Unidos y Suiza están teniendo serios problemas y el contagio se ha extendido. En México, a pesar de los temores, no parece haber dificultades. Los precios de las acciones bancarias han perdido terreno, como lo han hecho en todo el mundo, pero ningún banco nacional está realmente bajo presión.
La quiebra del Silicon Valley Bank, que inició esta ola de nerviosismo, fue consecuencia de la subida de los tipos de interés estadounidenses tras un periodo de tipos tan bajos que prácticamente se estaba regalando dinero. En México también hemos visto subidas de interés muy importantes, pero no han hecho mella en la banca nacional.
Muy diferente era la situación en los años ochenta o en 1995. El colapso de la economía en 1982 llevó al borde de la quiebra a los bancos, que fueron nacionalizados por José López Portillo. Durante años los bancos se dedicaron a prestar al Gobierno y dejaron sin crédito a las pequeñas y medianas empresas y a los particulares. La banca solo volvió al mercado crediticio después de su privatización a principios de la década de 1990. Sin embargo, la devaluación de 1994, el llamado “error de diciembre”, generó un cambio radical de condiciones. De una inflación del 7,1% en 1994 pasamos a 52 en 1995: las tasas de interés se dispararon y la economía se derrumbó. Muchos deudores ya no pudieron pagar sus préstamos y casi todos los bancos quebraron. Los contribuyentes siguen pagando el costo del consiguiente rescate bancario.
El desastre provocó importantes cambios legales. Para empezar, la banca mexicana se ha internacionalizado. Antes, las leyes prohibían que los bancos mexicanos fueran propiedad de extranjeros. Cuando se eliminó esta regla, llegaron a México banqueros con experiencia internacional, aunque ahora los directores de los bancos son mayoritariamente mexicanos. Tanto la regulación como las prácticas bancarias mejoraron notablemente.
Los bancos mexicanos han pasado varias pruebas desde entonces. La crisis financiera internacional de 2008 no la afectó significativamente. La pandemia de 2020 tampoco. Hasta ahora no se ha percibido mella por los problemas bancarios en Estados Unidos y Suiza. La fortaleza viene de décadas atrás, pero en este sexenio hay que celebrar que el Gobierno ha mantenido sanas las finanzas públicas, respetado la autonomía del Banco de México (que ha mantenido una política monetaria sensata) y preservado las reglas del mercado para el funcionamiento del banco.
Alertas para el futuro hay muchas. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores ha perdido mucho personal especializado por restricciones salariales y un intento, rechazado por la justicia, de prohibir a los exfuncionarios trabajar durante 10 años en el sector privado en su campo de especialización. Por primera vez, la Junta de Gobierno del Banco de México no cuenta con un solo miembro capacitado en esta institución ni en la Secretaría de Hacienda. Las fintech, que utilizan aplicaciones y otros medios digitales para brindar servicios financieros, están mucho menos reguladas que los bancos y son más vulnerables a la quiebra.
Por ahora hay que celebrar. Algo se ha hecho bien en los bancos mexicanos y por eso no tenemos una crisis financiera desde 1995. Si el Presidente se lo atribuye a su gobierno, adelante. Lo importante es que los bancos estén prestando, que sus ganancias estén sanas y que se hayan preservado los ahorros de los mexicanos.
Buena gente
Ignacio Ovalle es “buena gente”, pero fue engañado por “priistas de malas costumbres”. Esta fue la explicación de AMLO ayer sobre el fraude en Segalmex. Esto es justicia en la 4T: Los amigos son buenas personas, que el Presidente protege; los villanos, que critican las políticas del presidente.
sergio sarmiento
www.sergiosarmiento.com
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