jue. May 7th, 2026

Nunca me avergonzaré de ser mexicano. Amo a México, mi Patria, con la misma devoción que el niño que en el gran patio de la Escuela Primaria Anexo a la Normal rindió honores a la Bandera las mañanas de los lunes, se vistió con el uniforme de gala y cantó el Himno Nacional después de escuchar aquellos poemas fervientes: “Como renuevo cuyos sazones”; “Era mayo, y el sol brillaba”. He viajado por todas las direcciones de este maravilloso país; Conozco tu historia; Soy hijo de la Madre España y de nuestros padres aborígenes, y me conmueve tanto el prodigio de Chichén Itzá como la majestuosa Catedral Metropolitana. Me entristece, eso sí, vivir bajo un régimen como el de la mal llamada 4T; ver todos los días los excesos de poder, las mentiras, insultos, ilegalidades y notoria ineficacia del Presidente (con minúscula, por favor) de la República (por favor, con mayúscula). Pero mi orgullo de mexicano se profundizó cuando supe de la decisión de la Corte Suprema de Justicia por la cual se detuvo la irracional iniciativa de AMLO, el llamado Plan B destinado a anular el Instituto Nacional Electoral. Expreso mi reconocimiento a los nueve ministros y ministras cuyos votos impidieron que se consumara este intento autocrático. Saludo la inesperada posición del Ministro Zaldívar, quien esta vez actuó con la entereza de un juez independiente y no con la ambigüedad o servilismo de un empleado presidencial. Los ministros Esquivel y Ortiz no podían esperar otra cosa que lo que trajeron al debate: Sumisión y vasallaje al amo. El primero no debe estar en el más alto tribunal; el segundo siempre pone su desempeño grisáceo al servicio de quien le dio el trabajo. Todo indica que las siguientes partes del plan de López Obrador correrán la misma suerte que las primeras. La Corte Suprema está defendiendo la Constitución de los ataques de AMLO, y sirve de contrapeso a un Poder Ejecutivo cuyo ejercicio se basa en los caprichos y excesos de un gobernante orgulloso, desdeñoso de la ley y con tendencias dictatoriales opuesto a los principios de la libertad y la democracia en que se basa la vida nacional. San Juditas me hizo un milagro, porque yo le pedí con devoción que se detuviera el Plan B, y aquellos nueve ministros, apegados a la ley y la justicia, lo detuvieron en el uso de sus facultades y en cumplimiento de su responsabilidad ante la Patria. “Era mayo y el sol brillaba”. Nalgarina Grandtetier, una estrella de moda, salió esa noche con un hombre alto y corpulento. A la mañana siguiente una de sus compañeras le preguntó curiosa cómo le había ido con el alto y robusto amante. Ella respondió: “Me recordó al armario de mi abuela. Era enorme, grande y ancho, pero tenía una llavecita”. La historia de amor del ciempiés con la pequeña mariposa no prosperó. Ella se quejó: “Cuando recién te quitaste los zapatos, ya me dieron ganas”. Don Languidio llegó del consultorio del médico y le dijo a su esposa: “El médico dice que tengo presión alta”. -Posiblemente -dijo la señora con voz ácida-, pero no lo tienes donde deberías tenerlo. El facetado y altivo joven, hijo de un alto político, se molestó porque el encargado de la cafetería le pidió que hiciera fila, como los demás clientes. Ella le dijo con petulante arrogancia: “¿No sabes quién es mi padre?” De inmediato la muchacha se dirigió a la clientela en voz alta: “Señoras y señores: Este joven me pregunta si sé quién es su padre. él, para que el Pobre, no siga viviendo con la duda”. FIN.

Licenciado en Derecho y en Lengua y Literatura Españolas / cronista de Saltillo.

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