Norma Piña lleva el nombre de la vocación de su padre, su amor por la abogacía. Isaac Piña Pérez escribió su tesis de licenciatura sobre la norma jurídica, y justo la noche de su graduación, a su esposa se le rompió fuente, que llevaba en su vientre a su segunda hija. “Sí, mi nombre es Norma por la norma legal”.
Piña Pérez, exfiscal de Hidalgo, exmagistrado de la Corte Superior de Justicia de Guerrero, murió prematuramente en un accidente de helicóptero ocho años después.
Martha Yolanda Hernánez, maestra de secundaria, puso como condición para su matrimonio que no se le negara su derecho al trabajo. Bajo el mismo término, la esposa de Isaac Piña aceptó vivir con su nueva familia en Pachuca. Obsesionada con la autosuficiencia de sus tres hijas, la viuda las matriculó en un exigente liceo oficial de San Cosme y las obligó a acreditar el plan mixto de la escuela normal, para que al mismo tiempo que estudiaban el bachillerato, podría acreditar la carrera de maestro de educación primaria.
La recién electa Ministra Presidenta de la Corte Suprema de Justicia, la primera mujer en ocupar ese cargo en la máxima institución del Poder Judicial, dice Norma Piña: “A mi mamá le tranquilizaba pensar que cuando saliéramos de la escuela normal nos asignarían un cargo y que tendríamos garantizado el trabajo y, sobre todo, nuestra independencia, una vez cumplida, podríamos elegir libremente nuestra carrera porque, si mi madre estaba ausente, podríamos mantenernos”.
Al salir de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, Piña se inclinó directamente hacia la Universidad Nacional, al igual que su padre. Asistió a clases en la mañana e impartió clases en una escuela primaria, en el turno de la tarde, a excepción del año que, becada por la SEP, estudió en el Instituto Nacional de Ciencias de la Educación en Madrid, donde se especializó en psicología social y comunicación. Cerca de graduarse, trabajó en el Instituto de Investigaciones Jurídicas. Salvo ese período, toda su carrera se forjó en el Poder Judicial, en el que se ha desempeñado por más de 30 años.
Paralelamente, ha sido profesora universitaria en la UNAM, la UAM y la Universidad Panamericana.

-¿Tu carrera legal fue como siempre?
-No, porque una carrera judicial bien construida comienza siendo funcionario judicial o actuario, luego secretario judicial, luego secretario judicial, etc. Ingresé al Poder Judicial directamente como secretario de proyectos, sin pasar por el juzgado. Duré cinco años como diseñador de cortes para ir como secretaria de estudio y cuenta en la Corte, que era el siguiente paso. Hice un examen para ser secretario de redacción de la Corte y luego tuve el concurso para ser juez. Una generación antes, los ministros aún nombraban jueces. Así funcionaba el sistema de citas. Luego salió el primer concurso para ser juez, pero me inscribí en el segundo.
-¿Entonces el ascenso fue más cuesta arriba para una mujer?
-Francamente creo que no. Antes, cuando los jueces eran nombrados por los ministros, había jueces o juezas según el personal que tuvieran; algunos tenían equipos mayoritariamente masculinos, pero otros no; Tenían hombres y mujeres con ellos. Lo que yo creo, en base al concurso, es que a las mujeres les cuesta cubrir todas las actividades que tradicionalmente son suyas, y por lo tanto, tienen menos tiempo de estudio que los hombres en general. Aunque no te identifican por nombre o género en el examen, tienen esa desventaja.
-Y precisamente por eso, ¿no se presentan menos mujeres al examen?
-Sí exactamente. Yo era de los que decían: “¿y por qué me van a hacer competir con todas las mujeres si soy tan capaz o más capaz que cualquier hombre?”, pero está claro que no es cuestión de capacidad. Solo trato de ser realista: hay otros factores que influyen negativamente en las mujeres, como menos tiempo de estudio.
Norma Lucía Piña formó parte de la terna propuesta por Felipe Calderón en noviembre de 2012, en la que Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, recientemente derrotado en su deseo de encabezarla, fue nombrado ministro de la Corte Suprema. Piña reconoce que, aunque era una aspiración legítima, no anhelaba ser ministra en ese momento. “Me gustaba ser magistrado. Se estaba dando lo de ser ministro, pero la aspiración no existía”. Fue designada tres años después, en reemplazo de otra mujer, la ministra jubilada Olga Sánchez Cordero.
-Todos los ojos están puestos en el poder judicial, en los ministros. ¿Eso te distrae, te molesta, te parece favorable?
-Cada uno de los ministros y todos y cada uno de los miembros del Poder Judicial deben seguir respondiendo como corresponde individualmente. Yo, desde que soy juez y magistrado, más el tiempo que llevo de ministro, he estudiado nuevos temas y he tomado mis decisiones con total firmeza. Nadie tiene la verdad absoluta y siempre habrá alguien que diga que te equivocaste, pero tenemos la responsabilidad de hacer las cosas bien, de hacerlas como deben ser. Pienso que en el Poder Judicial federal los jueces y magistrados tenemos una mística muy especial, trabajamos mucho, nos preocupamos por los temas, estudiamos, revisamos con cuidado los expedientes y tratamos de resolver conforme a derecho. En su mayor parte, somos personas totalmente comprometidas. Sin embargo, me preocupa que estén tratando de deslegitimarnos, que estén tratando de degradarnos porque somos un factor de equilibrio esencial para nuestro país, para cualquier país democrático. Eso es lo que me preocupa.
METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.
