mar. Abr 21st, 2026

Jorge Molina Larrondo, consultor en Políticas Públicas y Comercio Exterior

Este viernes 7, la Comisión T-MEC realizó su tercera reunión anual. De conformidad con el capítulo 30 del tratado, que establece la Comisión y sus funciones, la reunión está diseñada para que las máximas autoridades en comercio internacional de cada uno de los países miembros evalúen de manera conjunta los avances en la implementación del acuerdo, identifiquen las áreas que requieren su atención, considerar nuevas alternativas que promuevan el comercio y la inversión entre las partes y evaluar los informes de los comités y grupos de trabajo que se establecieron durante la negociación. Y aunque la Comisión puede tomar decisiones que ayuden a solucionar algunos de los problemas existentes, la reunión no pretende sustituir el papel que juegan los paneles en la resolución de controversias.

El evento marcó los primeros 36 meses de vigencia del tratado, dos menos de lo que requirió su negociación y ratificación. Y por primera vez, desde el inicio de las reuniones de la Comisión del TLCAN el 14 de enero de 1994, los ministros no emitieron una declaración conjunta, lo que sugiere un nivel de conflicto que no corresponde a la antigüedad del acuerdo y que no se refleja en las declaraciones emitidas el jueves 6, luego de las conversaciones bilaterales que sostuvieron la Secretaria de Economía de México, Raquel Buenrostro, la Representante Comercial de Estados Unidos, Katherine Tai, y la Ministra de Comercio Internacional de Canadá, Mary Ng .

Más allá de ser solo un acuerdo comercial, el T-MEC contiene los lineamientos para generar una plataforma productiva regional capaz de competir con China durante los próximos 25 años y hacer de América del Norte la región más productiva y eficiente del mundo, con base en reglas comerciales que ir más allá de las directrices de la OMC. Sin embargo, el proteccionismo que ha imperado desde el gobierno de Trump -y sin elementos que indiquen que pueda revertirse tras las elecciones en Estados Unidos, como explica el libro publicado por Robert Lighthizer-, así como la falta de voluntad política de al gobierno mexicano para implementar el tratado, han planteado dudas sobre el futuro del acuerdo.

El modelo de comercio gestionado (comercio administrado) aplicada para la negociación del T-MEC, regula los volúmenes de comercio de diversos productos y servicios, promoviendo mayores fricciones entre las partes. El problema es que si estos conflictos no se resuelven con celeridad, se acumulan, socavando la legitimidad del propio acuerdo. Actualmente, la decisión sobre el caso de reglas de origen automotriz aún no ha sido implementada, las consultas sobre el caso de energía entre México y Estados Unidos tienen más de un año, las consultas sobre maíz transgénico tardarán al menos seis meses, y el mecanismo para conflictos laborales ya se aplica a casos fuera de la industria manufacturera.

La política comercial de Estados Unidos se ha convertido en moneda de cambio. Mike Pyple, asesor adjunto de seguridad nacional, dijo que el comercio internacional ya no es una parte integral de la política exterior de EE. UU., a favor del fortalecimiento de las cadenas de suministro nacionales. Por eso, no se contemplan otros acuerdos similares al T-MEC, lo que molestó a su Congreso, que considera que los TLC son un elemento que aumenta la influencia internacional de Estados Unidos. Mientras que, al inicio de los trabajos de la comisión especial que nombró Morena para redactar el Proyecto Nacional 2024-2030, el subsecretario Hugo López-Gatell propuso renegociar el T-MEC argumentando que el tratado viola la soberanía de México. La propuesta quedó registrada en Washington y Ottawa, luego de que el tratado protege más del 85 por ciento de nuestras exportaciones en términos preferenciales.

El artículo 7 del capítulo 34 requiere que las partes se reúnan en 2026 para revisar el acuerdo y ajustarlo. El T-MEC no ha eliminado el déficit comercial de Estados Unidos con México y Canadá y ha aumentado los costos de producción para la industria automotriz y otros sectores, según explicó el informe del 30 de junio de la Comisión de Comercio Internacional. Más allá de renovar o no el T-MEC, México tiene que definir una política comercial integral que indique si puede seguir siendo considerado un socio estratégico de Estados Unidos y un destino confiable para la inversión extranjera, ahora que el mundo vuelve a fragmentarse en bloques comerciales, segmentados por la capacidad tecnológica de los líderes.

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