
Carlos Hurtado López, Director General de CEESP
La cumbre que se lleve a cabo entre los jefes de Estado de Canadá, Estados Unidos y México puede ser clave para sentar las bases de un mayor crecimiento económico del país en los próximos años. Esto depende de cuánto se pueda aprovechar de la combinación del acuerdo comercial entre los tres países firmado en 2019 (T-MEC), y las tendencias mundiales actuales sobre la reubicación del comercio y la inversión entre economías similares o compatibles. La llamada “deslocalización”.
Las opiniones de varios analistas económicos están ampliamente divididas entre quienes afirman que la reubicación económica tendrá grandes impactos positivos para el país y quienes sostienen que los beneficios serán moderados. Las posibilidades de éxito de la reubicación económica bajo el T-MEC dependerán de muchos factores. Se destacan de ellos: uno) Cuánta nueva inversión materializada en la formación de capital productivo, nacional o extranjero, se localiza efectivamente en México, y 2) cuánto valor agregado nacional se puede generar con esa inversión.
Ambos elementos son necesarios para que la combinación del T-MEC y la reubicación tenga éxito en la promoción de la inversión y el comercio. Pero lo segundo es clave para que el país entre en una senda de tasas de crecimiento superiores a las que se han obtenido en los 25 años posteriores a la entrada en vigor del anterior tratado entre los tres países, el TLCAN.
Hay indicios de un fuerte interés de las empresas por invertir en procesos productivos en México, aprovechando el T-MEC y la cercanía con el resto de Norteamérica. Y es probable que esto se materialice. Pero puede suceder con cadenas de producción poco sofisticadas que utilizan principalmente insumos importados. Es decir, principalmente asambleas con un valor agregado nacional relativamente bajo y ubicadas mayoritariamente en el centro-norte del país, como ha sido en las últimas décadas.
Para que la inversión derivada del T-MEC y la deslocalización integren mayor valor agregado al país, se requiere una mayor cadena de proveedores nacionales a la producción derivada de las nuevas inversiones, presumiblemente en forma de exportación. Es decir, un mayor contenido de valor agregado nacional, aspiración que en ocasiones ha sido denominada “exportación indirecta”. Es decir, oferta nacional de insumos con mano de obra y capital productivo nacional para exportaciones finales.
Valor agregado nacional significa derrame de recursos a lo largo de la cadena de suministro; oferta que podría provenir de regiones distintas a las que más han avanzado en el comercio con EE.UU. y Canadá. Así, las zonas menos favorecidas por los acuerdos comerciales –algunas en el centro y el sur-sureste– podrían verse beneficiadas, así como los estados integrados al comercio y la inversión, que han experimentado tasas de crecimiento espectaculares en las últimas décadas.
En el contexto de una economía abierta y hacia la integración de América del Norte, se debe fomentar la facilitación de un mayor valor agregado nacional en las cadenas productivas a través de políticas que conduzcan a la modernización de la economía. Las políticas de protección comercial a las industrias, de monopolios –aunque sean del Estado– y de apoyo especial a actividades específicas son incompatibles con el camino de apertura que ha elegido el país.
La modernización que mencionábamos se refiere a varios aspectos en los que el país aún adolece de importantes carencias, que impiden la eficiencia de los mercados y la inclusión en el desarrollo de grupos y regiones que hasta ahora han participado poco en el progreso del país. Otra forma de verlo es la necesidad de mejorar las condiciones que permitan una mayor productividad en el país.
La tarea de modernización que se requiere para acompañar al T-MEC, aprovechar las oportunidades de reubicación y permitir la integración de mayor valor agregado nacional es amplia. Entre sus principales aspectos, se pueden señalar los siguientes:
uno. Mejor infraestructura que reduzca los costos de transporte en todo el país, y que permita a las cadenas de suministro integrar el valor agregado de proveedores de diferentes regiones, a través de una logística moderna y competitiva.
2. Un mercado laboral formal que propicie una mayor productividad laboral –que se ve restringida por la informalidad–.
3. Una política energética que genere seguridad en la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica y disponibilidad de hidrocarburos en todo el territorio nacional.
cuatro Una mejor coordinación en la regulación económica en los tres niveles de gobierno, para asegurar que las regulaciones y normas signifiquen beneficios para la sociedad superiores a los costos de su cumplimiento, y evitar trámites burocráticos excesivos.
5. Mercados más abiertos a la competencia, que faciliten la inclusión de emprendedores y nuevos participantes en los mismos, que permitan su entrada y salida de manera más expedita y que puedan tener mayor acceso a financiamiento a menores costos.
6. También, y quizás lo más importante, un estado de derecho que asegure la certeza de los procesos judiciales, el pleno cumplimiento de la ley y que facilite la reducción de la inseguridad ciudadana, el robo y la extorsión.
Es claro que los acuerdos comerciales son y han sido oportunidades importantes para el desarrollo de los países participantes. Pero también es cierto que para aprovecharlas al máximo deben trabajar para conseguir condiciones económicas y prácticas similares a las de los socios más avanzados. Este es el caso de México y por ello se debe trabajar arduamente en los puntos señalados, entre otros.
Así, los grupos y regiones más necesitados podrán ser incluidos en el aprovechamiento de las oportunidades que representa el T-MEC y la tendencia mundial hacia la reubicación de inversiones y actividades económicas.
El TLCAN fue un tratado comercial innovador en su momento, que permitió el desarrollo de varios sectores y regiones de México de manera notoria y que ha sido un factor clave para la economía desde varios puntos de vista.
Sin embargo, los resultados en términos de crecimiento económico nacional no fueron tan buenos, de hecho, la economía creció menos en los años del TLCAN que en los años anteriores. La lección es clara para lo que sigue en México. Para aprovechar al máximo las oportunidades que se le presentan al país, se debe realizar la tarea interna de modernización.
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