
Dentro de un mes, el 4 de junio, se realizarán elecciones para gobernador en el Estado de México y Coahuila, y en este último estado también para diputados para renovar el Congreso local. Después de las elecciones vendrán los actos posteriores a todas las jornadas electorales, tales como su cómputo y calificación, la presentación de las impugnaciones, si las hubiere, así como su correspondiente resolución.
Una vez agotada esa etapa, con la que se concluirán formalmente los procesos electorales en las dos entidades antes mencionadas, se entrará de lleno en las muy delicadas actividades preparatorias del macro proceso electoral de 2024. Actividades en las que particularmente los partidos de oposición al parecer, a diferencia de los oficialistas, van notoriamente rezagados, pues Morena y sus aliados, como todos saben, llevan meses en ello. De hecho, se encuentran en una campaña electoral abierta e ilegal, encabezada por su principal protagonista, que no es otro que el propio Presidente de la República.
De conformidad con lo dispuesto en la legislación electoral vigente, no en lo establecido en el llamado Plan B, por ahora suspendido por el Ministro de la Corte Javier Laynez, “el proceso electoral ordinario se inicia en septiembre del año anterior a la elección” (artículo 225 de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales), es decir, en el plazo de tres meses.
Esto quiere decir que los tres partidos que integran la coalición Va por México: PAN, PRI y PRD, que en reiteradas ocasiones han dado a conocer su voluntad de ir en 2024 en una alianza electoral total, incluyendo la misma candidatura a la Presidencia de la República, han menos de cien días para consensuar detalles grandes y pequeños, pero claves, particularmente en al menos tres temas importantes, que deberán haber debidamente arreglado y consensuado, para no dar lugar a malentendidos o confusiones, preferentemente antes del inicio del proceso electoral del próximo año. Es decir, en los primeros días del próximo mes de septiembre.
Una primera interrogante que se debe abordar es la siguiente: si bien los partidos políticos mexicanos ya cuentan con una amplia experiencia en materia de coaliciones electorales y en general su marco legal interno contempla soluciones a los entresijos que da lugar a esta figura, no está de más. en cada oportunidad, se planifican y resuelven todas las aristas relacionadas con el ámbito normativo aplicable. De esta forma, evitará que el adversario externo y los detractores internos generen dudas sobre el punto, incluso de buena fe.
Más de orden político y ético que jurídico, es la cuestión de qué posibles precandidatos habrá que considerar para que de entre ellos surja el candidato presidencial de la alianza. Un tema arduo por resolver es el del perfil ideal del candidato, el cual debe ser factor de unidad, no de división o fractura, siempre que cuente con las credenciales suficientes y credenciales en cuanto a formación intelectual y capacidad técnica (que son no es el mísmo). , reputación, honradez, prestigio, experiencia, antecedentes personales, personalidad y carácter.
Finalmente, el procedimiento o método a aplicar para que de entre los potenciales candidatos que pasen los diversos filtros del perfil propuesto, se seleccione al que será postulado como candidato presidencial de la oposición en 2024.
La anterior y última cuestión planteada es bastante compleja y por ello merece un análisis amplio, que concluya en una propuesta concreta y viable. Sabiendo que el tiempo apremia, se intentará esbozar en una próxima entrega.
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