lun. May 4th, 2026

Los demonios no andan sueltos, al menos no todavía, pero las tentaciones sí.

Los dos bloques políticos en conflicto se ven tentados por el deseo de recuperar o conservar el poder a cualquier precio, independientemente de sus ambiciones. Ambos han rebajado el discurso al nivel del eslogan “más de lo mismo a la derecha o al revés”, reduciendo la alternancia o la permanencia en el poder a una especie de giro donde, caiga de un lado o del otro, el La moneda es la misma.

Pese al desmentido, el parecido entre ellos es creciente y provocan -como dicen- nostalgia por el futuro.

Tanto el Frente Amplio por México como la alianza que encabeza Morena revirtieron las piezas de la contienda, y mucho menos el rompecabezas.

Ambas fuerzas centraron su atención en quién debía liderarlas, así como en el método de selección, pero no en para qué. Le dieron más peso a la posición que a la postura, al juego que al objetivo. Así, quien gane la candidatura presidencial de un bando o del otro se llevará el premio sin tener una hoja de ruta. En cierto modo, los concursantes participan a ciegas en el concurso.

Diciendo que la suya es una coalición no sólo de carácter electoral, sino también político e, incluso, de un gobierno con una gran y renovada perspectiva, el programa del Frente es un enigma, y ​​con los charlatanes señalados como responsables de Al prepararlo, es difícil pensar en un documento serio. El programa se convirtió en una propina o reembolso para los políticos desalojados, un hueso al que pueden añadir algo de chatarra, si ganan. Sin ese proyecto acordado y compartido, los finalistas del concurso, la filopanista Xóchitl Gálvez y la priista Beatriz Paredes, plantean propuestas –Gálvez, a veces disparates– sin sustento ni un marco de referencia serio, dejando en duda para qué quieren el poder. .

Algo no muy diferente sucede en la alianza que encabeza Morena. En principio, el próximo 6 de septiembre, cuando se revele quién es la candidatura presidencial, ese personaje deberá firmar el proyecto de nación elaborado por la comisión integrada para tal fin. Una comisión donde conviven mentes brillantes y brillantes, dogmáticas y relativistas que, en supuesta consulta con el pueblo, determinará dónde profundizar la llamada cuarta transformación. Bajo esa limitación y con estrechos vínculos, los aspirantes presidenciales recitan el principio de “continuidad con el cambio” dictado por el líder, convirtiéndolo en su discurso o motivo más elocuente para, en una suerte de gran audacia, anunciar molduras a lo largo de lo ya preestablecido.

Así, los discursos de unos y otros son una aburrida letanía, cuando no el guión de una ponerse de pie sin muchas tablas en la comedia o la política.

Ante esta circunstancia, los estrategas de la respectiva contienda con la aquiescencia de los candidatos presidenciales decidieron hacer de la precampaña un ejercicio absurdo. Un ruedo para mostrar músculo o carisma político, aderezado con una u otra idea o ocurrencia, no un ruedo para presentar un proyecto de gobierno donde los posibles ejecutores exhibieran habilidad y liderazgo para llevarlo a cabo.

El Frente está atrapado. Una vez iniciado el proceso de selección de la candidatura, se llevó un par de sorpresas. El primero, la irrupción en escena de Xóchitl Gálvez, catapultada por la perversidad o terquedad presidencial e impulsada por un grupo de académicos, periodistas, intelectuales y ciudadanos profesionales que vieron su carisma y potencial electoral. La segunda, cuando ya resuelta y renunció a postular a Gálvez, la aspirante Beatriz Paredes comenzó a crecer por méritos propios y por su desvencijada maquinaria tricolor. Hoy, en el Frente chasquean los dedos y se muerden las uñas, sin digerir el deseo de volver a ocupar Palacio Nacional. ¿Cómo garantizar la candidatura de Xóchitl sin violar el proceso de selección ni provocar fisuras en el Frente? Si este es el caso, ¿cómo asegurar que su rebelión y simpatía naturales se vuelvan en su contra? ¿Cómo imponer un plan, si les falta un proyecto? ¿Cómo acusar de populista al actual inquilino de Palacio, cuando quizás proponen otro para sustituirlo? que nervios alternan para seguir en lo mismo, pero a la inversa.

En la alianza Morena el panorama también es complejo. El método de selección fue diseñado por una circunstancia distinta a la prevaleciente. Los concursantes se vieron obligados a recorrer el país sin debatir ni enfrentarse, limitándose a recitar los postulados de transformación y alabar a su líder, mientras la dirección del partido cerraba los ojos ante la espectacular desigualdad entre los concursantes. Se dio prioridad a quienes ya tenían sus apoyos atados antes de la contienda y, sin decir mucho, presumían de fortaleza. Luego, en el colmo del absurdo, Morena, a quien tanto le gusta consultar al pueblo ante cualquier quisquilloso, optó esta vez por sondearlo para definir la candidatura cuando, desde hace tiempo, se sabe. Y en el desarrollo del concurso, el líder del movimiento y padrino de los nominados se destacó por generar conflictos que comprometen a quien lo suceda y por mostrar, más allá del dicho, el trabajo que al final le cuesta entender y asumir. del sexenio. Así, temiendo que el movimiento pierda impulso o rumbo, quien respalde la candidatura se verá obligado a tener como lema: más de lo mismo que fue.

Seleccionada la candidatura correspondiente llega una pausa. Ojalá entonces se refleje que alternar o continuar en el poder sin un proyecto, no es una gran elección.

Pronto

Vaya gala del presunto ministro. Sin levantar grandes tesis, cumple con la expectativa por la que fue propuesta para formar parte de la Corte y votar según el dictado.

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