mar. Abr 14th, 2026

Los dias pasan; los comentaristas y los expertos todavía están con nosotros. El presidente Biden nos protege y dice que en su tierra no habrá crisis, mientras que la nuestra, López Obrador, nos promete cero crisis hasta el 2025, cuando, según su tabla Ouija, podría venir una de Estados Unidos que inevitablemente nos afectaría. Panorama enunciativo que habría desvalorizado la gran película de Giuseppe Tornatore, “Están todos bien” (Stanno tutti bene).

Sin entrar en el pantano de las proyecciones, lo mínimo que podemos decir ante tales afirmaciones es que solo nos queda esperar a que todo salga como dicen los responsables, aunque, como suele ocurrir, la reticente realidad interfiere y los datos insisten en contradecir las expectativas.

Si sometemos la economía al termómetro del empleo y su remuneración, la primera prueba que toda economía de mercado capitalista debe pasar, no funciona. Si nos atenemos a las cifras y datos, no tenemos los empleos necesarios para que todos los mexicanos que soliciten un trabajo puedan tenerlo; ni los salarios y prestaciones cubren lo mínimo necesario para que la mayoría de la gente tenga condiciones de vida dignas. La enfermedad de muchos no es consuelo para nadie, nunca lo ha sido.

El salario debe servir para que quien lo obtenga se mantenga y contribuya al bienestar de su familia, y estos, su familia, ese contingente de viejos y jóvenes que integran los hogares, tienen que comprometerse a proteger a los niños y a los ancianos. Por eso hay que adaptar tanto las condiciones de trabajo como el hábitat social y convertir la economía en una economía del cuidado, pero la sociedad no parece dispuesta a asumir tal responsabilidad. No sólo por la indiferencia y el individualismo, que los hay, sino porque las propias condiciones de trabajo impiden a muchos hacer esta doble o triple tarea.

El “puente mágico” encarnado en la mujer y su enorme capacidad para trabajar fuera del hogar y cuidar de los niños y ancianos con heroica generosidad, tiende a desgastarse por el cansancio del trabajo femenino y la falta de un apoyo eficaz y oportuno por parte de la Estado.

Repensar ahora, cuanto antes, toda la cuestión del mundo del trabajo, junto con el aspecto crucial de la salud y la seguridad social de quienes trabajan, de los ingresos y derechos, de los entornos y apoyos, es una gran prueba de que los mexicanos tenemos frente a nosotros. Nadie puede quedar fuera de esta construcción social y política que debe responder a un genuino reconocimiento de lo que significa ser humano en este mundo pospandemia, cada día más azotado por el cambio climático y los horizontes nublados de los sucesivos cambios económicos y financieros. crisis que dominan los panoramas.

No todos somos felices ni podemos serlo. Nos insta a reconocernos en los demás y entre nosotros, en las penurias y vulnerabilidades de muchos; Hacerlo es, debe empezar a ser, la respuesta de un ciudadano a los giros y vueltas del mundo.

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