dom. May 3rd, 2026

Estados Unidos comienza el año con muchos peligros y pocas oportunidades. Sus líderes deberán actuar con prudencia para tratar de salir de las trampas en las que se han metido.

Los programas de rescate excesivos los llevaron a niveles de inflación no vistos en cuatro décadas. La Reserva Federal no actuó a tiempo y ahora tiene que ser inflexible y mantener altas las tasas de interés. Eso afecta duramente a la producción manufacturera y las ventas minoristas. El alto costo de las casas alimenta la ya grave crisis de la vivienda.

El desempleo está en tasas históricamente bajas y el costo de la gasolina se ha estabilizado, pero los salarios continúan aumentando y el mercado de valores se tambalea.

La posibilidad de un aterrizaje suave se aleja y la percepción general de los agentes económicos es que habrá recesión.

El presidente logró que el Congreso aprobara importantes programas de política industrial para mejorar la infraestructura, combatir la contaminación ambiental e impulsar la producción de microchips.

El problema es que se necesita mucho trabajo para que funcionen. De los miles de millones autorizados para infraestructura, solo unos pocos proyectos están en marcha. Se han privado de criterios políticos por encima de consideraciones técnicas.

Se propusieron hacer eléctrica toda la flota de vehículos gubernamentales y tuvieron que postergar hasta 2026 la reconversión del segmento más grande: los camiones correo. Para esas fechas, en todo caso, los medicamentos comenzarán a abaratarse.

La peor ratonera en la que han caído es la crisis en la frontera con México. Siguen llegando miles de solicitantes de asilo y el aparato migratorio parece estar completamente desbordado. De nada sirve autorizar 125.000 ingresos, si los que los demandan son muchos más y hay dos millones de expedientes pendientes. El año pasado se autorizó esa misma cantidad y solo lograron reasentar a 20.000.

El Congreso es reacio a asignar más fondos a los tribunales de inmigración y campos de refugiados, mientras que el Poder Ejecutivo es incapaz de eliminar las normas obsoletas.

La inseguridad crece y nadie logra encontrar la fórmula para detenerla. Policías con fondos insuficientes que exigen armas militares se enfrentan a fiscales de distrito que dejan en libertad a delincuentes. No es un problema de “halcones y palomas”, sino de políticas públicas basadas en evidencia.

demasiada cuadrícula

La nueva mayoría republicana en la Cámara de Representantes llega con la consigna de entorpecer al máximo a la administración Biden. Seguramente frenarán el gasto y los presionarán con la parálisis del gobierno y con el máximo de endeudamiento.

Con Jim Jordan en el Comité Judicial, seguramente intentarán acusar al presidente, al secretario de Seguridad Nacional y a otros funcionarios. Van a repetir el escenario de los años 90, cuando el liderazgo radicalizado de Newt Gingrich acabó ahuyentando a los votantes.

Por su parte, los demócratas insistirán en llevar a juicio a Donald Trump. Motivos sobran, pero es un garlito porque si el fiscal Merrick Garland y el fiscal especial, Jack Smith, no logran presentar cargos, quedarán en ridículo. Si lo logran, será muy difícil no ver una intención política. En cualquier caso, victimizarse ayudaría a Trump, que ya está en campaña y tiene más poder dentro de su partido que hace seis y dos años.

Aunque muchos republicanos preferirían un candidato menos polémico, ni el gobernador de Florida, Ron DeSantis, ni el exvicepresidente Mike Pence, ni la exembajadora ante la ONU, Nikky Haley, ni el exsecretario de Estado, Mike Pompeo, pueden desafiarlo hoy.

Los demócratas tienen un problema similar. A pesar de su edad (tendría 82 años el día de las elecciones) y sus problemas de demencia, Joe Biden es su mejor carta. Es el único que ha conseguido frenar a los progresistas, populares dentro del partido, pero no en el electorado general. Entre los moderados, es el que más puede influir entre los legisladores.

La vicepresidenta Kamala Harris tiene índices de popularidad muy bajos y está perdiendo aliados. La gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, está indecisa. El secretario de Transporte, Pete Buttigieg, no ha mostrado tamaños, a pesar de administrar un presupuesto de infraestructura impresionante.

Es difícil pensar que aquellos que se metieron en todas esas trampas van a intentar escapar de ellas.

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Metro

By Metro

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