El año es complicado, con un gobierno federal que no le interesan otras regiones del país que no sean las escogidas por el Presidente. Hoy lo único que nos queda como ciudadanos -abandonados por la Federación- es esperar logros del gobierno estatal o del Municipio de Hermosillo.
El Gobernador tiene un margen de maniobra difícil, tiene un gabinete bastante efectivo, sin miembros con méritos propios que le den brillo a su gestión, esto siempre le rinde frutos a cualquier gobernante. Hoy carece de figuras relevantes.
Con la Federación ausente y dueño de perspectivas grises, no le queda más remedio que refugiarse en las cifras. Cuando recurre a los números para defender una actuación, se revelan los problemas. No hay forma de modificar la narrativa que se empieza a escribir, visualmente no hay forma de demostrar avances y comienzan las preguntas. Lo que siempre criticaron hoy es parte de su entorno.
No estoy destacando la obra fotovoltaica que está construyendo la Federación, ya que está lejos de funcionar y hay interrogantes sobre el proyecto, todavía no está claro cómo, cuándo y quién.
La seguridad sigue siendo el gran rezago de esta administración. El presidente puede creer que hacer los cambios o abordar los carteles lo convierte en rehén de la opinocracia -es libre de creer lo que quiera-, pero la realidad llama a su puerta todos los días y no hay ningún comunicador o periodista que intervenga, lo fatal. el escenario se apodera de la historia.
Algo que podrá modificar conductas y objetivos será su participación dentro de su partido como funcionario relevante, cargo que lo compromete aún más. La vida de los institutos políticos en tiempos electorales es trepidante, vertiginosa y exigente, es imposible atender los requerimientos de un partido y al mismo tiempo las necesidades de una administración. Se avecinan momentos complicados, elecciones y la agonía segura de un sexenio. También hay que reconocer que el tiempo es tu aliado, el sexenio es largo, por ahora.
En el caso del presidente municipal de la capital -supondríamos por la abundante difusión desplegada-, que lidera una gran transformación. Lo más caro para un político es creer su proselitismo, ser parte de una historia interesada en un hipotético cambio inexistente.
La reconstrucción de algunos cruces y avenidas está en proceso -algo plausible sin duda-, pero nada que presumir todavía. La planificación dejó mucho que desear y las obras requieren tiempo para su finalización y evaluación.
La conducta de la autoridad municipal volcada hacia la comunicación, nutre sus objetivos para aspirar a la reelección, condición en la que tiene posibilidades como cualquiera, pero que los capitalinos aún no están del todo convencidos, la historia reciente así lo demuestra.
La exageración es mala consejera, distorsiona la realidad y trastorna los objetivos. Se iluminan unas cuantas aceras -algo que es responsabilidad natural de los ayuntamientos-, y se desata una cascada de reconocimientos y notas en las redes sociales, como si se hubiera desvanecido la penumbra en la que se envuelve cada noche la capital.
Lo más grave es el abierto acoso de las autoridades hacia la ciudadanía, los abusos cometidos acrecentaron esta conducta extractiva acompañada de anuncios vacíos y una vanguardia simulada, seguramente todos los errores tendrán un costo político.
Mientras tanto, seguimos golpeando baches y escuchando la intensa propaganda. Hay que recordar que nuestro presidente municipal ya era alcalde de Guaymas y al finalizar esa administración, que también encabezó, la ciudadanía decidió votar por otro partido. Lecciones del pasado que no se aprendieron bien. El año se presenta complicado.
EL IMPARCIAL, ahora en su versión en web online, es el periódico líder al Noroeste de México y en Sonora, con una cobertura informativa oportuna y veraz en materia de noticias de actualidad y relevantes.
