vie. Jun 19th, 2026

En un abrir y cerrar de ojos –que para algunos parecía muy poco comparado con lo que se pretendía lograr y para otros la espera parecía eterna– llegamos al último año del sexenio de Andrés Manuel López Obrador y a su cuarta transformación. En unos meses, no sólo habrá finalizado un nuevo ciclo político en nuestro país –que comenzó el 1 de julio de 2018 y se colocó en un lugar privilegiado en la historia de México al lograr el mayor número de votos–, sino que también significará el comienzo de una nueva dirección. Entre mañaneras y constantes descréditos a todo aquel que no estuviera de su lado, la gestión de López Obrador ha sido un verdadero parteaguas en la vida nacional.

El todavía Presidente de México ha logrado modificar por completo las estructuras que sustentaban al país y, entre otras cosas, ha conseguido que la palabra “paz” simplemente haya desaparecido de nuestro vocabulario cotidiano. Pero lo preocupante es que México no es un caso aislado. Actualmente no hay paz en el mundo. Si analizas cualquier región del mundo –con algunas claras excepciones– te darás cuenta de que la mayor parte del planeta está en conflicto. No hay paz en Estados Unidos. No hay paz en Europa. Tampoco lo hay en Oriente Medio ni en muchas zonas del continente africano. Pero lo que es aún más preocupante es que no hay esfuerzos visibles y notables para establecer equilibrio y armonización entre las naciones.

Si bien técnica y estrictamente aún no se puede decir que el mundo esté en guerra, debido a la extensión, la polarización interna de los países y la tensión creciente que se puede analizar en cada situación, es posible afirmar que este momento es amenazante y con un enorme peligro. Aunque Europa, con la crisis entre Ucrania y Rusia y Oriente Medio con el conflicto entre árabes y judíos, se encuentra técnicamente en situación de guerra, no hay que olvidar que el fuego europeo –como se ha visto en la historia– es altamente inflamable. y puede propagarse rápidamente. En este punto es necesario recordar que las guerras se originan –entre otros factores– a partir de una lucha territorial, y también es importante no olvidar que basta una mala decisión o una mala interpretación de un movimiento para que todo se salga de control en cuestión de segundos. .

En los últimos seis años el mundo ha cambiado tanto que hasta los tableros geopolíticos y geoestratégicos se han modificado. Cuando comenzó el sexenio, en 2018, había dos potencias económicas claras que apuntaban a liderar el rumbo del mundo, me refiero a Estados Unidos y China. Acontecimientos como la guerra de Ucrania, liderada por Rusia, o el impresionante ascenso demográfico y económico de la India, han provocado que el equilibrio global nos obligue a pensar que actualmente hay más de dos potencias capaces de inclinar la balanza de la economía, la política y la economía. y futuro social del país. planeta.

No quisiera centrarme en analizar lo que ha significado el descuento y el inevitable quiebre de lo que ha significado la modificación y, en parte, erradicación de estructuras en México. Éste debe corresponderse con el análisis intrínseco del balance que se hará a lo largo de este sexenio, con los datos correctos y sin matices a la hora de sacar conclusiones. Lo que es evidente a estas alturas es que muchas cosas han cambiado –no necesariamente para mejor– y hemos llegado a un punto en el que, más allá de lamentar lo sucedido o lo que hubo que hacer, no queda más remedio que enfrentar la realidad.

El primer paso para poder cambiar o mejorar algo es aceptar el estado y la situación actual. Y así como hace mucho tiempo que el mundo se encuentra en un panorama rodeado y caracterizado por múltiples conflictos que se desataron en paralelo, también debemos ser conscientes de que si ha habido un momento en el que el diálogo y las agendas deben ser centrado en garantizar la paz, eso es todo. Sin embargo, tenemos un mundo en el que se habla de alto el fuego, de cambiar, de destruir y modificar todo desde la raíz. Hablan de todo… menos de paz.

En el caso de México, es necesario ser conscientes de que, pase lo que pase el próximo 1 de junio, nada volverá a ser igual. Y todavía tengo la sensación de que en las próximas elecciones hay un verdadero protagonista que es el mismo que lleva toda la vida intentando ganar. Curiosamente esa persona no es quien podría ganar las elecciones y ser nombrado líder del país, sino que se trata del actual Presidente que está a punto de irse. Lo que haga López Obrador de aquí al próximo año es de suma relevancia y marcará en gran medida el futuro cercano de nuestro país, por lo que es muy importante dedicar el debido análisis y estudio a sus acciones y estrategias políticas.

En la culminación de este año también se cierran muchos ciclos, pero, sobre todo, no ha sido hasta este año cuando verdaderamente hemos visto la luz al final del camino de lo que representó el cambio más grande que han experimentado las personas. padeció, que fue la pandemia del covid-19. El coronavirus no sólo trajo consigo muerte, desolación y una fuerte crisis social, económica y hasta política, sino que supo encerrarnos y obligarnos a enfrentar nuestras realidades.

El Covid-19 provocó que todos los seres humanos del planeta cerraran con llave las puertas de sus hogares y enfrentaran la realidad que habitaba sus propios hogares. Para algunos afortunados esto fue un alivio ya que les dio el tiempo necesario para recuperar todos los momentos perdidos con su querida familia, pero para muchos otros fue un verdadero calvario que solo sacó a la luz la oscuridad y la triste situación que enfrentan cada día. . Durante muchos años muchas personas dijeron que su sueño era poder llegar a un punto en la vida en el que tuvieran mucho tiempo. La pandemia no sólo nos aisló y nos llevó al límite de la movilidad y la salud, sino que también nos brindó ese ansiado regalo de poder disponer del tiempo necesario que tanto habíamos pedido. Curiosamente, nos dimos cuenta de que eso en realidad no era suficiente.

Llegará el día en que los expertos sacarán los verdaderos resultados y consecuencias de lo sucedido desde que se registró el primer contagiado en Wuhan, en 2019. Llegará el momento en que la historia juzgará los crímenes cometidos por unos y por otros y por todos las injusticias y las guerras que estallan en todo el mundo. Mientras llega ese momento, es importante mirar el presente y analizar detenidamente las consecuencias inmediatas y los efectos cada vez más notorios y difíciles de contrarrestar.

2024 será un año de oportunidades, pero, sobre todo, de cambios. En primera instancia, será un año en el que las elecciones paralelas tanto en México como en Estados Unidos serán el principal foco de atención. Con tantas cuestiones en disputa y debate, será interesante e importante prestar atención a lo que cada uno propone. Aunque en lo que más deberíamos centrarnos y en lo que más deberíamos exigir es en la formulación de propuestas y estrategias que no sólo allanen el camino del desarrollo, sino que conduzcan realmente a un estado de paz y armonía entre las sociedades.

Habrá cambios imperceptibles de los que nadie hablará, aunque habrá otros de los que será imposible no darse cuenta. Habrá cambios en la forma de interactuar de las sociedades, cambios en la percepción del mundo y de la diplomacia entre naciones, cambios en todo, aunque lo cierto es que lo peor permeará el ambiente. Uno de estos cambios será también la modificación de las estructuras de poder –al menos en México y Estados Unidos– y se dará en medio de lo peor de cada sociedad. No se puede vivir sin esperanza. La esperanza es confiar en que las cosas mejorarán. El tema es que ahora la lista es tan larga y los cambios estructurales que hay que hacer son tan importantes, que lo que tenemos que acordar es qué cosas –más allá de la situación política de un sexenio– deben morir y para qué cosas. realmente tenemos que luchar para restaurar.

Esta columna volverá el próximo lunes 8 de enero. Mientras esto sucede, parece que lo único sensato que se puede desear y a lo que se puede aspirar es a poder encontrar –tanto política como económica y socialmente- un espacio para poder seguir viviendo..

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