mié. Oct 28th, 2026

TORREÓN.- El moreirato y una de sus herencias -la megadeuda- sobrevolaron el primer debate oficial de candidatos a la gubernatura de Coahuila, realizado ayer en esta ciudad.

En el teatro Nazas, Lenin Pérez, de la alianza PVEM y la Unidad Democrática de Coahuila; Manolo Jiménez, de la alianza PAN, PRI, PRD; Armando Guadiana, de Morena, y Ricardo Mejía Berdeja, del PT, se encontraron por primera vez como candidatos.

Los coahuilenses pudieron ver a los cuatro candidatos entrelazar ataques con algunas propuestas durante dos horas. El tono de los primeros era propio de viejos conocidos en una clase política cuasi gámica que sin despeinarse, se ensillan enjuagues y trucos serios.

Fiel al guión de este tipo de encuentros, quien menos cartulinas o gráficos utilizó para lanzar denuncias de hechos graves fue el dirigente Jiménez, de la alianza oficialista. Dijo que se enfocaría en propuestas, y de estas destacó la promesa de que a principios de 2019 rehabilitará las guarderías canceladas.

Y aunque Guadiana se dedicó a repetir que la elección sería entre “el del PRIAN y yo”, no supo escapar de las puyas que le lanzó una y otra vez Ricardo Mejía, desertor del gobierno de López Obrador, y quien acusó al candidato de Morena de tener carpetas de investigación por su relación con Los Zetas, el cártel que asoló a Coahuila durante años.

Lenin Pérez, por su parte, sin dejar de responder a los golpes verbales, tuvo la participación más estructurada, la que formuló propuestas, e incluso la que se atrevió a mencionar que el desafío del agua no se resolverá si se detiene la explotación de ese recurso. no revisado. lo hacen los productores de leche. Mencionar que en esta cuenca lechera no es cualquier cosa.

Tercero en las encuestas hasta ayer, Mejía tuvo este domingo su primera oportunidad para descontar la ventaja que tienen Manolo Jiménez y Armando Guadiana. Fue blanco de ataques incluso del PRI, que lo acusó de haber traicionado a “los cinco partidos” de los que ha sido miembro, pero se concentró en acusar a Jiménez de avalar la megadeuda de la época de Humberto Moreira, y de otras irregularidades suyas y del gobierno de Miguel Riquelme, a quien acusó de corrupción en mandos policiales.

Guadiana intentó una broma con su tradicional sombrero, mala idea si lo que quería era imitar a López Obrador en el debate de 2018 cuando se quedó con la cartera porque se la robarían. El Nazas, donde se dieron cita mil simpatizantes de todos los candidatos, no celebró su puntada. Sin embargo, su estilo campechano no está necesariamente mal visto en el estado.

Manolo Jiménez se mostró deseoso de darle la razón a quienes en el debate señalaron que él era un nuevo Peña Nieto: sus intervenciones, la mayoría leídas, pecaron formal y técnicamente, en un cuidado de las formas que sin duda remite al estilo priísta del que habla. Está claro que no lo niega.

Los candidatos se reunirán nuevamente el miércoles en Saltillo en un debate organizado por la Coparmex. Y hay otra organizada por la autoridad electoral.

A pesar de lo que suele publicarse en los medios nacionales, aquí la campaña es propia de una competición donde nada se decide.

Sobre todo si se recuerdan dos factores: Morena obtuvo más de 300.000 votos en la revocatoria del mandato de 2022, cifra que en el pasado ha representado prácticamente la mitad de lo que se requiere para ganar la gubernatura; y los observadores locales estiman que más del 20 por ciento aún son votantes indecisos. Las campañas, para no olvidar, cuentan.

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