
En cualquier país del mundo, la inversión en infraestructura es un tema estratégico, porque genera desarrollo y crecimiento económico y es la clave para aumentar la competitividad regional, nacional e internacional.
La infraestructura es el elemento detonante del crecimiento, porque si bien proporciona a las empresas servicios importantes como energía, carreteras, ferrocarriles, comunicaciones, servicios hidráulicos, etc., también genera ingresos permanentes y temporales por concepto de sueldos y salarios a las familias, acelerando el círculo virtuoso. de desarrollo
En la historia moderna de México no ha habido un esfuerzo coordinado y coherente para generar un plan integrador de infraestructura que genere la necesaria expansión del sistema de transmisión eléctrica nacional; el sistema nacional de oleoductos; la red de carreteras federales; el sistema ferroviario nacional; los puertos; cruces fronterizos; el sistema hidrológico nacional; infraestructura turística; telecomunicaciones, entre otros.
Una de las condiciones para que México alcance su máximo potencial es acelerar la inversión nacional y extranjera en sectores que desencadenen un crecimiento sostenido y sostenible. Debido a que la infraestructura demanda grandes cantidades de recursos y los efectos sobre el nivel de crecimiento y desarrollo se concretan en el mediano y largo plazo, es necesario generar un marco legal y regulatorio que proporcione al país un programa de inversión en infraestructura. equilibrado, rentable y sostenible, con un mecanismo integral y transparente para su planificación y ejecución.
Cuando el Estado mexicano asume el rol de promotor de proyectos de infraestructura, debe sujetarse irrestrictamente a la Ley, cuyo diseño, aún con deficiencias, ha evolucionado para cerrar espacios de discrecionalidad y corrupción en la ejecución de obras públicas para el desarrollo de infraestructura. . Los tres niveles deben garantizar, por ley, que sus proyectos de infraestructura estén justificados socioeconómicamente y sean rentables, técnicamente viables, ambientalmente sostenibles y jurídicamente viables. En otras palabras, pocos sectores de la economía aceptan menos “otros datos” que el sector de infraestructura.
Para darle viabilidad, estabilidad y expansión ordenada al sector de infraestructura en México, las inversiones en el sector deben realizarse de conformidad con el Estado de derecho y las regulaciones a las que están sujetos el gobierno, las empresas y los ciudadanos. Sin embargo, si bien las normas actuales para el desarrollo de infraestructura se encuentran plenamente reguladas en la mayoría de las agencias de los tres niveles de gobierno, nuestra institucionalidad aún permite excesos que deben ser eliminados por el bien del sector y del país.
El apresurado proceso de inversión de las obras emblemáticas de esta administración ha demostrado que México aún adolece de un marco legal e institucional débil para el adecuado desarrollo del sector de infraestructura.
Se han observado errores como falta de planificación; selección discrecional de proyectos; procesos de consulta ilegítimos y amañados; estudios de preinversión sesgados; falta de análisis financiero y de rentabilidad; proyectos ejecutivos ausentes o desordenados; falta de gestión del derecho de vía; desastres ecológicos; aplazamiento de metas; ciclos de trabajo forzados e inestables; desperdicio presupuestario; sin responsabilidad; comunicación engañosa; opacidad total, etc.
Si México aspira a hacer de su sector de infraestructura uno de sus motores de desarrollo, como en la mayoría de los países, debe aspirar a un marco legal, institucional y regulatorio que promueva la transparencia, la eficacia, la eficiencia y, sobre todo, la responsabilidad y el involucramiento de todos los actores en el proceso. sector.
Todos los esfuerzos que se han hecho anteriormente para generar una estrategia integral para el sector de infraestructura en México deben derivar en una Ley Nacional de Infraestructura. Esta legislación debe basarse en una reforma constitucional que brinde seguridad jurídica y aplicación de criterios uniformes en el país para el desarrollo de infraestructura.
La aspiración de una ley como la propuesta es brindar certidumbre al ciclo de inversión en el sector de infraestructura a través de criterios uniformes de análisis de preinversión, factibilidad financiera y socioeconómica, criterios técnicos internacionales, transparencia y rendición de cuentas, calidad y medición de metas y resultados, responsabilidad ambiental, eficiencia presupuestaria, priorización sectorial e intersectorial, equilibrio regional, incorporación y apego al mantenimiento y conservación de la infraestructura y, sobre todo, una visión integral de la infraestructura en México.
Nuestros líderes políticos saben que el sector de infraestructura es una prioridad para México y deben dotarlo urgentemente de un nuevo marco legal e institucional, y asimilar que la ciencia no puede descansar en OTROS DATOS, aunque provengan del titular del Ejecutivo.
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