
Uno de los escenarios más complejos que puede enfrentar nuestro país en materia política es llegar al 2 de junio de 2024 y tener un resultado de las elecciones presidenciales muy reñidoNo importa quién gane.
En una democracia en la que no exista polarización y donde las autoridades tengan pleno reconocimiento de los actores en pugna, esto no debería implicar ningún problema.
Una diferencia de unos pocos votos sería suficiente para que el perdedor reconociera el resultado sin impedimento.
Desgraciadamente, se ha comenzado a gestar una circunstancia en la que las posibles reclamaciones pueden acumularse a lo largo de los meses de ilegalidad que dan lugar a que el perdedor pueda impugnar el resultado ante los tribunales.
Si la ventaja para el ganador es amplia, tal vez el asunto esté resuelto. Pero si es estrecho, entonces la pesadilla puede comenzar.
Un caso controvertido es el de las precampañas avanzaron.
El hecho de que las dos principales fuerzas en disputa hayan adelantado sus procesos para seleccionar a su candidato presidencial puede ser objeto de diversas reclamaciones judiciales.
La primera y más clara tiene que ver con la equidad.
Que las leyes pongan fechas definidas para las precampañas, lo que buscan es que todos los actores en contienda salir a competir al mismo tiempo.
Si alguien se adelanta, se rompe la premisa de equidad que subyace en la definición de las etapas que son obligatorias para todos los partidos y candidatos en la competencia.
Pero, además, puede haber el problema de la financiación.
Si se considera que las actividades realizadas por los aspirantes a candidatos forman parte de las precampañas, entonces habrá que sumar los gastos incurridos en el presente proceso a los que se realicen formalmente durante el período de las precampañas que comenzarán en la segunda quincena de noviembre.
Pero, además, existirá la posibilidad de que, con independencia de lo que declaren los partidos, puedan ser considerados como gastos los registrados por el Instituto Nacional Electoral en su actividad fiscalizadora.
Los funcionarios del INE monitorean periódicamente la actividad electoral y pueden realizar actividades que van desde el conteo las espectaculares que se han desplegado con las imágenes de los aspirantes, hasta la cantidad que se tiene que desembolsar para llevar a cabo una concentración en una plaza pública, y todo ello podría imputarse como gasto de precampaña.
Un tercer problema que constituye un riesgo para los próximos meses es que tanto el INE como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) parecen ‘tirarse las pelotas’.
Parece que nadie quiere agarrar el toro por los cuernos y solo están estancados.
No haber reaccionado de manera ágil y oportuna Desde que iniciaron las actividades de los candidatos virtuales se ha generado un vacío que deja una ambigüedad en la interpretación de lo que está sucediendo.
Por un lado, Morena señala que es un procedimiento interno de su organización para designar al coordinador de los comités de defensa de la Cuarta Transformación, mientras que los opositores señalan que no se trata de una actividad electoral, sino que es la selección del coordinador para la construcción de un Frente.
Tiene toda la razón la jueza Janine Otálora cuando señala que ambos mecanismos Son simplemente recursos para intentar eludir la ley, porque para todos es evidente que lo que estamos viendo es el proceso de selección de dos candidatos presidenciales que encabezarán cada una de las alianzas o coaliciones que se formarán en 2024.
Ni el INE ni la Corte quisieron parar el proceso cuando empezó Morena, y tampoco, por reciprocidad, cuando la oposición empezó con su mecanismo.
El hecho de que tengamos criterios ambiguos y falta de claridad por parte del INE y de la Corte, puede llevar a un debilitamiento de la fuerza de ambas autoridades.
La credibilidad de la autoridad es clave para asegurar que tengamos una transición política fluida que no genere incertidumbre y que nos permita tener una situación estable en el país, independientemente del resultado.
Una autoridad débil que aplica las leyes con criterios poco claros puede llevar a que las fuerzas políticas intenten romper las reglas y establecer su voluntad a través de presiones, manifestaciones callejeras, o incluso no debemos descartar el riesgo de usar la violencia.
Todavía estamos a tiempo, como país, de evitar estas circunstancias. Pero la tarea más importante debe ser realizada de inmediato tanto por el INE como por el TEPJF para fortalecer su posición como árbitro y autoridad respectivamente.
Ojalá las personas que integran estas instituciones no se queden niñas ante el desafío de las circunstancias actuales.
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