
Debido al monumental descuido con el que el Congreso, en particular la Cámara de Diputados, llevó a cabo el trámite legislativo de una parte del llamado plan B en diciembre pasado, la Corte Suprema decidió declarar nulas todas las reformas realizadas a un par de leyes generales. . Son las leyes de Responsabilidades Administrativas y de Comunicación Social, obviamente en los aspectos relacionados o aplicables a la materia electoral. La decisión de la Corte, el pasado lunes 8 de mayo, fue contundente: nueve votos contra dos. Cabe señalar que para dictar dicha resolución no fue necesario entrar en el estudio de fondo de dichas reformas. Bastó solo considerar la serie de artimañas y la forma tortuosa en que procedieron los legisladores de Morena y sus aliados, para declarar la inconstitucionalidad de lo que aprobaron.
Antes de continuar, vale la pena señalar un par de cosas. Lo primero es señalar que quizás como nunca en su historia, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha adquirido notoria visibilidad e importancia en la vida pública del país, como debe ser, acorde con su categoría de verdadero poder. . Muy sana, siempre que la ejerza en los términos prescritos por la Constitución.
La otra cosa a tener en cuenta es la actitud belicosa, muchas veces grosera y hasta vulgar que siempre asume el presidente López Obrador al referirse a la Corte. La señal inequívoca de que al no estar bajo su control adopta este comportamiento indigno frente a ella. Porque su estado de ánimo sería muy diferente si la Corte cediera a sus caprichos, como le ocurrió a Arturo Zaldívar cuando la presidió.
En la mañana del día siguiente a la decisión de la Corte, como era de esperarse, López Obrador reaccionó con furia. Su malestar incluyó sus habituales insultos a los ministros. Pero también hizo dos propuestas:
Uno, que ahora expuso como plan C, consistía en convocar a sus seguidores a lograr una votación en las elecciones de 2024 que les permitiera llevar a las cámaras a 334 diputados federales y 86 senadores, de tal forma que con esa cifra lleguen a la mayoría. requisito para reformar la Constitución. Sin darse cuenta, por una evidente traición del subconsciente, lo que López Obrador reconoció sin decirlo fue que su llamado plan B contiene modificaciones a las leyes que violan la Constitución.
La otra idea que expuso López Obrador en su mañana de martes consistió en proponer que, tal como lo establece la Constitución de 1857, en tiempos de Juárez, los ministros de la Corte Suprema sean designados por voto popular.
Dicha Constitución del 57, en efecto, dispuso que los miembros de la Corte Suprema serían designados por elección popular indirecta en primer grado en los términos previstos por la ley electoral, según lo establecido en los artículos 91 y 92 de dicha Constitución, de entre ciudadanos quienes “en opinión de los votantes” son “instruidos en la ciencia del derecho”.
Es posible que López Obrador no tenga la más remota idea de cómo funcionaba esa Corte con ministros electos por voto popular. El escritor Miguel Lanz Duret, que estudió la materia, escribió en su libro Derecho Constitucional Mexicano que dicho procedimiento para la designación de ministros fue “peor (que el anterior) y sus resultados más nulos”. Además, dijo: “nada es menos propio del sufragio popular que el nombramiento de funcionarios no políticos sino técnicos”.
Por su parte, el reconocido constitucionalista Emilio Rabasa (nadie conocía tanto la Carta Magna de 1957 como él), en su célebre obra La Constitución y la dictadura, publicado en 1913, escribió al respecto lo siguiente: “nuestro atraso es lamentable. En ninguna nación de Europa los magistrados son elegidos democráticamente. Y agregó, no sin ironía: “Sólo Guatemala y Honduras están con nosotros en todo el mundo civilizado, y no podemos jactarnos de que tal sociedad justifique nuestro sistema” de designación de los miembros de la Corte por voto popular.
Suena y parece más sensato designar a los médicos del IMSS y del ISSSTE, sean o no especialistas, oa los pilotos de la nueva compañía aérea del Ejército por votación popular, que a los ministros de justicia por este método. Así de absurda es esta locura presidencial.
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