
Esta semana, el Presidente volvió a su mítica historia. Ahora afirmaba que la corrupción no existía en la época prehispánica, sino que la trajeron los europeos. Es una idea más de ese conjunto de creencias que han servido para inventar la comunidad que llamamos “México”. Desde el siglo XIX se creó una historia de ficción en la que las virtudes provenían de los pueblos originarios y los defectos de los europeos. Hacia finales de siglo el enemigo ya era Estados Unidos, pero el odio a todo lo español quedó en un segundo plano. En la versión del siglo XX no hay dos como México, y si los resultados no se logran es por culpa del extranjero, o del empresario, o hasta del cura.
Estas creencias se basan en una suerte de excepcionalismo mexicano, que nos aleja del mundo y nos mantiene observando atentamente nuestro ombligo. Quizás por eso no nos damos cuenta de que a otras naciones les pasa algo similar. En todos ellos se ha construido una historia mítica para fortalecer a la comunidad, aunque no todos lo han hecho con el mismo nivel de xenofobia y rencor que nosotros.
Estas historias míticas son en realidad una versión suave de las utopías. Mi punto de vista es que las utopías se construyeron con el objetivo de devolver el poder a los dos grupos que lo ejercieron a lo largo de casi toda la historia de la humanidad: gobernantes y sacerdotes. La aparición de un tercer grupo, los empresarios, que nos ha permitido multiplicar la riqueza por más de 600 en los últimos 500 años, ha sido la gran amenaza para ellos. Estos empresarios estaban quitando poder a los gobernantes (hasta que fueron sometidos mediante la democracia) y a los clérigos, ahora llamados intelectuales (gracias a la ciencia). El punto de partida de estos emprendedores fue afirmar que todos los seres humanos tenemos la misma dignidad, y por eso todos debemos participar en el gobierno (democracia), en la generación de riqueza (mercado) y en la creación de conocimiento (educación).
Gobernantes y clérigos han intentado poner fin a esto a través de utopías, historias dirigidas a las emociones de las personas, que constan de cuatro elementos: un final feliz (inalcanzable), una tribu elegida, un líder divino y una liturgia (ritos, libros sagrados). . El líder, imbuido del carisma divino, decide quiénes forman parte de los elegidos, y los encamina hacia ese final feliz, que nunca sucederá. Para convencer a más seguidores es necesario tener rituales (rituales matutinos, por ejemplo; pañuelos blancos, frases sencillas) y verdades infalibles. Entre ellas pronto aparece una versión del pasado que antiguamente se conocía como “la edad de oro”. Lo que perdimos a manos de grupos malvados, es algo que debemos afrontar hoy.
Las personas elegidas cambian con el tiempo. En el siglo XVI se definió por la fe en el dios correcto; en el 18, autenticidad y cercanía a la naturaleza (romanticismo); En el siglo XX teníamos dos sopas, la clase social (la dictadura del proletariado) y la raza superior; Hoy tenemos varios experimentos en marcha: la combinación del nacionalismo con algunas de las sopas del siglo XX, por ejemplo, o la definición basada en agravios: quién ha sufrido más, por su color de piel, género, orientación, colonización en el pasado, etc
Aprovechando la historia mítica que aprendemos en la escuela, López Obrador construye su relato con sencillez como la mencionada al inicio, que sin embargo resuenan en la mente de millones de mexicanos: les hace recordar la escuela primaria. El objetivo es el de siempre: concentrar el poder en gobernantes y clérigos (intelectuales), y destruir a los empresarios. Por eso las utopías siempre han terminado en tragedia.
METRO es un sitio web internacional en donde destacan las noticias más relevantes de hoy, actualidad y diversos temas como deportes, politica, economía y más. Con información veráz y acertada en cada noticia de todo el mundo.
