mar. Ago 4th, 2026

El 15 de mayo es una fecha que trasciende en la historia de la educación en México. La declaratoria para celebrar a los maestros en el país fue establecida por el presidente de México, Venustiano Carranza en 1917, así lo indican documentos históricos. El Día del Maestro, en esa época, se celebraba con la suspensión de clases, pero no con el cierre de las instituciones educativas. Las escuelas mantuvieron sus puertas abiertas para que las familias y los estudiantes visitaran a sus maestros para celebrarlos y honrarlos. La fecha mantiene la tradición, pero su significado ha perdido vigencia. En aquellos tiempos era un acto social y comunitario acudir a ese espacio común como símbolo de respeto a la profesión.

No es noticia que la educación en el mundo atraviesa una de las mayores crisis de las últimas décadas. Estamos viviendo lo inesperado con el cierre de escuelas y las consecuencias son preocupantes principalmente porque los alumnos perdieron sus aprendizajes, aumentó la deserción y el impacto en la salud mental de docentes, alumnos y familias. Lo más grave es que los docentes deben resolver esta crisis sin ningún tipo de acompañamiento o herramientas que les permitan hacerlo; Por eso, en esta fecha, es importante hacer un llamado a la reflexión sobre la profesión docente; una profesión que requiere un enorme valor social y una profunda renovación.

Los docentes en México son profesionales de la educación y deben ser tratados como tales. No basta elevar su reconocimiento con medallas, incentivos o celebraciones si no se comparte una mirada común de respeto hacia ellos. Los gritos de guerra para evitar generalizaciones no sólo son importantes sino fundamentales para la construcción de una sociedad mejor. En aulas multigrado, en telesecundarias, en bachilleratos, en preescolares, en administraciones escolares, en primarias indígenas, en secundarias técnicas, en tutelas, en escuelas de educación especial, en espacios de apoyo técnico; En definitiva, en cada espacio hay una persona formando a las próximas generaciones de este país.

Sí, es válido reconocer las diferencias y compartir las mejores prácticas, pero el reaprendizaje de una profesión basado en la evidencia debe ser un tema de agenda y atención pública. La docencia ha sido transformada por innumerables condiciones sociales, políticas y culturales, pero no debe perder su vigencia, ni su sentido, ni su prioridad en el presupuesto. A pesar de lo enormes que son los avances tecnológicos en estos días, las interacciones entre maestros y estudiantes siguen siendo y deben seguir siendo la máxima prioridad dentro del aula y dentro del entorno escolar.

En México la enseñanza ya no es la misma de hace más de un siglo. Esta profesión debe ser atendida y vista con un profundo sentido de transformación. Por ejemplo, las águilas son un claro ejemplo de lo desafiante que puede ser renovar. Cuando estas aves alcanzan los 40 años de vida, se enfrentan a un duro proceso de cambio, ya que por sus características biológicas -uñas largas, peso y grosor de las plumas, pico largo y puntiagudo- pierden su capacidad de caza e incluso de supervivencia. Esta especie elige morir o renovarse. Si optas por la segunda opción, el proceso demora alrededor de 150 días, según los especialistas. Cuando esto sucede, acaba mudando el pico hasta tener uno nuevo que le permita limpiar su plumaje y cortarse las uñas para emprender un nuevo vuelo; esta transformación le permite vivir al menos 30 años más.

La enseñanza, a diferencia de las águilas, no puede esperar hasta que alcancen su tiempo máximo de uso para cambiar. Si bien todo proceso de formación docente requiere desaprender y reaprender, es importante seguir reflexionando sobre una profesión que necesita una constante renovación de procesos y recursos.

La docencia en México requiere de una trascendente renovación social. Démosle a cada maestro en cada rincón del país, en cada escuela, la oportunidad de retomar su vuelo y su valentía. Es urgente que las autoridades educativas de todo el país destinen recursos, inviertan y otorguen condiciones a los docentes para que los procesos de enseñanza y formación sean mejor acompañados. No hay atajos ni fórmulas simples en educación. Lo que sí sabemos es que la docencia tiene diferentes tiempos, espacios, formas y personalidades que ya no se pueden invisibilizar.

Celebramos 106 años de reconocer esta fecha, varias décadas en las que nuevas dinámicas y festividades han ido adquiriendo otro tipo de relevancia y conmemoraciones distintas. Para los maestros en México, mi más sentido y profundo reconocimiento por su trayectoria, trayectoria y compromiso. Muchos maestros y maestras han sido mis mentores y mis grandes tutores. Honremos este 15 de mayo a esos millones de maestros.

La mejora educativa se hace y se debe hacer con los docentes que tenemos, muchos de ellos sumergidos en enormes desafíos, cansados ​​y agotados, otros caminando con esperanza en el camino de la casa a la escuela y viceversa. La crisis educativa debe ser noticia, y no cabe duda que es responsabilidad de todos garantizar el derecho a aprender de todos los niños y jóvenes en México, pero para lograrlo también debemos garantizar los derechos de sus docentes.

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