mié. May 6th, 2026

“Cuando esta víbora muerde no hay remedio en el boticario”. Aquella expresión amenazadora hizo que los matones del barrio grabaran en la hoja del puñal con el que peleaban, el sarape enredado en el brazo izquierdo a modo de escudo. Las serpientes no pican, muerden, pero la fuerza de la consonante obliga a poner “elefante” en lugar de “hormiga”. Tengo en mi biblioteca un libro interesante escrito por Don Leopoldo Rodríguez Uribe, de Huichapan, Hidalgo. En él habla de unas serpientes venenosas llamadas macahuites, que cuando ven a una mujer embarazada tiran su veneno al suelo y huyen despavoridos, porque si la muerden son los que perecen. Cosas de nuestro México mágico. Me arriesgo a una explicación devota a la leyenda: Tal vez se acuerden de la Virgen Madre, que les aplastaría la cabeza con su calcañar según la maldición del Génesis. Con respecto al término “farmacéutico” un amigo me aconsejó que no lo usara. “Los años te van a quitar” -me advirtió. El nuevo término era “farmacia”. Una vez escuché la loca historia del tipo que fue mordido por una serpiente de cascabel en el glande. El glande es la parte extrema o cabeza del miembro viril. El compadre que lo acompañaba llamó a un médico a su celular, y este le dijo que lo primero que se debía hacer en tales casos era chupar la parte donde el reptil había mordido para extraer el veneno o veneno en la mayor medida posible. “¿Qué dijo el doctor?” preguntó el hombre herido con ansiedad. El otro respondió con tristeza: “Te vas a morir, compadre”. Me sirve esa historia, seguramente apócrifa, ¿quién deja morir a un amigo? -, con el fin de expresar mi pesar por la disolución del consejo electoral ciudadano que se había formado para buscar una candidatura opuesta a la de Morena en las próximas elecciones presidenciales. Frente a la ilegalidad organizada, una oposición completamente desorganizada. En esta lamentable situación, la esperanza hoy es Xóchitl Gálvez. De lo contrario tendremos que decirle a México: “Te vas a morir, compadre”. La linda Dulcibel le dijo a su amiga Susiflor: “Don Algón es un idiota. Me ofreció un reloj de lujo si me acostaba con él”. Le dijo a Susiflor: “Vamos a ver”. Un chico se topó con un antiguo compañero de escuela en el centro comercial. Le preguntó: “¿Qué le pasó a Octavario, ese religioso amigo nuestro?” Le respondió al otro: “él tomó las órdenes”. Le preguntó al primero: “¿Se hizo sacerdote?”. “No”, especificó el compañero. “Él se casó.” La atractiva joven procedió a vestirse en el consultorio médico. Le dijo al médico: “Lo encuentro muy bien, doctor. ¿Cuándo quiere mi próxima visita?” Ovonio finalmente logró, después de cuatro meses, que su médico del seguro lo viera. Él le dijo que no tenía ganas de levantarse por la mañana para ir a trabajar. El médico, a falta de estetoscopio, lo comprobó con uno que él mismo había fabricado con dos botes vacíos de judías verdes, unidos por un hilo. Le pidió a Ovonio: “Dígame lo que tengo, doctor. Pero dígame en términos sencillos, sin usar terminología médica complicada”. Tras un exhaustivo examen que duró 30 segundos, dictaminó el especialista: “No tienes nada, amigo. Lo que pasa es que eres un güe…”. “Gracias, doctora”, respondió Ovonio. “Ahora dígame usando terminología médica complicada, para que pueda decírselo a mi esposa”. Noche de bodas. La ansiosa recién casada, ansiosa por conocer sus placeres himeneales, se precipitó a los brazos de su flamante esposo y obtuvo su primera experiencia sexual de él. Terminado el conocido trance se miró la región de la entrepierna y de inmediato le dijo con voz contrito y apesadumbrado: “Te juro que no quise acabar con ella”. FIN.

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