
Cierra la computadora después de un largo día de trabajo y le resulta difícil sentarse. Va a recoger del suelo los juguetes de sus hijos o nietos y se da cuenta cómo baja una descarga eléctrica por la columna vertebral. Ella se da vuelta en la cama y su espalda baja se queja. Si esto sucede con frecuencia, y durante al menos tres meses, está claro: sufre de dolor de espalda crónico. Quizás sea una buena idea entonces iniciar una terapia psicológica.
Dolor de espalda crónico: un mal común
Dolor de espalda (especialmente en la zona lumbar) Es uno de los dolores crónicos más frecuentes.. Afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo y es una de las razones más comunes para acudir a la sala de emergencias.
Siendo este el caso, es sorprendente que no existe un fármaco capaz de eliminar este problema raíz: si existiera una pastilla o pomada que acabara con el dolor agudo, no se convertiría en un problema crónico. Por lo tanto, vale la pena preguntarse: ¿por qué no es suficiente?
El dolor está en nuestro cuerpo, pero también en la mente
La respuesta es clara a la vez que compleja: aunque lo que duele es la espalda, el malestar no es fisicamente en la espalda. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor como una experiencia “biopsicosocial”, en la que el cerebro es el director de orquesta que define su intensidad, frecuencia y duración.
Esa experiencia creada por el cerebro es, en gran parte, aumentada por el estrés, que puede ser físico (como consecuencia de malas posturas en el trabajo o haber levantado peso de forma inadecuada) o psicológicos (problemas con los compañeros que generan tensión muscular, insomnio…), entre otros. Y funciona al revés también.: las personas con dolor crónico experimentan tasas más altas de depresión, ansiedad e insomnio que los cura, contribuyendo a alimentar un círculo vicioso del que puede ser difícil salir. ¿Qué podemos hacer?
lo que dice la ciencia
En primer lugar, siempre se recomienda descartar una causa física ante la duda. Por ejemplo, una hernia de disco o un nervio espinal pinzado Pueden causar mucho dolor y requerir atención médica. –y en ocasiones cirugía– para paliarla. Una vez descartado esto, podemos considerar el dolor de espalda crónico como primario. O dicho de otro modo, como una enfermedad en sí misma, y no como consecuencia de otra dolencia.
Si este es el caso, la evidencia científica avala los beneficios de las intervenciones psicológicas. En un metanálisis reciente, que incluyó casi 100 estudios con más de 13 000 participantes, la investigadora Kwan-Yee Ho y sus colegas encontraron que la aplicación de la psicoterapia junto con la fisioterapia tuvo efectos significativos para mejorar la función física y reducir la intensidad del dolor en personas con dolor lumbar. Estos investigadores también encontraron que los programas que incluían educación y terapias conductuales mantuvieron los efectos a largo plazo.
En otro estudio similar, con más de 10.000 pacientes, el anestesiólogo alemán Johannes Fleckenstein y sus colaboradores estudiaron los diferentes efectos de la fisioterapia si se aplicaba sola o acompañada de tratamiento psicológico. Así encontraron que los programas de ejercicio físico en combinación con la terapia cognitivo-conductual produjo los efectos clínicos más significativos.
¿En qué consisten estas terapias psicológicas?
Hay varios enfoques. Es recomendable comenzar evaluando las necesidades de la paciente, sus valores y objetivos. El siguiente paso consiste en ofrecer una explicación de la neurobiología del dolor; por ejemplo, por qué no es igual al daño físico o cómo el cerebro nos ayuda a modularlo.
Posteriormente, se discutirán posibles estrategias con dos objetivos. Por un lado, es permitir que el paciente realice más actividades importantes para él, como ir a trabajar, salir a bailar con amigos o jugar con los nietos. El otro objetivo es tratar los episodios de dolor de espalda de forma complementaria o alternativa a la medicación.
Las técnicas dependerán del enfoque (por ejemplo, cognitivo-conductual o Terapia de aceptación y compromiso.) y el caso concreto. Algunas técnicas habituales son: aprender a tomar conciencia del cuerpo, la respiración diafragmática, la meditación, la hipnosis, la regulación emocional, la mejora de los hábitos de vida (incluida la actividad física y el sueño), etc.
En muchos casos será recomendable también asistencia a fisioterapiadonde se pueden enseñar ejercicios específicos y aplicar técnicas como el manejo del dolor con frío y calor, electroestimulación o técnicas manuales.
mirando el futuro
Tal vez algún día, cuando la ciencia avance lo suficiente, podamos cambiar nuestras espaldas por una biónica, al igual que reemplazamos una parte de nuestro auto cuando se descompone. Hasta entonces, debemos seguir investigando las mejores formas de cuidar la espalda y aliviar el dolor.
En este sentido, la IASP ha declarado 2023 como el año de las terapias integradoras mente-cuerpo, reconociendo que los tratamientos puramente médicos no son suficientes y debemos más investigación sobre la eficacia de los enfoques multidisciplinarios. Además, la Organización Mundial de la Salud está finalizando las pautas de práctica clínica para el dolor de espalda que tienen como objetivo facilitar la implementación de prácticas basadas en evidencia.
La nota original se puede encontrar dando haga clic aquí.
Por Rocío de la Vega de Carranza, investigadora en psicología de la Universidad de Málaga.
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