lun. May 11th, 2026

El Presidente de la República, en su habitual manipulación de la realidad, afirma que la nueva marcha en defensa del INE es una excusa para defender a García Luna.

¿Dónde está la conexión entre un hecho y otro? Sólo él lo entiende, o lo fabrica, o lo inventa.

El problema es que estamos acostumbrados. Pronuncia un rosario de tonterías diarias de tal magnitud, que ya no hay razón para prestarle atención.

Ya choca con la marcha en defensa del INE, cuando lamenta que el propio Instituto no acepte su “Plan B” electoral. Todavía se atreve a señalar que los “consejeros no tienen vocación democrática”.

Y como nos acostumbramos, bueno, ni miramos atrás. Vivimos en la actitud resignada de ser gobernados por un mentiroso compulsivo que pretende ser todo lo que no es:

“No soy rencoroso”, ha señalado en múltiples ocasiones. Todos los que lo conocen de cerca afirman exactamente lo contrario: nunca te perdona.

“Yo no miento”, cuando es su actividad más extensa, continua y permanente.

Pero es aún más grave que tener un propagandista vegetal en la Presidencia de la República. El daño destructivo a las instituciones de México tomará más de 10, 15 o más años para reconstruirse.

Por eso es vital defender al INE de su ofensiva administrativa disfrazada de ajuste presupuestario frente a supuestos excesos. Su Plan B ataca el núcleo del Instituto Electoral, porque de hecho debilita su capacidad esencial para organizar procesos electorales, formar ciudadanos, supervisar escrutadores y cumplir a cabalidad con todas las funciones que le asigna la ley.

¿Por qué AMLO —el pseudodemócrata— intentaría entorpecer, dinamitar, burocratizar el funcionamiento transparente e impecable del INE?

Mantener el control de los procesos, ser él, Caudillo Máximo, quien designe ganadores y perdedores, reducir la representación de la oposición, abrumar con un movimiento a su imagen y semejanza.

AMLO no es demócrata, no es liberal en defensa de los derechos de la ciudadanía, del fortalecimiento de un Estado institucional que promueva el desarrollo de México. Es un conservador atrapado en complejos y viejas ideologías, que pretende imponer -como ha demostrado en 4 años de gobierno- su visión de país.

El INE es el último bastión de la joven, imperfecta, incompleta y vulnerable democracia mexicana.

Si AMLO modifica la estructura del Instituto, provoca el despido de miles de trabajadores, atacará mortalmente la organización equitativa, transparente, ciudadana de las elecciones. Tomará el control del organismo, como ha ocurrido con otros organismos autónomos.

La CNDH dejó de existir desde que instaló a Rosario Piedra con gran invalidez.

La CRE quedó reducida a un organismo que cumple con las instrucciones de la Secretaría de Energía, cuando era un ente regulador independiente.

La Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH) fue integrada por la misma Secretaría de Energía para dejar sin efecto su independencia y decisiones.

La Cofece languidece en la inoperancia de comisionados no designados y presupuesto estrangulado.

El INAI aún está a la espera de completar su Consejo para ejercer votos, decisiones y funciones esenciales.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación sufrió gravemente por una presidencia (Arturo Zaldívar) sometida al Ejecutivo federal y ahora enfrenta el escándalo del ministro espurio, propuesto y designado por AMLO para debilitar la autonomía de la Corte.

El Banco de México y su Junta de Gobierno enfrentarán la ofensiva del Ejecutivo federal, con la llegada del nuevo vicegobernador al servicio del Caudillo.

Solo nos queda el INE, por eso “estoy choleado” con salir a defenderlo, por eso le molesta tanto y reacciona con furia vinculándolo al juicio a García Luna, donde su gobierno no tiene ningún mérito.

La investigación, las acusaciones, la integración de testigos y todo el proceso son labor de agencias estadounidenses. AMLO se presenta todos los días para jugar al justiciero que encarcela a los presuntos corruptos. Su gobierno no hizo nada en 4 años para detener, investigar, acusar a García Luna. Ahora, cuando los fiscales de Estados Unidos lo tienen en el banquillo, no faltó que el canciller -en busca de una estrellita en la frente- interpusiera una demanda por una supuesta “restitución” de 700 millones de dólares.

¿No le correspondería a la Fiscalía presentar pruebas de desvíos, cuentas, empresas?

Es que el fiscal general está ausente por enfermedad, pero el presidente, en su irreprimible sarta de mentiras, dice que su espalda está muy bien y trabaja desde casa.

Ya chocho con un partido, un presidente y un gobierno que viola sistemáticamente la ley, que patea el estado de derecho, que atropella continuamente empresas, ciudadanos, organizaciones, porque eso es lo que le conviene al nebuloso futuro de Morena.

Ya me choco con la mentira sistémica, con la movilización callejera para distraer la atención de un estrepitoso fracaso, de decenas de promesas incumplidas, de trenes que chocan, de sistemas que fallan, de obras que no funcionan.

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