dom. May 10th, 2026

“Esto será un completo fracaso” fue lo que pensé. En ese momento me di cuenta de que la aplaudida reforma constitucional de 2008, que transformaría el proceso penal en México de un proceso inquisitivo a un sistema acusatorio, sin duda iba a fracasar.

En 2013 participé en un foro sobre los desafíos para la implementación de la reforma penal, donde también participaron el nuevo Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y el abogado Jesús Murillo Karam. Hasta entonces supuse que sería la Procuraduría General de la República, con el apoyo de Gobernación, la que lideraría el esfuerzo de la administración para implementar la reforma penal que debía estar lista en junio de 2016. Pero, al observar y conversar con el procurador y el Secretario de Gobernación Ese día, durante el foro de 2013, no solo sería el Secretario de Gobernación, Osorio Chong, quien lideraría la implementación de la reforma a la justicia penal, sino que habría poca coordinación con el Abogado Murillo Karam.

La reforma de 2008 fracasaría: buscaba la transparencia de los procesos penales, la reducción de la corrupción, la protección de los derechos de imputados y víctimas, el uso racional de la prisión preventiva y, sobre todo, la impartición de justicia de manera más eficiente y expedita.

Fracasó en parte porque desde la Secretaría de Gobernación se utilizó con intenciones políticas que permitieran crecer a Osorio Chong quien, desde el inicio de la administración Peña, no ocultó sus ambiciones de ser el próximo Presidente de México. No solo monopolizó la reforma penal, sino que inició la destrucción de la Policía Federal al promover la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública para monopolizar la fuerza civil y la inteligencia.

Durante el sexenio de Peña nunca se consideró construir instituciones que pudieran fortalecer el estado de derecho y el sistema de justicia. Por el contrario, buscaron utilizar las reformas como plataforma y protección política. En 2014, el Congreso aprobó otra reforma constitucional creando la Procuraduría General de la República, que al menos en el papel sería independiente del ejecutivo.

Buscando solucionar el problema de la injerencia del Ejecutivo en las decisiones del Ministerio Público por parte del Presidente de turno, se reformó la Constitución en febrero de 2014, creándose el Ministerio Público, que sería un órgano autónomo del Ejecutivo. Ja ja ja ja ja ja.

Si algo es absolutamente incuestionable es el fracaso de la estrategia de “abrazos y balas no” del presidente Andrés Manuel López Obrador y la destrucción de la Fiscalía General de la República gracias al fiscal “independiente” Alejandro Gertz Manero.

Estamos en el peor de los mundos: No solo el país vive una ola histórica de violencia e impunidad, sino que el fiscal no es independiente ni tiene la supervisión política que permita delimitar al fiscal.

Los resultados de Gertz Manero como fiscal casi nos llevan a la conclusión de que hubiera sido mejor no haber implementado la reforma constitucional de 2014.

La independencia del Ejecutivo no depende de una reforma constitucional, sino del sentido ético y moral de quien asuma el cargo de fiscal general.

Vale la pena estudiar el cuestionado modelo de aplicación de la ley estadounidense: en este momento el Departamento de Justicia, bajo el mando del fiscal general Merrick Garland, investiga al expresidente Donald Trump, al exvicepresidente Mike Pence y al actual presidente Joe Biden -quien en el papel es su jefe.

Pareciera que la selección del próximo fiscal dependerá de los compromisos pactados de no investigar a determinados “personajes” políticos, empresariales y criminales.

Esto me lleva a la falta de transparencia sobre la integridad física de Alejandro Gertz Manero. Más allá de los rumores que surgieron hace una semana cuestionando la situación de salud y geográfica del Fiscal General de la República, la realidad que se avecina es la presión para que sea reemplazado antes de las elecciones de 2024. No solo por la mala gestión, las acusaciones de abuso de poder y corrupción, sino por la salud y la edad Gertz Manero señala que en los próximos meses o años habrá la necesidad de nombrar un nuevo fiscal.

La pregunta es si sucederá antes de las elecciones de 2024 o después. Para López Obrador, su familia, allegados al Presidente, secretarios, elementos de las fuerzas armadas, políticos de la oposición, líderes del crimen organizado, el mismo Ovidio, líderes de la oposición, expresidentes, empresarios, todos buscarán influir y así garantizar protección e inmunidad. con el nombramiento del próximo fiscal general.

Por eso los buitres vuelan en el horizonte.

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