dom. Abr 26th, 2026

La marcha ciudadana del 13 de noviembre, dijimos en su momento, tuvo dos efectos. Primero, mostrar a las fuerzas políticas del país la decisión de los ciudadanos de apoyar al INE y evitar la destrucción de la democracia. Segundo, poner la situación en México en el radar internacional. En un ambiente con muchos puntos de atención, lograr que los principales foros internacionales incluyeran a nuestro país entre las democracias en riesgo fue algo muy importante.

En los últimos días, periódicos como Los New York Times cualquiera Tiempos financieros, así como revistas del nivel de El Atlántico Han publicado textos de primer orden que registran el ataque que sufre la democracia desde la Presidencia de la República. Cuando algo similar se ha visto en otros países, como Estados Unidos y Brasil, estos llamados de atención de estos medios internacionales tienen una clara resonancia.

El 13 de noviembre los organizadores de la marcha no imaginaban la cantidad de personas que asistirían, por lo que planificaron un recorrido desde el Ángel hasta el Monumento a la Revolución. Cuando se dieron cuenta de la respuesta, se arrepintieron de no haber convocado al Zócalo. Ayer corrigieron ese error. Ya no era una marcha, sino una concentración, directamente en la Plaza de la Constitución. La afluencia fue, una vez más, abrumadora. Cientos de miles de personas asistieron a defender la democracia, y la misma cantidad llenó plazas públicas en cien ciudades de México y el mundo.

Si el 13 de noviembre nos manifestamos para impedir un cambio constitucional que pusiera en riesgo la democracia, este 26 de febrero lo hicimos para frenar los cambios legales a todas luces inconstitucionales que impulsó el gobierno cuando fue detenido por primera vez. Es decir, los ciudadanos hicimos lo que debía hacer el Presidente, según manifestó al asumir el cargo: cumplir y hacer cumplir la Constitución, no promover leyes inconstitucionales para derogar la Carta Magna.

Como dijimos cuando la marcha del 13N, esa movilización tenía sentido porque antes se realizaron las elecciones intermedias, el 6 de junio de 2021, y la ciudadanía asistió y decidió sacar a la mayoría calificada de la coalición presidencial. Desde entonces, el Congreso le ha negado al Ejecutivo reformas constitucionales, y el Presidente ha reaccionado impulsando leyes que violan la Constitución. No puede haber evidencia más clara del desprecio de López Obrador por la ley, y la interminable sed de poder que la acompaña.

El Plan B, como se le ha llamado a este paquete de leyes violatorias de la Constitución, me parece que será detenido por el Poder Judicial. Entonces querrán hacerse con el control del Consejo General del INE, con la elección de tres directores, más el consejero presidente. Posteriormente buscarán quitarle recursos en el presupuesto de 2024, pero para entonces es muy probable que López Obrador ya no tenga suficiente poder. Sin embargo, se negará a aceptar su derrota (porque es él quien va a las elecciones, aunque lo haga a través de un intermediario). Tendremos un conflicto postelectoral serio, insisto, como el de Estados Unidos o Brasil, y luego veremos qué pasa.

En cada paso es necesaria la participación ciudadana. Parar el plan A, parar el plan B, y muy pronto, construir la opción alternativa con la que derrotar la restauración autoritaria que impulsa López Obrador en 2024. Esta movilización ciudadana es la verdadera oposición, pero para convertirse en opción electoral requiere de la partidos politicos Conectar ambos mecanismos, eliminar creencias en terceras vías y bloquear protagonismos inútiles requerirá una atención constante.

Se trata de detener la restauración, primero, y luego llegará el momento de la reconciliación y la reconstrucción. No podemos desfallecer, serán 20 meses muy intensos.

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Metro

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