
El entorno de la construcción en México siempre ha sido tan incierto como volátil, y además, en los últimos años ha experimentado cambios drásticos impulsados por fenómenos políticos, financieros, tecnológicos y logísticos, agravados por la pandemia y eventos internacionales como la interrupción de las cadenas de suministro y la inestabilidad social y geopolítica global.
A pesar de este entorno cambiante, es posible identificar algunas tendencias que nos muestran hacia dónde nos dirigimos en el mediano plazo.
Hoy es una demanda generalizada, pero también una necesidad, que los edificios y muchas otras obras de infraestructura sean capaces de desempeñarse adecuadamente en muchos más aspectos que nunca, especialmente en cuestiones ambientales, sociales y económicas.
Antes, los clientes pedían a los diseñadores y constructores básicamente un edificio seguro (que no se cayera) y económico. Hoy el costo inicial de construcción o adquisición ya no es tan importante como su costo total durante todo su ciclo de vida útil; Se ha vuelto deseable que el edificio contribuya a mantener o mejorar la salud de sus ocupantes, cuidando las tasas de renovación del aire, los niveles y tipo de iluminación, la temperatura, los niveles de ruido; el rendimiento energético es ahora vital y parte fundamental de esta nueva tendencia que tiene que pasar por la obtención de la energía necesaria a partir de fuentes limpias y renovables, y estrictas medidas de eficiencia energética que reduzcan su huella de carbono o permitan alcanzar la neutralidad total.
Así, seguramente seremos testigos de la optimización de los diseños a través de nuevas herramientas sostenibles que permitirán alcanzar resultados concretos y los objetivos de actuación propuestos para afrontar con éxito el cambio climático. Esto transformará la forma en que se gestionan los proyectos, desde un edificio individual hasta un barrio o la ciudad entera.
Al mismo tiempo, será necesaria una profunda evaluación y armonización del marco regulatorio para garantizar y acelerar el cumplimiento de las metas de sostenibilidad. Los costos de la energía continúan aumentando en todo el mundo, por lo que la eficiencia, la transición y la descarbonización deben acelerarse y priorizarse. Como ejemplo de ello, en el Reino Unido hoy en día es obligatorio que las casas nuevas generen un 30 por ciento menos de emisiones de CO2, lo que hace necesario incidir desde las primeras etapas de diseño para lograr estos niveles de reducción.
Otra gran tendencia en la industria de la construcción es la transformación digital que atrae la innovación. Las nuevas herramientas digitales basadas en datos continuarán expandiéndose para brindar mejores resultados a través de la interoperabilidad que agiliza el flujo de trabajo entre herramientas, procesos y socios. Veremos más y más aplicaciones de inteligencia artificial y automatización integradas en las disciplinas de arquitectura, ingeniería y negocios.
Todo este entorno en torno a los datos, el trabajo colaborativo, las plataformas en la nube, mientras el sector busca vías para incidir en el desarrollo sostenible, proteger la biodiversidad, combatir el cambio climático y mejorar los sistemas urbanos, dará como resultado nueva inteligencia que generará ciudades mejor preparadas para afrontar la incertidumbre, pero también aprovechar las oportunidades que depara el futuro.
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