
Hace un año amanecimos con la estatua del presidente hecha pedazos en Atlacomulco. Lo cierto es que se ha mantenido tan fuerte que muchos consideramos que quiere perpetuar el poder, ejercido por él mismo o por alguno de sus títeres.
No cabe duda de que su intención de rebajar las funciones del INE es debilitar al instituto para conservar el poder. El presidente aseguró que buscaba ahorros con los cambios pero mantuvo intacto el presupuesto multimillonario otorgado a los partidos. Veremos en febrero si se sostiene la reforma electoral del presidente, tras la visita de Biden. Aprobado o no, López Obrador, para quienes tenían dudas, dejó en claro su intención de permanecer en el asiento del águila. Por ahora, cientos de miles de personas en todo el país salieron a marchar el 13 de noviembre contra la voluntad del presidente de “tocar” el INE.
López Obrador resultó no ser un gran estadista sino un vulgar político con sed de poder. Contra este tipo de personajes, el liberalismo erigió sus ideas más formidables: división de poderes, libertad de expresión, organismos autónomos, contrapesos del poder. Porque la constante en el gobierno de los hombres es el abuso autoritario. Con el pretexto de acabar con la corrupción, López Obrador socavó las instituciones liberales. Subordinó el Congreso y el poder judicial, favoreció los ataques a los medios de comunicación y los ataques a los periodistas, y disminuyó las funciones de los organismos autónomos. No le importó dar marcha atrás en sus consideraciones sobre el Ejército y la seguridad nacional militarizada a cambio del apoyo incondicional de los militares, así como tampoco le importó llegar a acuerdos tácitos con el crimen organizado para controlar la violencia a cambio de permitir su intromisión en las elecciones.
Bajo el pretexto de combatir la corrupción, ha incrementado su poder. La corrupción atávica del sistema político mexicano permanece. En listas internacionales, México aparece como un país más corrupto. ¿O no es corrupción al más alto nivel que el presidente minimice el plagio de un ministro de la corte suprema? ¿No es corrupción que el presidente tolere el plagio de su fiscal general para obtener el beneficio del SNI? Corrupción es que el presidente designe candidato por el Estado de México a una persona que es un delincuente electoral. La corrupción no fue barrida de abajo hacia arriba. Nadie fue procesado por presunta corrupción en la construcción del aeropuerto de Texcoco. Tampoco se procesó a nadie por corrupción relacionada con el sistema de suministro y distribución de medicamentos. Este gobierno declaró que iría a por todas contra el huachicol, resultado: los huachicoleros duplicaron su tamaño. Esto no se logra sin una profunda corrupción. El fraude en Segalmex es mucho más grande que la “estafa maestra”. La corrupción para este gobierno significa un instrumento contra los enemigos.
López Obrador ha logrado ocultar el aumento de la corrupción y la pobreza gracias a la propaganda, cuyo eje es su conferencia matutina. En ese espacio juzga por encima de la ley. En ese espacio sin ley que es la mañana, él es la ley. Lo que veremos en 2023 será un López Obrador exaltado, un presidente decidido a trascender su visión. ¿Y cuál es su proyecto? No es para erradicar la corrupción y reducir la pobreza sino para aumentar su poder personal.
La única forma en que los ciudadanos pueden oponerse a este proyecto unipersonal es a través de los partidos. Debemos exigirles, en primer lugar, que realicen elecciones primarias para elegir a sus candidatos. Que abran decididamente las puertas del registro a la ciudadanía. Que muchos precandidatos se registren y debatan. Hay que exigir a los partidos: si de verdad estáis a favor de la democracia, poned en práctica la democracia interna. El principio de solución de nuestros problemas debe ser democrático.
Debemos encontrar formas creativas de participar. El peligro es real. Lo venimos advirtiendo desde 2006. El peligro de la conducción autoritaria.
Debemos obligar a los partidos de oposición a que realmente nos representen. Todo parece indicar que planean elegir candidatos desde arriba. Sería un gran error. No se necesita un candidato que represente a las clases medias, sino un candidato que nos represente a todos, y por lo tanto popular. No llegaremos muy lejos con un candidato de élite.
Las mujeres han sido protagonistas de grandes momentos de oposición. Frente a ellos, el presidente se escuda, se encierra tras altísimos muros de hierro. Les teme, no les comprende, no sabe qué decirles. Es hora de que las mujeres lideren el movimiento para expulsar del Palacio al populismo autoritario.
El presidente afirma que no ha polarizado sino politizado el país. Considera (marxismo de base) que politizar es crear conciencia de clase. Su lógica es clara: un país con mayoría de ciudadanos pobres debe tener un liderazgo populista. La paradoja que no pueden resolver es que el movimiento de los pobres está creando más pobres y más corrupción, empezando por el círculo cercano al presidente. 2023 promete ser un año muy interesante, es decir, problemático y complejo.
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