jue. Abr 23rd, 2026

El que dice lo que va a pasar en China es tan aventurero como el que hace predicciones meteorológicas en Tabasco.

Los hechos son los únicos datos sólidos. Y el primero de ellos nos dice que los chinos ya cruzaron el Rubicón.

Hay una llama de libertad que se ha encendido en las ciudades más importantes del país, que es lo que sabemos, y sus consecuencias son impredecibles.

El arrogante emperador Xi Jinping inaugura los plenos poderes y la dictadura vitalicia que le otorgó el reciente Congreso del Partido Comunista Chino, con manifestaciones de una dimensión jamás vista por el régimen, donde le piden que se retire.

Hay represión física y detenciones selectivas, hasta ahora.

Bajo regímenes dictatoriales, se agudiza el ingenio para evitar la censura y evitar ser arrestado. Eso, entre otras cosas, lo estamos viendo en China. Como decía Borges, citado por el maestro Raúl Quintanilla: “La censura es la madre de la metáfora”.

La principal forma de protesta, que dificulta la censura de los policías de Xi, es pararse en la calle con una hoja de papel en blanco.

Una maravilla. Todos ven esa hoja y mentalmente escriben lo que quieren.

El régimen sabe lo que los ciudadanos ponen en esa hoja en blanco, pero no es explícito, para evitar que los agentes de seguridad arresten por algo que no hay forma de probar.

A pesar de esto, las páginas en blanco también están en el punto de mira de la policía cibernética del régimen chino, pero los internautas han encontrado una manera de burlarlos, como veremos más adelante.

Otra forma de hacer crecer, a través de las redes sociales, la protesta contra el dictador, es hacerlo con juegos de palabras que difícilmente pueden ser castigados.

Nicholas Kristof, quien durante varios años fue jefe de la oficina del New York Times en Beijing, escribió sobre una larga discusión en las redes sociales chinas sobre las cáscaras de plátano.

¿Cáscaras de bananas?

Sí, esas inocentes tiras amarillas deben tirarse a la basura porque causan daño, tienen tales y tales efectos nocivos y han traído dificultades al pueblo chino. Por lo tanto, ¡fuera la cáscara de plátano!

Resulta que en chino cáscara de plátano se escribe xiang jiao pi. Es decir, tiene las iniciales de Xi Jinping.

En algunos puntos donde es posible reunirse, cuando la policía se acerca, la gente comienza a cantar el himno nacional chino, alzando la voz en la estrofa que dice “levántense los que se niegan a ser esclavos… la nación china enfrenta su mayor peligro”. .”

A ver, agentes del aparato represivo chino: detengan a la gente por cantar el himno nacional.

Encarcelar a las personas que tienen una hoja en blanco.

Prohibir escribir en la cáscara de plátano.

Tampoco pueden censurar los partidos del Mundial, donde la gente se emociona y se divierte, en grupo y sin cubrebocas, porque la mayoría de los países ya conviven con un virus que se ha vuelto endémico, peligroso en muchos casos, para el que hay vacunas. .

Y menos cuando los líderes chinos viajan a reuniones y asisten a cenas de gala por todo el mundo, sin distanciamiento social ni cubrebocas. En su país, en cambio, la población está sometida a un control militar sobre su vida.

Las vacunas chinas fueron ineficaces. El 60 por ciento de los mayores de 80 años (es decir, un titipuchal de millones) no ha recibido la dosis de refuerzo. El pueblo sufre por la arrogancia de los jerarcas comunistas que se negaron a comprar las excelentes vacunas aprobadas por la FDA de los Estados Unidos.

Más que controlar el Covid, sus políticas parecen enfocadas al control de la población, en tiempos de desempleo y de menor crecimiento económico en 40 años.

Volvamos a la censura. ¿Cómo es que filtran imágenes de protestas callejeras, a pesar de tener la barrera del aparato de control de información más sofisticado del mundo?

Una posibilidad, dicen los expertos en el tema, es que el enorme volumen de videos haya saturado el software de bloqueo automatizado y abrumado al ejército de censores del aparato comunista.

Según un ex director de control cibernético, citado por el Nueva York, “Para manejar con éxito los videos provenientes de toda China, las plataformas Wechat y Douyin tendrían que contratar 10 veces más personal”.

Imposible, especialmente en un momento en que el desempleo juvenil urbano en China está en un récord del 19 por ciento, y los principales impulsores de empleados bien pagados son las grandes tecnológicas.

Además, se agudiza la imaginación para sortear los algoritmos de censura.

El exdirector de cibercontrol chino lo explica:

“Los censores usan inteligencia artificial para filtrar videos. El sistema funciona bien para identificar videos u objetos específicos, como velas o tanques, que indican protesta. Pero a menudo falla cuando se trata de encontrar categorías de videos más generales”.

Por ejemplo, dice, están los trucos, como editar varios videos juntos, que desconciertan aún más al software.

Hacer un nuevo algoritmo que se adapte a cualquier situación dada, dice la información privilegiada del periódico de Nueva York, como imágenes de multitudes de personas con papeles en blanco, llevaría mucho tiempo y sería costoso.

Sí, los chinos ya cruzaron el Rubicón.

Por cierto, ¿no va a protestar nuestro gobierno por la flagrante censura de la libertad de expresión en China?

¿O es solidaridad solo con Donald Trump, para que desinforme a su antojo en Twitter sobre las elecciones y el Covid?

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Metro

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