mié. Jun 17th, 2026

Existe en Texcoco, Estado de México, un oasis del toreo. En la tierra del faraón Silverio, en medio de la hostilidad y el abandono casi mediático que vive la tauromaquia, la familia Marco Sirvent se dedica desde hace más de una década a reivindicar el toreo a su manera.

La Plaza de Toros de las Cinco Villas es un paraíso donde se respeta al toro y al torero, se honra la tauromaquia y se respeta la tauromaquia en sus tradiciones, ritos y grandezas. Mi opinión es que es una plaza de toros de primera, aunque no tiene el aforo bajo el que en su momento se encasilló la categoría de plazas de toros, esta coqueta plaza de toros tiene la grandeza que reclama la pasión por el toreo.

La generosidad en los recursos y en el detalle es absoluta, todo está pensado, todo está previsto para que en un momento determinado toro y torero se encuentren y aflore la magia irrepetible de este arte. Esta plaza de toros en sus inicios fue considerada por el mezquino y miope medio taurino como un capricho de sus dueños, sin entender y dimensionar lo que ha significado para muchos toreros y muchos ganaderos poder torear y torear en el albero texcocano, y digo albero porque sí Efectivamente, la arena fue traída de la comarca sevillana de Alcalá de Guadaíra. En aquellos años se dieron muchas corridas de toros sin picadores, a veces exageradas por la crueldad de los animales y la inexperiencia de los ejecutantes. Toreros como Isaac Fonseca, hoy una de las mayores promesas de nuestro toreo, tuvieron sus primeras oportunidades, los hermanos Llaguno y muchos otros que ya son toreros en la actualidad.

En esta década hubo momentos en los que el complejo ambiente taurino acabó por cansar a Luis Marco y éste se dedicó a ofrecer toros y novillos a puerta cerrada, a grandes nombres, noveles y prácticos. Pero es tal su generosidad que en este proceso ha desarrollado incluso la primera empresa de streaming de festejos taurinos: tauronet.tv, bien asesorado por alguien que le ha mostrado amistad y desinterés estos años, el comentarista taurino Juan Antonio Hernández.

La familia Marco, Luis y Lucero no han dejado de darle a la Fiesta su tiempo, compromiso, pasión y recursos. El Domingo de Ramos protagonizaron una corrida de toros de primer nivel. Cartel digno de cualquier monumental, Octavio García el Payo, el hispano nacido en Cádiz, David Galván y el hidrocálido, Héctor Gutiérrez ante seis imponentes toros de la ganadería zacatecana de Pozo Hondo. El binomio causó revuelo en el ambiente taurino y la afición prácticamente llenó la cómoda y funcional grada de la plaza de las Cinco Villas. Homenaje y beneficio al hogar La Divina Providencia, en memoria de su fundadora, la Madre Inés, recientemente fallecida.

Gran ambiente en las líneas, seriedad y categoría en la pista. La corrida estuvo muy bien presentada, toros tipo Llaguno, cuajados y muy bien hechos.

El Payo era un torero con sus dos cuernos. Ambos toros afortunados no terminaron de rematar sus embestidas en el último tercio y el queretano solo pudo darnos destellos de su toreo, se equivocó con la espada y recibió ovaciones al término de sus actuaciones.

David Galván pelea como le gusta en todo el mundo. Bueno y lento. Tiene percha y coraje para hacerlo. Así era su debut en México y la ilusión y el compromiso se estrellaron con una tanda de pocas opciones, incluso en el séptimo regalo. La falta de ritmo y distancia del toro mexicano en su lidia fue evidente por momentos, sin embargo, la bondad y profundidad de su toreo se dejó ver por momentos, dejando claro que si invierte tiempo en subirse a nuestra Fiesta, puede ser torero. que gusta, y mucho, en México.

A quien le gusta, y mucho, es a Héctor Gutiérrez. Hace apenas unas semanas toreó en Guadalajara un encierro del mismo origen, sin suerte, pero el destino es caprichoso y el lote que le tocó, esta vez en la rifa, quedó en reserva en Guadalajara esa tarde.

El primero fue el mejor toro de la corrida, un tipo serio, de pelaje negro brillante y un par de pitones que honraban la crianza iniciada hace más de un siglo por el bisabuelo del ganadero que hoy dirige y selecciona en esta ganadería. casa.

Balanceo y lances suaves con el capote, el toro humillante y cogiendo ritmo a cuatro patas al moverse ante el buen toreo de Héctor.

La faena comenzaba con los hinojos, zumbando al toro para luego calzarle la cintura, clavarle las herraduras y bordar la tauromaquia. Faena de altos vuelos, temperamento eterno y profundidad en las muletas. Trabajo de dos orejas. Estocada desprendida, petición mayoritaria y hasta encontrar arroz negro en Cinco Villas, el papel absurdo de un juez sin criterio ni toreo que le niega la oreja.

Al sexto lo toreó a placer, colocó al caballo casi en medio para que el piquero David Vázquez le cuajara un gran puñetazo. Héctor hizo el mejor quita por chicuelinas que he visto en muchos años, emulando al maestro Manolo Martínez o al de Camas, Paco Camino. El toro en la muleta se apagó y poco más se pudo hacer.

¡Qué torero! ¡Qué temperamento! ¡Qué lento! ¡Qué valor y qué buen gusto!

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