
La palabra coaching está de moda en el ámbito administrativo y especialmente en el de la interacción humana, sobre todo porque ofrece un paradigma diferente al tradicional y abre nuevos caminos para encontrar soluciones.
En esencia, el coaching desbloquea el potencial de las personas con las que trabaja. Por ello, la analogía obvia es con el entrenador deportivo que no entra en el terreno de juego y busca en cada participante su potencial individual, además de tener la capacidad de interactuar en equipo con el resto de sus compañeros. En un mundo ideal, se desearía que cada miembro despertara una fuerza de liderazgo para obtener resultados sobresalientes en su conjunto.
Desde este punto de partida, es fácil entender que el coach tenga la posibilidad de realizar sesiones individuales con quienes quieran repasar aspectos particulares de su proyecto de vida o ejecutivos en un entorno empresarial, así como equipos completos, con la urgencia de haciendo sinergia para lograr altos niveles de desempeño.
El concepto de “dirigir con coaching” también se ha utilizado para marcar la diferencia con una dirección autocrática y conducirla hacia un desarrollo más participativo.
Cuando una empresa o persona decide emprender un proceso de coaching, es fundamental comprobar la solvencia profesional de la persona que lo realiza, con información sobre su preparación, certificación y experiencia.
Una diferenciación importante es que está lejos de ser un asesor que dará consejos sobre algún aspecto. En cualquier caso, se convertirá en un facilitador para identificar soluciones desapercibidas y ayudar a alcanzar los objetivos marcados.
El punto de partida para que el coaching funcione es estar convencido de que quieres recorrer ese camino. Aunque cualquiera puede participar, no todo el mundo quiere y esto dificultaría la aceptación de las rutas encontradas.
En este sentido, el apoyo institucional de la empresa es fundamental, así como el de los directivos, en caso de ser necesario. De nada sirve cambiar a las bases, si la parte superior de la pirámide subestima la metodología y la nueva forma de trabajar.
Hay tres elementos iniciales básicos: 1) saber lo que quieres conseguir; 2) determinar cómo sabremos que se obtuvo (medición del resultado), y 3) elegir un buen entrenador.
El entrenador es un despertador para nuevas perspectivas. Esto afecta positivamente la vida de las personas, el desarrollo de los ejecutivos y la rentabilidad de las empresas.
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