
El 3 de octubre, las filtraciones de Guacamaya revelaron que el ejército mexicano buscaba establecer una aerolínea comercialcomo parte de un grupo empresarial dirigido por militares que incluiría además el Aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Maya, los aeropuertos de Chetumal y Palenque, el futuro aeropuerto de Tulum y una empresa de servicios turísticos.
En ese mismo mes, Morena presentó una propuesta de reformas a las Leyes de Aeronáutica Civil y de Aeropuertospara permitir que la compañía del ejército opere simultáneamente aeropuertos y una aerolínea.
Un paso adicional ocurrió el viernes, cuando se llegó a un acuerdo para que el gobierno federal adquirir por casi 817 millones de pesos los bienes de Mexicana de Aviación, que ahora tienen en sus manos los trabajadores y que incluyen marca de la aerolínea.
Todo parece indicar que se trata de un proyecto en marcha.
El “nuevo mexicano” arrancaría 10 avionesel cual sería arrendado y el avión presidencial, un Boeing 787, también estaría incluido en su flota.
En varias ocasiones, el presidente López Obrador ha señalado que esta empresa operada por el ejército estaría interesada en ofrecer servicios en rutas no servidas por aerolíneas comerciales actualmente o donde tienen pocos vuelos.
El propósito es que el “nuevo mexicano” inicie operaciones antes de que finalice este año.
No se especificó en los documentos, pero evidentemente el propósito es que La sede principal de esta aerolínea es el Aeropuerto Felipe Ángeles.
Si este proyecto se hace efectivo, lo más probable es que le cueste a los contribuyentes mexicanos y sea un fracaso económico.
Si bien el tráfico aéreo local se ha recuperado a niveles ya superiores a los que existían antes de la pandemia, la mayor recuperación proviene del tráfico internacional.
La pérdida de la categoría 1 de seguridad aérea del país ha impedido que empresas mexicanas aprovechen el tráfico adicional entre México y EE.UU.que las aerolíneas extranjeras han aprovechado.
Pensar que una aerolínea estatal podría ser rentable concentrándose en rutas que actualmente no sirven las aerolíneas comerciales es una fantasía.
Si no se atienden es porque no son lo suficientemente rentables.
En la motivación de AMLO también se aprecia su decepción por el poco movimiento que tiene AIFA que en el mes de noviembre interrumpió su tendencia alcista y registró una caída del 4,5 por ciento en las operaciones realizadas en comparación con el mes de octubre.
La obstinación presidencial en hacer que AIFA funcione, así como su interés en seguir dándole cada vez más espacio a las Fuerzas Armadas, lo están llevando a tomar decisiones que pueden ser muy costosas para el país, como darle la operación de una aerolínea.
otro fantasma Lo que quiere ahuyentar el presidente López Obrador es el destino de los avión presidencial que no logró vender.
Este tipo de equipos, un Boeing 787, es rentable para vuelos largos, no para vuelos cortos, y no se ha dicho cuánto costaría la reconfiguración completa del barco para convertirlo en un avión comercial.
La participación del Estado mexicano en el negocio aéreo ha una historia de fracasos. Hay que recordar que el Gobierno ya ha operado tanto a Mexicana como a Aeroméxico en más de una ocasión, con muy malos resultados.
Considero que el intento de hacerlo nuevamente tendrá un alto costo económico y contribuirá a la desvirtuación de las funciones de las Fuerzas Armadas del país.
Decisiones como la anunciada el pasado viernes nos van a salir muy caras a todos.
Si a eso le sumas la propuesta de que aerolíneas extranjeras hagan cabotaje en el país, el panorama para la industria mexicana es verdaderamente complicado y un pronóstico reservado.
Interjet y Aeromar ya quebraron. ¿Qué será lo siguiente?
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