
José Ramón Ardavín, Director Ejecutivo de la Comisión de Estudio del Sector Privado para el Desarrollo Sostenible, CESPEDES.
La nueva Ley de Economía Circular de la Ciudad de México fue aprobada por el Congreso local el pasado 14 de febrero. Lo más relevante de este hecho es que es la primera ley de su tipo en el país, ya que propone cambios en nuestros hábitos de consumo, ayudará las empresas y sus cadenas de valor transforman sus procesos para hacerlos más sostenibles y generará Reconocimiento a aquellas empresas que cumplan con los criterios de circularidad a través de un distintivo que podrán utilizar en su publicidad y en sus informes corporativos.
La economía circular es un concepto de desempeño que va más allá de las regulaciones o límites de restricción de contaminantes; es decir, está más enfocada a la operación de las empresas. De ahí la relevancia, ya que es muy difícil regular estos temas en cualquier país, ya que no se puede obligar a una empresa a ser eficiente.
De hecho, al tratarse de un tema muy amplio y transversal, existe poca legislación similar en el mundo. Lo que sí existen son estándares de huella hídrica o huella de carbono, que miden las políticas ambientales de una organización y qué tan bien se cumplen.
La Ley aprobada en la Ciudad de México es también una invitación para que las empresas no solo cumplan con los límites reglamentados en la materia, sino que busquen elevar sus niveles de eficiencia en el uso de los recursos y encuentren la mejor forma de reincorporar productos, residuos y residuos a sus propios procesos.
Es un incentivo para ir más allá, en beneficio del medio ambiente, de la sociedad en general y de la propia economía.
Además, evita la sobrerregulación –teniendo en cuenta que ya existen innumerables leyes ambientales como la energía, el agua o los residuos– y presenta una visión de promoción.
Esta Ley es el resultado de un proceso abierto en el que los legisladores facilitaron el diálogo plural e incluyente en más de 20 reuniones técnicas durante un año y medio, mostrando apertura en su discusión junto a empresarios y expertos, y siendo receptivos en el enfoque de promoción.
Dirigentes y miembros de las Comisiones Unidas de Desarrollo Económico y Preservación del Medio Ambiente, Cambio Climático y Protección Ecológica del Congreso de la CDMX, independientemente del partido político al que pertenecieran, consensuaron imprimir elementos como la concientización, educación y capacitación, así como la inclusión de incentivos fiscales.
Pero la riqueza de la Ley de Economía Circular también se debe al trabajo de Política y Legislación Ambiental AC (POLEA), organismo que cuenta con el apoyo de la Embajada Británica y que ayudó a mejorar la redacción y los conceptos de manera importante. y eso le dio una muy buena estructura.
Por su parte, la Comisión de Estudio del Sector Privado para el Desarrollo Sustentable (CESPEDES) coordinó numerosas instituciones y la Secretaría del Medio Ambiente (SEDEMA) de la Ciudad de México participó intensamente.
Precisamente por ser una ley pionera en nuestro país y aprobada por el Congreso de la capital del país, es probable que nos permita ver avances en el trámite de una ley federal que se encuentra en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión para su aprobación desde noviembre de 2021. De lograrse, su adecuada implementación generaría un gran impacto a nivel nacional. Este avance permitiría, realmente, incentivar el tema en todo el país. Un dato clave porque en la Ciudad de México no se produce todo lo que se consume en la capital; la mayoría proviene de otras entidades o países. Por ello, la Ley de Economía Circular de la Ciudad de México es el primer paso para concretar una inminente y necesaria política nacional de desarrollo sustentable con trascendencia e impacto global.
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