jue. May 7th, 2026

El Producto Interno Bruto por habitante será menor en 2,9 por ciento durante 2024 respecto al registrado en 2018 según las estimaciones más recientes del FMI. Un sexenio tirado a la basura en materia económica, además de destrucción institucional, polarización política, explosión de la criminalidad y una impresionante corrupción tan cínica como desvergonzada.

Un borracho que resultó ser un pésimo cantinero, Andrés Manuel López Obrador no se cansó de criticar durante años el bajo crecimiento económico de México, que promedió entre 1982 y 2018 un promedio ciertamente mediocre de 2.2 por ciento anual, con un crecimiento del PIB per cápita de apenas 0.6 por ciento en promedio por año en ese período. La culpa de estos bajísimos registros, fulminaba sin cesar AMLO, la tenía el detestado neoliberalismo. En lo que va de sus primeros cuatro años de gobierno ha tenido un crecimiento promedio anual de -0,1 por ciento del PBI y -1,0 por ciento por habitante.

La contracción comenzó en 2019, y el crecimiento acumulado de 2021 y 2022 es menor que el desplome de 2020. Le echarás la culpa a la pandemia, pero el brutal golpe económico que se dio sobre todo en el segundo trimestre de 2020 no puede explicar todo lo que pasó en un sexenio. periodo de -años. En 2024 AMLO entregará a quien lo suceda un México más pobre que el que recibió, primera vez que esto sucede desde Miguel de la Madrid -con la enorme diferencia de que heredó un país en colapso económico y con un endeudamiento brutal-. . Mientras De la Madrid dedicó su gobierno a sacar el buey del barranco, AMLO se ha dedicado incansablemente a hundirlo en él.

Un trabajo de destrucción sistemática que comenzó incluso antes de asumir con la cancelación del aeropuerto de Texcoco. Demostró que no le tiembla la mano para acabar con un proyecto ya adelantado, perdiendo miles de millones de dólares en inversión y eliminando la posibilidad de colocar a la Ciudad de México como centro aire internacional. Todo eso lo cambió por una Aeronave Central de la que nadie quiere volar por su pésima conectividad y que entre lo más destacado que tiene son los baños. Texcoco y AIFA son precisamente ese México que AMLO rechazó y el que ahora existe por su ineptitud y soberbia.

Porque nada ahuyenta más la inversión que la arbitrariedad, el desprecio por los contratos y las leyes, los abrazos de grupos criminales que se han dedicado a extorsionar sin freno a negocios de todo tipo, llegando muchas veces a su cierre. El inquilino del Palacio no puede obligar a nadie a volar de su elefante blanco, ni puede ordenar a un solo empresario que arriesgue su dinero invirtiendo en abrir o ampliar un negocio. Podrá decretar que se construya una refinería, pero no que la gasolina brote por arte de magia en apenas tres años (los originalmente prometidos).

Sin inversión presente no hay crecimiento futuro, y por tanto ni más empleos ni mejores salarios. Los desincentivos a la inversión privada, incluido el crimen, y los errores garrafales de la inversión pública explican en gran medida esta contracción del PIB. Desde Texcoco en 2018 hasta Iberdrola en los últimos años, concluyendo en 2023 con aquella compra que permitió a la empresa española desinvertir para llevar mejor ese dinero a Brasil, ha sido una guerra sin piedad contra los empresarios que el Presidente cataloga como sus enemigos.

El indicador macroeconómico más relevante para medir el desempeño de un país en el largo plazo es el crecimiento. El récord negativo de seis años reflejará claramente el fracaso de AMLO.

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