vie. Jun 26th, 2026

Por la Dra. Joaquina Niembro. Profesor-Investigador, Facultad de Ingeniería de la Universidad Panamericana.

Dicen que las comparaciones son odiosas, yo agrego que hasta pueden amargarte la existencia. Sin embargo, ofrecen perspectiva y dan claridad para evaluar entre elementos. Pensemos en comparar el rendimiento académico entre los niños de la escuela Fulanita y la escuela Menganis, provenientes de diferentes estratos socioeconómicos. Es odioso, amargo y evidente que las diferencias de desempeño y desarrollo potencial en los estudiantes serán muy marcadas. Simplista y sin analizar causas y efectos, lo anterior sirve para señalar que esa diferencia es un desfase.

Los gaps son las distancias que permiten encontrar las áreas de oportunidad entre elementos que persiguen objetivos comunes, es decir, son comparaciones. Pocas comparaciones son tan odiosas y amargas como las de género. Para INMUJERES, la brecha de género muestra la diferencia entre mujeres y hombres en un determinado indicador. En este sentido, el Work Economic Forum (WEF) publicó recientemente la 17ª edición del Global Gender Gap Index, que compara la paridad en 146 países. El citado informe muestra indicadores sumamente interesantes:

  • Se consideran cuatro dimensiones clave: oportunidad económica y participación, logro educativo, salud y supervivencia, y empoderamiento político.
  • A nivel global (considerando las cuatro dimensiones clave) la paridad de género es del 68,4%, es decir, aún hay un 31,6% de avance en las dimensiones clave para eliminar las diferencias entre hombres y mujeres.
  • La brecha en participación económica y oportunidades es de 60.1%
  • Respecto al género en salud y supervivencia es del 96%
  • En logros educativos es del 95,2%
  • La brecha en el empoderamiento político en 22.1%

El tema de la brecha de género es tan relevante que el WEF, una organización privada e internacional, lo estudia para saber cómo influir en el mundo en este sentido. Los indicadores anteriores reflejan los usos, costumbres y políticas que vivimos en materia de igualdad y equidad en los 146 países del estudio. Es claro que la preocupación por la brecha es responsabilidad de muchos otros organismos e iniciativas a nivel mundial como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y su sello de igualdad de género, entre otros.

¿Cómo está la brecha en México? Para el INEGI 2020, en los niveles de instrucción y educación, los porcentajes son mayores para las mujeres; En salud, menos de la mitad de las mujeres no están afiliadas al sistema de salud y solo 4 de cada 10 funcionarios públicos son mujeres. Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) con datos de 2017, la tasa de participación económica por sexo en México es de 42,9% para las mujeres y 77,6 para los hombres. Hay mucho que estudiar al respecto para describir el cuadro real de la situación, sin embargo, no todo es cuantitativo.

Luego de conversar con Odile Cortés, experta en la materia y Directora de Operaciones de IntegraRSE sobre cómo reducir la amarga brecha de género, me gustaría compartir algunas ideas:

  • La brecha impide el desarrollo económico, ya que el dinero no generado y ganado por las mujeres es dinero no invertido y gastado, es una gran pérdida en el hogar y en el desarrollo de la comunidad.
  • La desigualdad en las condiciones de crianza frena la carrera profesional de las mujeres. Es notoria la desigualdad que da la percepción de riesgo asociada a la maternidad.
  • La transparencia en salarios y vacantes limitaría las negociaciones sobre supuestos, la brecha disminuiría al tener una escala única y conocida.
  • Los costos ocultos del cuidado familiar existen, deben ser mejor comprendidos y externalizados, no sólo o necesariamente pensando en términos de impacto en las finanzas sino en términos de apreciarlos en su justa medida con todas sus implicaciones. El apoyo familiar, entendido como la procuración y cuidado de la familia genera riqueza, quien recibe apoyo desde el hogar puede más fácilmente ser empleado de forma remunerada. Además, no olvidemos, el valioso pluriempleo en tres turnos de algunos familiares que, tras jornadas normales remuneradas, siguen trabajando para la familia en casa.
  • La brecha de género en términos de derechos universales es muy pequeña. No así, la del acceso a esos derechos. Hay un largo camino por recorrer para alcanzar la igualdad.

Comparaciones odiosas y amargas, odioso y amargo el resultado cuando encontramos brechas de género. Las abuelas dicen que no quieres sopa, bueno, dos platos. Aunque tema odioso y amargo, nada mejor para superarlo que seguir estudiándolo, poniéndolo sobre la mesa y reconociendo que todos podemos pagar para reducir la brecha comenzando por nuestras actitudes personales y escalando en nuestra esfera de influencia profesional.

Gorjeo: @JoaquinaNiembro

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