sáb. Abr 11th, 2026

La política dejó de ser un elemento racional hace mucho tiempo para convertirse en una reacción curiosa, absolutamente fugaz y variable según las distintas tendencias del momento. La revolución tecnológica y de libertad que hemos vivido desde principios del siglo XXI ha instalado nuevos paradigmas que, no hay que olvidar, se instalan momentáneamente en el consumo de productos tecnológicos de alta gama. Se trata de paradigmas cuyas realidades de implantación y ejercicio del poder son trasladables a cualquier manifestación humana, aunque, especialmente, a la política.

El nuevo reto tanto para productores como para consumidores no es solo contar con la mejor tecnología. Se trata de ser los primeros en calar e inundar el mercado. Se trata de abrazarlo todo y estar en la mente de todos. Si tiene éxito, su tecnología, independientemente de lo que pueda ofrecer la competencia, puede verse como la ganadora. En esta sociedad que cambia y se reinventa cada día, se puede decir que, aunque a la gente le gusta lo bueno, también es cierto que le gusta más lo que los demás consideran nuevo o lo mejor. Y así sucede en las distintas áreas de nuestra vida, no solo en el área de la tecnología.

Cada vez creo más en lo que me dice uno de mis mejores amigos, que es que sólo hay una cosa más difícil que ser ignorante e incapaz de la vida pública: ser capaz de fingir ignorancia e incapacidad para cumplir un programa que, a estas alturas , puedes ver los resultados, pero si te fijas, es más una carrera para ver quién es el primero en lograr los objetivos deseados. En otras palabras, tomando como ejemplo el inicio de la reciente carrera hacia la victoria sobre la candidatura presidencial de Morena, en México ya no importa lo que se busca lograr ni cómo generar un cambio a favor de la sociedad. En nuestro país, como ocurre con la tecnología, es más importante ser el primero en llegar a la cima que el método con el que se llega o lo que viene después de conseguirlo.

El presidente López Obrador ha entendido que los resultados -independientemente de las campañas de propaganda- no necesariamente tienen que estar sonriéndole todo el tiempo, sino que basta con tener esos resultados y estadísticas necesarias para cumplir con sus planes y con su política. Por eso, luego de haber celebrado con mesura el triunfo obtenido en el Estado de México, se ha lanzado a tomar posesión del terreno para que no sea posible que no exista otra alternativa u oferta política que lo pueda desafiar en el cumplimiento de la producto terminado.

La cena realizada el pasado lunes 5 de junio en la librería Porrúa, encabezada por el presidente López Obrador, no solo fue para celebrar el triunfo obtenido por Delfina Gómez, sino que se hizo principalmente para establecer las reglas del juego y la hoja de ruta entre los candidatos a la candidatura presidencial de 2024. Bajo el argumento de que no inclinaría la balanza ni favorecería a nadie en particular, ese día inició una nueva etapa en la vida política de nuestro país con el único objetivo de seguir cumpliendo con los objetivos de la revolución –más que la transformación– que ha significado la ‘4T’ en México. Todo esto se acordó bajo el entendimiento común de que había que hacer todo lo posible para evitar que hubiera una oposición que pudiera incluso aspirar a enfrentar el movimiento que comenzó el 1 de julio de 2018 y que parece no tener fin en un futuro próximo. .

El presidente López Obrador sabe y es consciente de la división existente en el país. Y no sólo es consciente de ello, sino de que la polarización ha sido uno de los elementos fundamentales de su gobierno. Pero también sabe que en este momento necesita implementar una especie de guerra relámpago -como si fuera una recreación de lo que hicieron las divisiones Panzer del ejército alemán para romper la Línea Maginot y las líneas de defensa francesas- para asegurar que la oposición no tiene la menor posibilidad ni esperanza de ganar en 2024.

La campaña de Morena es toda la campaña presidencial de 2024. Pero esto no comenzará cuando se designe al próximo defensor de la cuarta transformación el 6 de septiembre, sino que la campaña electoral en realidad comenzó el 1 de julio de 2018. Hasta ahora no ha habido un solo día, ni una sola mañana, ni una sola acción. eso no va de acuerdo con el programa que López Obrador ha buscado imponer al país desde que más de 30 millones de personas lo eligieron presidente de México. Pero no solo eso, sino que lo único que ha hecho desde que se enfundó por primera vez la banda presidencial es suprimir cualquier deseo aspiracional en cualquiera que busque plantarle cara.

Instalados en el eje de nuestra irracionalidad y sin entender los alcances reales de la cuarta transformación, su metodología o el verdadero equipo del presidente López Obrador, los mexicanos nos hemos dedicado a asombrarnos constantemente durante los últimos cinco años. Estando a las puertas del sexto y último año del mandato presidencial, hay muchos elementos para analizar, el problema es que el tiempo es limitado.

En este contexto no hay lugar para más sorpresas y así se construye el poder. Se quiere el carro completo del PRI, pero sin concesiones. Una cosa es ganar la Presidencia por defecto de la otra parte –como está ocurriendo ahora– y otra ganar el carro entero. La única novedad es que ahora, como forma de evitar la separación y división interna, se cederá el coche completo.

Comienza la lucha y comienza lo que será una especie de juegos del hambre. Aparentemente todo vale, lo único que no vale a estas alturas es seguir reconociendo el fracaso extremo de la llamada oposición. Sin embargo, hay que reconocer el papel y desempeño de un actor como el partido Movimiento Ciudadano. Su actuación este año ha sido notable y notoria, aunque ha fallado en algo muy importante, que es plantearse encauzar las aguas de la reacción ciudadana para tener alguna traducción política práctica. Ahora, con un espacio de tiempo limitado y con un margen de acción muy pequeño, no queda más remedio que situar y colocar un método diferente de análisis de la realidad, si alguien quiere transformarla. Y es que, salvo que se perpetre el ansiado milagro y, visto lo visto, parece que a los mexicanos no les queda otra que dejar de preguntarse dónde estamos y aceptar que la continuación de la ‘4T’ es sencillamente inevitable.

¿Quién será el nuevo conductor de Morena? Se decidirá el 6 de septiembre. ¿Quién estará a la derecha de López Obrador actuando como una especie de Waze político? También se sabrá en esa fecha. Pero, más allá de poner cara al elegido o la elegida y eliminar cualquier ilusión de la oposición, lo más importante es asegurar la continuidad del programa. Será muy curioso ver cómo, a partir de aquí, todo girará en torno al candidato que salga elegido para defender la ‘4T’ y que será el encargado de continuar con lo que ha hecho el Presidente, suponiendo que haya margen para que tenga un papel o alguna propuesta para hacer más allá de lo que dicta Andrés Manuel López Obrador. Hoy México no tiene otra propuesta que la presentada por Morena y su líder, o al menos esa es la intención y esa es la creencia que impera o se busca imponer en nuestro país. Sin embargo, la vida nos enseña cada día que siempre debemos estar preparados y que siempre hay lugar para las sorpresas, siendo el factor sorpresa tan o más importante que lo que controlemos o planifiquemos.

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