
Las personas que saben de lo que hablan nos advierten sobre el desastre educativo que se avecina, así como la eminente tragedia que ha vivido y vivirá el país en materia de salud y lucha contra las enfermedades. Ni la eliminación de las matemáticas o del español, ni la necia y persistente negación del colapso sanitario del que hablan los doctores Raúl Rojas en el universal y Francisco Moreno en Reforma parecen tener correcciones a la vista: son realidades permanentes que el gobierno ha descuidado, incluso auspiciado por omisión o por comisión.
Salud y educación, temas que son fundamentales, de los que deberíamos estar hablando hoy, al calor de una sucesión presidencial irresponsablemente adelantada y frente a un Congreso de la Unión sometido al peor de los silencios y a las más abyectas negaciones.
Anestesiados, los políticos miran hacia abajo o hacia lo que imaginan que es (su) futuro, y el resto de los mortales, lo que llamamos sociedad civil, poco hemos hecho para enfrentar tales situaciones y exigir una acción pronta, inmediata a los dirigentes políticos del Estado frente a tanta tontería.
Los saldos de defunciones que no debieron ser, de los que hace unos años habló el doctor Mario Luis Fuentes (Las muertes que no deberían ser. Natalidad y mortalidad en México, México, FCE, 2018), se ha convertido en una avalancha que asedia y avergüenza o desconcierta a muchos. La relegación de la educación básica formal para someterla a un grotesco experimento de “revolución cultural” revive, se nos impone como un futuro inmediato e imparable y sus exóticos textos y materiales de estudio son considerados seguridad nacional y encerrados en cápsulas de acero.
De estos y otros siniestros experimentos han hablado expertos y conocedores, así como ex servidores públicos. Académicos alarmados como Gilberto Guevara Niebla o Eduardo Backhoff nos han advertido sobre esta inminente caída del saber nacional y la condena de millones de niños y jóvenes a vivir y reproducir la ignorancia y la falta de cultura, y varios cientos de mexicanos se preparan para firmar un manifiesto que condena la irresponsabilidad oficial y llama a defender lo que tenemos en materia de educación y salud, entendiendo que su conservación es condición para su perfeccionamiento y perfeccionamiento.
La realización de experimentos con niños y el mantenimiento del ignominioso sistema de consultas posfechadas y desabastecimiento de medicamentos es delictivo y debe ser objeto de una pronta y rigurosa litigación. Apelar a la jurisprudencia es típico de cualquier estado de derecho, pero asumir que el litigio es suficiente es inapropiado para cualquier sistema democrático que se precie de patrocinar la deliberación y reconocerla como la esencia insustituible de la democracia.
Del litigio a la política, debe ser el compromiso inexcusable de los mexicanos para la próxima renovación de los poderes del Estado. El respeto por las ideas y el saber hacer buena política deben llenar el camino mexicano hacia su próxima prueba política. Revisar lo hecho y descubrir fórmulas eficaces y justas para abordar nuestros problemas, no sólo los no resueltos, sino también los que irresponsablemente se ocultan del debate público o se someten a la esclavitud de la gritería ignorante y del abuso de poder.
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