vie. Jun 5th, 2026

Ha sido largo el camino de los mexicanos en la construcción de la democracia que anhelamos desde el movimiento revolucionario de 1910 y que quedó plasmada en nuestra Constitución de 1917. En el tercer artículo nos imponíamos que no solo queríamos una democracia que fuera un sistema de gobierno, sino también de vida.

Por eso, siempre nos hemos adelantado a la visión formal o shumpeteriana de la concepción de la democracia para colocarnos a la vanguardia de construir una democracia de manera armónica que vaya más allá de las elecciones, que nuestra democracia esté en permanente ascenso en el nivel de vida y de los derechos de todos los mexicanos.

La crisis del modelo de desarrollo estabilizador y una mayor demanda de participación de la sociedad, en particular de la clase media, trajo consigo una pérdida de legitimidad del régimen priísta y se vio en la necesidad de generar una apertura política para “oxigenar” el sistema político.

Con la primera reforma política de 1977 se abrió un gran horizonte en el sistema político para incluir a todos y hacer del sistema electoral uno más representativo de las minorías, y posteriormente, la arquitectura de un organismo autónomo para la organización de elecciones confiable para todos los actores políticos. (IFE, ahora INE), generando la liberalización política como método para abrir un espacio permanente de reformas hasta culminar con la alternancia política del año 2000 en la Presidencia de la República.

El multipartidismo, imperante en el Congreso desde 1997, y los llamados “gobiernos divididos”, donde el presidente y su partido político no tenían mayoría en el Congreso, obligaron a la negociación política permanente, pero esta forma de hacer política nunca puso en riesgo la estabilidad o la gobernabilidad del país.

Sin embargo, los cambios ocurridos en las alternancias políticas, entre otros, generaron distorsiones en el sistema político, lo que sumado a la última crisis financiera y económica de 2008 y acciones de corrupción e impunidad de la clase política y la cartelización de los partidos políticos, como así como la inseguridad y violencia generada por las bandas criminales creará las condiciones para que un populista del sistema llegue al poder con el voto popular.

Como dice Yascha Mounk, “el surgimiento de “hombres fuertes” antiliberales a menudo puede ser el preludio de un gobierno autocrático: una vez que se silencian los medios y se abolen las instituciones independientes, es fácil para los gobernantes antiliberales pasar del populismo a la dictadura. (El pueblo contra la democracia, Paidós, Colombia 2018).

Las medidas tomadas en política pública en los últimos cuatro años sólo han mostrado la ineficiencia del gobierno, no se ha combatido la impunidad, no ha terminado la violencia y la inseguridad, no ha disminuido la pobreza y la desigualdad, ni ha crecido la economía, al contrario. , entre los más urgentes, y lo que se ve a diario sobre todo, es una verdadera amenaza a la democracia que los mexicanos nos habíamos dado y propuesto hasta hoy, sino que hemos entrado en un camino no solo de confrontación política sino de verdadera preocupación. por el futuro de la democracia que, todo hay que decirlo, no hace mucho nos planteábamos elevar su calidad y en cambio, hoy es salvarla.

La búsqueda de una reforma política (el llamado plan B) por parte del Presidente busca controlar el proceso electoral por medios autoritarios, bajo el pretexto del ahorro monetario, cuando no hay dinero que pueda comprar la libertad, el presidente quiere mantener el poder y ahora quieren enmascarar esa búsqueda socavando a los órganos autónomos en materia electoral y sumar un factor más a las otras amenazas que hemos observado en cuatro años: violaciones a la Constitución y a la ley, ataques directos a los órganos autónomos del Estado , inhabilitaciones permanentes de la oposición política, “consultas” a mano alzada ante ridículas minorías en mítines controlados por el gobierno federal, ataques a los medios de comunicación y otros poderes estatales, etc.

Sí, nuestra democracia está en riesgo y es nuestra obligación defenderla, ya no hay duda ni esperanza de que el actual gobierno la rectifique, entonces es mejor que la defendamos con las armas de la democracia y desarrollemos la estrategia para eso . No es momento de ingenios ni de pérdida de tiempo, la ausencia de una verdadera oposición partidista y el cúmulo de acciones contra la ley y sobre todo, la ausencia de resultados del actual gobierno obliga a advertir sobre un camino de cómo se puede ser aún peor de lo que éramos antes y una decidida participación de la sociedad.

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